Javier y Karina Milei habían decidido respaldar todo el paquete legislativo, aunque no lograron mantener esa postura, y los serios disturbios en el exterior complicaron aún más el panorama. En el Gobierno, la autocrítica por la derrota en la legislativa de anoche fue escasa, sumándose a la caída previa del capítulo de Tierras dentro de la denominada “ley de propiedad privada”.
La mayoría de las críticas se dirigieron hacia Federico Sturzenegger, al cuestionar su impulsividad al presentar una ley demasiado amplia. Desde la Secretaría de Desregulación, desestimaron las críticas. “Seguimos trabajando con las desregulaciones como siempre”, afirmaron sus colaboradores. Sin embargo, dentro del propio oficialismo no se ignoró la inquietud que circulaba de manera extraoficial, especialmente desde el entorno de Karina Milei, quien expresó sus reservas sobre Sturzenegger.
La situación reflejó una vez más la tradicional disidencia entre Javier Milei y su hermana, donde él lo apoya incondicionalmente, mientras que ella lo critica por actuar de manera independiente. En el Gobierno, además, se minimizaron las cifras sobre la cantidad de participantes en la marcha, asegurando que habían sido exageradas, a la vez que se intentaba desviar la atención hacia los incidentes, atribuyéndolos a “los violentos”, aunque ignoraron la existencia de columnas de manifestantes autoconvocados que fueron impedidos de llegar al Congreso.
El saldo de la jornada fue de 12 detenidos y varios heridos, con una participación multitudinaria que no fue oficializada en cuanto a cifras.
A medida que avanzaba la tarde, el oficialismo mantenía una confianza que no se materializó, ya que incluso miembros del círculo de Patricia Bullrich, cuestionada por su excesiva seguridad antes del desplome del capítulo 3, aseguraban que la ley se aprobaría sin modificaciones. Sin embargo, la situación cambió durante la madrugada, lo que llevó a recriminaciones hacia la titular de LLA en el Senado.
Asimismo, se desestimó el “triunfo” de Bullrich por el rechazo a la votación a distancia de la senadora kirchnerista Anabel Fernández Sagasti, quien pretendía participar de forma electrónica, alegando un embarazo de alto riesgo. La autorización dada por Victoria Villarruel había sido un motivo de descontento en el oficialismo, pues se tradujo en un voto más para la oposición y complicó el quórum. A pesar de la relevancia inicial del tema, desde el Gobierno optaron por minimizar su impacto, indicando que “perdió peso” tras el fracaso en la Ley de Tierras.
Mientras tanto, Javier Milei se encontraba fuera del país y casi completamente alejado de lo que sucedía. Solo por la tarde, desde Quito, envió una serie de retuits en apoyo a Sturzenegger y Bullrich. Sin embargo, la atmósfera en el Gobierno era tensa.
En Casa Rosada, aunque se cuestionaba a ambos, se reconocía una crítica únicamente sobre el área de comunicación: “Dejamos que el kirchnerismo instale que íbamos a vender la soberanía y quedó eso. En realidad, se defiende más. Se establece un control doble entre Nación y provincia. La base china nunca se habría permitido bajo esta ley”, expresó un funcionario, que lamentó especialmente la respuesta de varios artistas.
Ahora, desde el oficialismo, se anunció que se evitarán nuevos proyectos de desregulación, aunque Sturzenegger se muestra decidido a continuar con su agenda.







