En su misa en el santuario de Liniers, García Cuerva destacó la perseverancia del pueblo esperando en la fe, incluso frente a múltiples adversidades, y aludió a las súplicas de “pan, paz y trabajo” que elevan los fieles.
El arzobispo denunció que “la solución concreta a los problemas económicos y sociales está en manos de una clase dirigente que a menudo parece desentenderse y dedicar su esfuerzo a la polémica y a debates sin sentido”.
En este contexto, subrayó el sufrimiento comunitario a raíz del incremento en tarifas, alquileres y alimentos, y lamentó el silencio que rodea la precariedad laboral y la pobreza. “Nos quedamos mudos cuando no reclamamos pacíficamente que el sueldo no alcanza, mientras los hermanos revuelven la basura para comer”, expresó.
Dirigiéndose a los líderes políticos, García Cuerva instó a no resignarse ante la desigualdad: “El bienestar económico jamás llegará al ciudadano común sin empatía y compromiso hacia los más necesitados”. Pidió a San Cayetano que inspire al pueblo a “luchar por una Patria donde todos sean considerados”.
El arzobispo, citando la exhortación apostólica Dilexit te de León XIV, manifestó que “la mejor ayuda para una persona en la pobreza es promover su acceso a un buen empleo”, advirtiendo sobre los peligros de los créditos que llevan al endeudamiento y la naturalización de la precariedad: “No podemos aceptar que el trabajo se convierta en una mercancía ni que sea necesario tener dos o más empleos para llegar a fin de mes”.
La liturgia resaltó el compromiso de confianza entre San Cayetano y su comunidad: “Nos perteneces y eres nuestro. Ayúdanos a no dar la espalda al dolor de quienes sufren”. García Cuerva insistió en que la solución no radica solo en lamentar la pobreza, sino en “ofrecer lo poco que poseemos”, promoviendo actos de solidaridad que se puedan multiplicar y que inviten a todos a la “mesa grande de la Argentina”.
Asimismo, instó a seguir el pensamiento de León XIV y la Doctrina Social de la Iglesia, mencionando que “la libertad económica debe tener límites y evaluarse siempre en función del bien común y la dignidad de cada persona”, en un claro mensaje al gobierno.
Resaltó que “Jesús sabe que siete panes y unos pocos pescados son insuficientes para una multitud, pero confía en la solidaridad y en el compartir”, destacando ejemplos de parroquias y organizaciones que alimentan a quienes se encuentran en la calle.
García Cuerva lanzó una reflexión: “En tiempos de sufrimiento, soledad y dificultades, ¿qué podemos hacer? Lamentarnos no ayuda, pero podemos ofrecer lo poco que tenemos. Todos poseemos ‘siete panes y algunos pescados’. Si estamos dispuestos a ponerlos en las manos del Señor, serían suficientes para aumentar el amor, la paz, la justicia y la alegría”.
“Dios puede multiplicar nuestros pequeños gestos solidarios. Que la celebración de San Cayetano nos impulse a compartir lo que somos y tenemos, para que todos se sientan invitados a la mesa grande de la Argentina”, añadió.
Inspirado por León XIV, el arzobispo abogó por una “multiplicación de la justicia social”, como un verdadero seguimiento de Jesús y fidelidad a su Evangelio. “Por la intercesión de nuestro santo patrono, que se multiplique el diálogo, la búsqueda de consensos, las oportunidades laborales para los jóvenes y el bien común”, exhortó.
En la homilía, García Cuerva también mencionó la confirmación de la venida del papa León XIV a Argentina en noviembre, indicándole como una ocasión propicia para reforzar el mensaje sobre trabajo y dignidad humana.
Recordó, citando al Sumo Pontífice, que “trabajando nos convertimos en más humanos, florece nuestra humanidad, y los jóvenes se transforman en adultos”. En este sentido, concluyó: “El centro de toda dinámica laboral debe ser la persona, la familia y su bienestar, no el capital ni las leyes del mercado”.
Finalmente, remarcó que “esta centralidad, afirmada por la Doctrina Social de la Iglesia, debe considerarse en toda planificación empresarial para que se reconozca la dignidad de los trabajadores y se les brinde respuestas a sus necesidades”.







