Para reflexionar sobre este tema, consulté a Elizabeth Brunner (1920 – 1983). De acuerdo a Thomas Wilson, Brunner, quien comenzó su carrera en el ámbito literario, se destacó por su capacidad para comunicarse de forma clara y atractiva. Su trayectoria académica incluye una destacada labor en la universidad de Lancaster, donde sus alumnos la recordaron por su combinación de eficiencia, humor y paciencia. Desde 1944, colaboró con Philip Walter Sawford Andrews, hasta el fallecimiento de este en 1971. Su estilo abordaba la investigación desde un enfoque sistemático, complementando la creatividad de Andrews con una rigurosidad contundente.
“Usted participó en el grupo de investigaciones de economistas de Oxford”, apunté.
“En ese grupo, que incluía a Robert Lowe Hall y Charles Johnston Hitch, conversábamos con empresarios para comprender el proceso decisional de las firmas. Nuestras ideas surgen de allí, y luego proseguimos bajo la dirección de Roy Forbes Harrod. El impacto educativo fue indirecto”, respondió.
“La metodología de intercambiar ideas con los protagonistas parece efectiva”, comenté.
“Sin duda. Los empresarios están hechos para tomar decisiones, no siempre para explicarlas. Esto exige del economista la habilidad de escuchar con paciencia, evitando el menosprecio. A menudo se considera que un economista puede elaborar un análisis más claro que el empresario, pero si se le entregara la gestión, probablemente no duraría mucho”, aclaró Brunner.
“¿Recomendaría este enfoque a sus alumnos?”, indagué.
“Por supuesto. Es fundamental conectar el aula con la realidad. Debemos integrar la teoría con la práctica a través de visitas a fábricas, campos y entidades. La experiencia de un estudiante que trabaja en la planta de una empresa es invaluable”, sostuvo.
“Ustedes dos también fundaron una revista enfocada en el sector manufacturero”, mencioné.
“Efectivamente. En 1952, lanzamos el Journal of Industrial Economics, donde Andrews ocupó el rol de editor y yo fui asistente. Después de su muerte, asumí como editora general hasta mi retiro, poco antes de fallecer”, informó.
“En el contexto actual del mandato de Javier Gerardo Milei, hay un notable crecimiento en la producción real, pero al mismo tiempo una caída en el número de empresas. ¿Cómo es posible?”, pregunté.
“El dato se refiere a empresas registradas, lo que sugiere que algunas podrían estar pasando a la informalidad, aunque lo típico sería que se estén cerrando”, explicó.
“¿Qué lo causa, en su opinión?”, insistí.
“Además de factores microeconómicos –por ejemplo, lo que sucederá con DePabloConsult tras su fallecimiento–, en el Argentina de 2026, y probablemente en muchos otros países, es esencial distinguir entre el sector agropecuario, industrial, de la construcción y el comercial. No tengo la desagregación sectorial sobre las empresas que cerraron, pero no me sorprendería que muchas pertenezcan al sector comercio”, respondió.
“¿Por qué es crucial esa diferenciación sectorial?”, pregunté.
“Si disminuyen los tambos, pero no la producción de leche, eso indica un proceso de concentración. A menos que se imponga por normativa pública, el comportamiento de los oferentes ante los cambios varía. Esto permite explicar cómo aumenta la producción a la par que se reducen las empresas. Así puede ser en la mayoría de los sectores”, aclaró Brunner.
“¿Y qué hay respecto a los comercios?”, dije.
“Lo que sucede es que la manera de comprar y vender está metamorfoseándose. Esta transformación llegó para quedarse. Aunque puedan surgir nuevas formas de conexión entre oferentes y demandantes, creer que volverá a la normalidad anterior es poco realista. Cada comerciante enfrenta enormes desafíos con resultados diversos”, explicó.
“¿Cuáles son las implicancias de todo esto en el ámbito laboral?”, planteé.
“En el primer trimestre de 2026, la tasa de desempleo se mantuvo en 7,8%, similar a la de 2024. Esto sorprendió a quienes tienen una visión distorsionada, ya que algunos reportan que los empresarios solamente cierran y despiden. Si bien los periodistas tienden a enfocarse en el destino de los trabajadores, el hecho es que la estabilidad en la tasa de desocupación ocurrió a pesar del crecimiento de la oferta laboral, absorbida por una mayor demanda de trabajos”, explicó.
“¿Por qué no comparar el primer trimestre de 2026 con el cuarto trimestre de 2024?”, pregunté.
“Por la estacionalidad de las estadísticas laborales. Sin embargo, aclaro que en el último trimestre de 2024, la tasa se ubicó en 5,7%.”, respondió.
“Entre los trimestres de 2025 y 2026 se reportó un incremento en el trabajo informal. ¿Qué opina sobre esto?”, indagué.
“Aquí vale dos observaciones. Primero, el trabajo informal es trabajo. Y segundo, la reciente ley de modernización laboral busca recortar costos y riesgos asociados a la contratación formal. Su implementación temprana es fundamental”, afirmó.
“¿En resumen?”, finalicé.
“Para captar lo que sucede en Argentina, es necesario un análisis integral que contemple el número de empresas, la producción, el empleo y el desempleo”, concluyó.
“Muchas gracias, doña Elizabeth”, cerré.







