Este análisis no proviene de los habituales informes que detallan la estancada situación de las ventas en supermercados y otros puntos de venta, sino que se trata de una proyección a largo plazo. Según estimaciones de la consultora Social Mood, liderada por Fernando Moiguer, junto a modelos elaborados en colaboración con firmas especializadas, el mercado de consumo masivo no volvería a los niveles vistos en 2023 hasta el año 2030. Moiguer basó su análisis en proyecciones de Ecolatina y en datos de las empresas Scentia y Nielsen. Este estudio fue encargado por una de las mayores compañías de consumo masivo del país.
“Al nivel de consumo que llegamos en noviembre de 2023, un consumo anabólico, falopero, pero consumo al fin, recién vamos a llegar en 2030”, aseguró Fernando Moiguer en una conversación con la revista digital Seúl. El estudio propone un contexto en el que la economía argentina crecería un promedio del 3,4% anual hasta finales de la década, mientras que el aumento en el consumo masivo sería considerablemente más lento, en torno al 2%.
Esta discrepancia evidencia un cambio estructural en la forma en que los hogares distribuyen sus ingresos. Otras fuentes consultadas por el Cronista, que prefirieron permanecer en el anonimato, corroboraron estas observaciones, resaltando varios aspectos del estudio.
El cambio en el ‘share of wallet’, es decir, cómo se redistribuyen los gastos del consumidor, es crucial en este contexto. A pesar de la reciente recuperación de los salarios en términos reales, las consultoras consideran que el poder adquisitivo aún está por debajo de los niveles de 2023. “Los ingresos disponibles sufrieron mucho y recién ahora están comenzando a recuperarse”, apuntan.
Para que el consumo vuelva a crecer de manera sostenida, la consolidación de la desaceleración inflacionaria es vista como un requisito fundamental. “Será clave que continúe la baja de la inflación y que el tipo de cambio mantenga cierta estabilidad. Cuando la inflación se estabiliza y los ingresos empiezan a recuperarse, el consumo reacciona”, añaden.
Las proyecciones para el presente año indican cautela. Aunque el PIB podría crecer alrededor del 4%, se prevé que el consumo masivo podría experimentar una disminución del 1% o un aumento ínfimo del 2%. “La tendencia es la misma que la del producto, pero la velocidad es distinta. Este año el consumo masivo probablemente viaje a la mitad de la velocidad del PIB”, concluyen.
Con respecto a un posible éxodo de empresas, los especialistas descartan tal posibilidad. A pesar de un mercado más reducido, Argentina sigue siendo un mercado crucial en América Latina para las multinacionales del consumo masivo. Según su análisis, el nuevo contexto brinda un aspecto que había estado ausente por años: previsibilidad. “Hay empresas que en 2023 tuvieron resultados extraordinarios, pero operaban en un entorno completamente disfuncional. Conseguir importaciones, acceder a insumos o gestionar autorizaciones era parte del negocio cotidiano”, describen. “Valía más lograr que te atienda un funcionario que el control de costos”, agrega una fuente consultada.
A día de hoy, aunque el consumo ha decrecido, los retos que enfrentan las empresas son más semejantes a los de cualquier otro mercado: competir, ganar eficiencia, reducir costos y ofrecer precios más competitivos. “El mercado es más chico, pero el nivel de certidumbre es mucho más alto. Y eso no es un dato menor para quienes toman decisiones de inversión desde las casas matrices”, aclaran.
La mayoría de los analistas sostiene que las compañías no están considerando abandonar el país. Más bien, piensan que aún hay espacio para nuevas inversiones una vez se afiance la estabilidad macroeconómica.
Es importante subrayar que la recuperación del consumo masivo no será inmediata. Las proyecciones indican que se mantendrá creciendo por debajo del ritmo de la economía en los próximos años. De confirmarse este panorama, no sería hasta el año 2030 que se volverían a alcanzar los niveles de consumo de 2023.
Aunque la economía argentina podría expandirse, el crédito podría reactivarse y los salarios podrían recomponerse gradualmente, para las empresas que dependen de lo sucedido en las góndolas, el largo invierno aún parece continuar.







