Frente a un pizarrón donde se puede leer “Defendamos la UBA”, un docente toma el micrófono y comienza su clase al aire libre, donde un numeroso grupo de estudiantes lo escucha atentamente. Sin embargo, el aula carece de paredes y luz eléctrica, iluminada únicamente por la luz solar, y el pizarrón no está anclado a una pared, sino que se encuentra frente a la emblemática Pirámide de Mayo y la Casa Rosada. No se trata de una única clase, sino de muchas que se suceden a lo largo del día, desde las ocho de la mañana hasta las nueve de la noche.
La decana Rodríguez se unió a otras autoridades de la UBA para liderar estas clases abiertas. En una charla, destacó la importancia de estas jornadas para mostrar “cuánto le brindamos a la sociedad”. Según señaló, la situación actual que enfrenta el gobierno libertario ha impactado negativamente en todos los niveles. En lo salarial, mencionó que “hemos tenido una cantidad de docentes jóvenes, aproximadamente el 10 por ciento del plantel, que se han ido a trabajar a la actividad privada o a países vecinos ganando tres o cuatro veces más”, subrayó la situación en la Facultad de Agronomía.
Respecto a la cuestión presupuestaria, la situación se vuelve más crítica. “La mayoría de los edificios tienen más de 100 años, es muy costoso mantenerlos porque si algo se rompe, la falta de recursos hace que no se pueda reparar de inmediato, generando aún más daños”, explicó Rodríguez. Recordó que apenas este año lograron recuperar un pabellón que fue destruido durante una tormenta en diciembre de 2023, “a 10 días de haber asumido este gobierno”.
Detrás del aula improvisada, una fila se extiende desde la avenida Hipólito Yrigoyen hasta Rivadavia, que se mantuvo constante durante toda la jornada. Entre las 8 y las 24 horas, miles de personas acudieron a los consultorios móviles de la Facultad de Odontología para recibir tratamientos de endodoncia, reparación de caries, prótesis y extracciones. La atención fue brindada por docentes, en su mayoría auxiliares que, según el decano Pablo Alejandro Rodríguez, “tenemos en nuestra facultad 1700 auxiliares que reciben un promedio de 300 mil pesos, lo que representa un 43 por ciento menos que el salario histórico”.
El odontólogo también destacó que “las patologías que se nos presentan son numerosas, ya que la realidad bucal del país es bastante mala”. Uno de los factores que mencionó fue la crisis económica, que ha llevado a muchas personas a postergar el cuidado dental hasta que se produce una urgencia, lo que resulta en condiciones bucales deficientes.
Durante un breve descanso entre las clases, el sonido de un motor de auto de carreras atrajo la atención de los presentes. Al lado, un grupo de estudiantes de la Facultad de Ingeniería, parte del equipo FIUBA Racing, realiza los últimos ajustes antes de la exhibición. Esta iniciativa comenzó en 2022 por un alumno y fue sumando integrantes con el tiempo; en julio de este año, compitieron en la Formula SAE en Brasil, una competencia internacional de ingeniería universitaria con más de dos décadas de historia, donde lograron el puesto 25 entre 42 equipos, todos los demás brasileños. “Entre los resultados de los equipos que debutaron a partir de 2018, somos el mejor”, afirmó Iván Peronace, estudiante de tercer año de Ingeniería Mecánica, quien destacó que su equipo logró financiarse en un 85 por ciento gracias a patrocinadores privados, pero subrayó la importancia del apoyo brindado por la facultad. “Nos ayudaron con la vestimenta del piloto, la inscripción a la competencia, el viaje y también nos dieron un espacio para tener el taller”, añadió Peronace.
Por otra parte, la carpa de la carrera de Nutrición atrajo también a muchos interesados, ofreciendo asesoramiento alimenticio a quienes se acercaban, adaptándose a sus recursos y limitaciones de tiempo. “Lo que más predominó fue la gente que no tiene acceso a alimentos debido a la falta de trabajo o salarios muy bajos. Intentamos buscar opciones económicas, o aprovechar alguna ayuda o asistencia con alimentos, y maximizar su valor nutritivo y saludable”, comentó la estudiante de cuarto año, Sol Acuña, quien se mostró emocionada al ver reflejado “ese orgullo UBA de que, todo lo que recibimos público y gratuito, retribuirlo también a la gente”.







