La experiencia se llevó a cabo en la Estancia Alice, situada a aproximadamente 40 kilómetros de El Calafate, en la ruta hacia el Parque Nacional Los Glaciares, al pie del cerro Frías. En más de 300 hectáreas, y en colaboración con la empresa estatal provincial Santa Cruz Puede, se cultivaron avena y trigo, marcando un paso significativo en la agricultura de la región.
Para AgroCalafate, los resultados de esta primera cosecha a gran escala significan mucho más que la cantidad recolectada: demuestran que es viable y competitivo producir granos en el extremo sur del país. “Siempre se dijo que era poco probable producir el grano y se logró, aun cuando hay mucho para mejorar, la campaña que viene promete ser mucho mejor”, destacó Ciurlanti.
Las actividades comenzaron a fines de septiembre de 2025 con la preparación del terreno: se realizaron múltiples pasadas de rastra desencontrada, rastra niveladora y rastra de dientes para crear una cama de siembra adecuada. La agricultura en la Patagonia demanda una adaptación cuidadosa a las condiciones climáticas locales. La preparación del suelo se realiza en otoño; después del invierno, se recarga con agua del deshielo y la siembra se lleva a cabo en primavera para cosechar a partir de mediados de enero. En todo este proceso, se utilizó seguimiento agronómico, fertilización foliar y monitoreo fenológico.
La cosecha se llevó a cabo entre fines de enero y mayo; la avena y algunos lotes de trigo fueron los primeros en estar listos. Ciurlanti explicó que algunos campos enfrentaron precipitaciones muy por encima de lo habitual en marzo y abril, complicando las actividades de cosecha, especialmente para el trigo. Sin embargo, AgroCalafate completó el proceso y obtuvo información técnica valiosa para el futuro. Los rendimientos sorprendieron, reflejando la influencia de los procesos edafoclimáticos de la región.
“En determinados sectores del establecimiento se registraron resultados muy alentadores, especialmente en aquellos lotes con experiencia agrícola previa, donde se alcanzaron rindes cercanos a 3500 kg/ha en avena y 3000 kg/ha en trigo en lotes específicos. Estos resultados confirman el importante potencial productivo de la región bajo condiciones adecuadas de manejo y planificación”, detalló Ciurlanti.
Sin embargo, la campaña también brindó lecciones importantes. Gran parte de la superficie trabajada consistió en tierras sin conocimientos agrícolas previos, donde es necesario desarrollar la estructura del suelo y ajustar variables agronómicas, lo que resultó en un rendimiento inferior. “La campaña permitió validar la viabilidad productiva de este sistema y generar información técnica clave para mejorar en futuras etapas”, afirmó Ciurlanti, según se refleja en las observaciones agronómicas y datos técnicos obtenidos durante el desarrollo de la campaña.
La producción se destinará a una planta de alimento balanceado instalada en Río Gallegos por la empresa estatal Santa Cruz Puede, como parte de un círculo virtuoso entre el sector público y privado. Para Ciurlanti, la integración de agricultura y ganadería es esencial. “La producción neta permitirá avanzar en el suministro de materia prima para la elaboración de alimentos balanceados en la provincia, promoviendo el valor agregado, generando empleo y fortaleciendo las cadenas productivas locales”, comentó.
Los residuos de la cosecha también tienen utilidad, aportando fibra efectiva para la alimentación animal, que beneficia tanto las dietas balanceadas como el mantenimiento de rodeos en períodos climáticamente difíciles. Además, incluir la agricultura en lotes previamente destinados a la ganadería extensiva es un avance hacia esquemas de rotación más técnicos que integren pasturas perennes.
De cara a la próxima campaña, el objetivo es continuar trabajando en superficies ya acondicionadas, mejorando la sincronización de las siembras, la selección de ambientes y las variedades de cultivos. El “efecto contagio” ya es evidente, con más productores de la zona acercándose a AgroCalafate para asesorarse y, en algunos casos, iniciar nuevos cultivos. La imagen que ilustra Ciurlanti es clara: vehículos de turismo rumbo al glaciar cruzándose con tractores y cosechadoras en los caminos de ripio de la Estancia Alice, una realidad inimaginable en Santa Cruz hasta hace poco. “Esta cosechadora se queda acá”, resumió uno de los participantes del proyecto, una frase que resume el cambio que se está viviendo en esta porción sur de la Patagonia.







