El lazo surge a través de ABS Capital, una de las cuatro firmas bajo el escrutinio de los fiscales federales y la Comisión de Valores. Federico Hermida, destacado ejecutivo de ABS Capital, es mencionado en las operaciones ahora bajo investigación. Documentos corporativos citados indican que diez sociedades que creó Hermida recibieron este año un total de US$ 500 millones en préstamos de EquiTrust, una aseguradora asociada con el conglomerado de Walter. Entre las empresas en cuestión se encuentran Harborcrest, Alder Ridge y Cedarpoint.
La indagación busca esclarecer si Walter utilizó una red de empresas intermedias para desviar préstamos de las aseguradoras que controla hacia otros negocios relacionados, sin informar adecuadamente esos vínculos a los reguladores. Las aseguradoras Delaware Life y Clear Spring, bajo su propiedad, otorgaron préstamos a empresas conectadas con diferentes firmas que ahora son objeto de análisis.
El punto crítico, según la publicación norteamericana, es la relación entre estas compañías. Las aseguradoras pueden otorgar ciertos préstamos a empresas vinculadas a su propietario, siempre y cuando sean declarados y se cumplan los límites regulatorios. Un examen interno reveló alrededor de US$ 20.000 millones en operaciones con empresas afiliadas que no fueron comunicadas a los reguladores del estado de Delaware.
La pesquisa se originó a raíz de una denuncia interna sobre potenciales irregularidades contables en una transacción financiera relacionada con Medio Oriente. Desde ese momento, los investigadores rastrearon pagos específicos que los llevaron hasta ABS Capital, Amistad Financial, Bradford Allen y Hudson Trading.
El medio reconstruyó cómo estas firmas aparecen como intermediarias entre las aseguradoras y otros negocios conectados con Walter, quien ocupa el puesto 166° en la lista de los hombres más ricos del mundo, según Bloomberg.
El vínculo de Mark Walter con empresarios argentinos tiene antecedentes. En 2017, se reportó que la SEC estaba investigando las relaciones entre Guggenheim Partners y Diego Ball, cuyas entidades habían llevado a cabo operaciones por aproximadamente US$ 998 millones con Guggenheim. Ball también tenía lazos con Walter a través de un antiguo asociado de Guggenheim, y su hermano Juan había trabajado en la firma durante años. Ninguno de los nombres implicados enfrentó acusaciones de irregularidades. Juan Ball es señalado como el propietario de la mansión en Buenos Aires adquirida por Peter Thiel, fundador de Palantir.
Entre las transacciones mencionadas se encontraba un préstamo de US$ 100 millones aprobado en diciembre de 2015 para una entidad controlada indirectamente por Diego Ball. Este crédito estaba asegurado por participaciones en 17 sociedades, muchas de las cuales fueron establecidas poco antes de solicitar la financiación. La sección de cumplimiento normativo de Guggenheim revisó la operación y determinó que no generaba beneficios económicos directos o indirectos para ninguna persona asociada a la firma.
Además, se menciona a Juan Ball en relación con ABS Capital. Según el mismo reporte de Bloomberg, la firma tenía lazos con él y con Pablo Stalman, además de haber colaborado con Walter en la adquisición de una propiedad de US$ 85 millones en Malibú, que pertenecía al productor David Geffen.
Así, ABS Capital representa el vínculo central entre ambos episodios. En 2017 se identificó en el contexto de los lazos entre Walter y los Ball; casi diez años después, vuelve a ser el foco de una investigación federal sobre la estructura financiera del magnate estadounidense.
No obstante, esto no implica que los hermanos Ball estén actualmente bajo investigación ni que Hermida enfrente cargos. Se informa también que, por el momento, Walter y sus empresas no enfrentan cargos penales ni sanciones civiles derivadas de esta pesquisa. El grupo de Walter sostiene que actuó con buena fe y niega cualquier intento de ocultar sus responsabilidades regulatorias.
A pesar de ello, el escándalo ya ha generado consecuencias: Walter ha acordado la venta de la propiedad de los Lakers, la franquicia de Los Ángeles de la NBA, por US$ 12.500 millones, y sus aseguradoras están en proceso de vender parte de las inversiones relacionadas con su propio grupo para evitar posibles rebajas en sus calificaciones crediticias.







