En su papel de representación de la Armada durante el trágico suceso, el contraalmirante compareció durante tres horas ante el Tribunal Oral Federal de Santa Cruz, ubicado en Río Gallegos. En esta nueva audiencia, se busca esclarecer las responsabilidades penales relacionadas con el hundimiento del submarino, involucrando a varias figuras, entre ellas el contralmirante (RE) Luis Enrique López Mazzeo, el destituido capitán de navío Claudio Javier Villamide, el capitán de navío (RE) Héctor Aníbal Alonso y el capitán de fragata (RE) Hugo Miguel Correa.
Las audiencias se prolongarán con los alegatos hasta el 8 de julio. Balbi, quien testificó en forma presencial, describió cómo recibía y gestionaba la información dentro de la Armada para elaborar los comunicados diarios. Hizo una autocrítica sobre la manera en que se comunicó la crisis y comentó que tardó varios días en conocer el mensaje en el que la tripulación notificó un incendio en el balcón de baterías.
Entre sus declaraciones, el exvocero ofreció un sentido homenaje a los 44 submarinistas fallecidos, expresando su dolor por la tragedia: ‘Elevo mi pensamiento en patrulla eterna y respeto profesional y personal de los 44 tripulantes y sus familias’.
En respuesta a una pregunta de la defensa, Balbi recordó que los primeros días tras la pérdida de contacto fueron marcados por la falta de información clara y la necesidad de reunir los hechos a partir de comunicaciones informales y llamadas telefónicas entre diversas bases navales. Recordó que, en 26 días continuos, llegó a ofrecer hasta cuatro conferencias de prensa por día, las cuales incluían extensos diálogos con los periodistas.
Además, describió el funcionamiento de la mesa de comunicación institucional, que reunía a distintos funcionarios y especialistas para procesar la información disponible. Reconoció que hubo retrasos en el acceso a datos críticos, como el incidente de entrada de agua por el sistema de ventilación, del que se enteró varios días después. Balbi subrayó la importancia de que el vocero esté presente desde el inicio con las máximas autoridades para recibir información de primera mano.
‘Con el diario del lunes, yo le estoy diciendo mi lección aprendida desde el punto de vista de comunicación institucional: yo tendría que haber viajado ese viernes, con el ministro y el almirante (Marcelo) Srur como jefe de la Armada, interiorizarme, entender el contexto, la situación, e ir armando lo que después se requería, que eran los partes’, concluyó.
El último mensaje desde el submarino se registró la mañana del 15 de noviembre, horas antes de la implosión, y decía: ‘Ingreso de agua de mar por sistema de ventilación al tanque de baterías número tres. Ocasionó cortocircuito y principio de incendio en el balcón de barras de baterías. Baterías de proa fuera de servicio. Al momento en inmersión propulsando con circuito dividido. Sin novedades de personal. Mantendré informado’.’Me acuerdo que lo llamé al capitán (Claudio) Villamide. ¿Qué pasó? ¿Qué es esto? ¿Cómo no sabía de esto? Y bueno, no sabíamos, no teníamos esa información’, recordó, explicando que se trataba de un despacho clasificado como secreto.
Finalmente, el exvocero presentó una hipótesis técnica basada en su experiencia, sugiriendo que el siniestro podría haber sido resultado de un evento súbito que incapacitaría a la tripulación para reaccionar. ‘Tiene que haber sido algo súbito, inmediato que los dejó sin reacción, porque si hubiese habido entrada de agua, no hubiese explotado’, manifestó su opinión personal, aunque aclaró que, hasta el momento, no hay registros concluyentes sobre los hechos antes de la implosión.
Al ser consultado por el abogado querellante Luis Tagliapietra, padre de uno de los submarinistas, sobre si los capitanes (Jorge Ignacio) Bergallo o (Pedro Martín) Fernández habrían tomado decisiones que pusieran en peligro a la tripulación, Balbi respondió: ‘A los submarinistas nos gusta navegar bajo el mar, pero no somos temerarios y menos suicidas. No hubiese podido ir a navegar a inmersión el capitán Fernández si no lo consideraba seguro; estoy segurísimo de eso, era muy profesional, meticuloso; ni hablar Jorge Bergallo, que fue mi jefe de operaciones. Habiendo visto toda la información que estuvo a mi alcance, yo hubiese hecho exactamente lo mismo que hizo el capitán Fernández’.







