La señal más reciente llegó el domingo, horas después del balotaje brasileño. Mientras Milei —que había respaldado abiertamente a Flávio Bolsonaro durante la campaña y compartido publicaciones que cuestionaban el proceso electoral— mantenía silencio, la cuenta oficial del PRO en X fue una de las primeras voces de la dirigencia argentina en reconocer la victoria de Lula.
“El resultado de las elecciones presidenciales de Brasil abre una nueva oportunidad para afianzar un vínculo que es histórico y permanente. Nuestra relación estratégica es un pilar fundamental que se fortalece con cada nueva etapa democrática”, publicó el partido. El mensaje terminó con una felicitación directa al mandatario reelecto y una expresión de voluntad de “diálogo y cooperación” en la relación bilateral.
Por su parte, Mauricio Macri se pronunció el lunes: “Quiero saludar al pueblo brasileño y felicitar a Lula da Silva en su cuarto triunfo electoral. Que su nuevo mandato traiga prosperidad y crecimiento para su país y también la región”. En otro comunicado, preparado por la Secretaría de Relaciones Internacionales del partido, a cargo de Fulvio Pompeo, se advirtió que “los resultados electorales importan: cambian prioridades, alianzas y rumbos”.
“Para Argentina consideramos que es estratégico el vinculo con Brasil. Tenemos muchos temas de interés común y de largo plazo. También compartimos desafíos”, señaló Pompeo. La diferencia con Milei y el Gobierno nacional quedó expuesta en varios aspectos. El Presidente todavía no reconoce la victoria de Lula y colaboró para que Flávio Bolsonaro viajara a Estados Unidos, desde donde se autoproclamó “verdadero presidente electo de Brasil” y agradeció a Donald Trump y al mandatario argentino.
El PRO extendió además su análisis al panorama regional y mencionó los procesos electorales en Israel, Estados Unidos y España: “Hace falta una diplomacia inteligente, capaz de construir relaciones estratégicas incluso con quienes piensan distinto”.
Bullrich se expresó en la misma línea. “La gente decide en las urnas y su voluntad se respeta. Ese es el principio fundamental de toda democracia”, escribió la senadora y excandidata presidencial de Juntos por el Cambio. La exministra de Seguridad reconoció las profundas diferencias políticas con el nuevo gobierno brasileño, pero las ubicó en un marco pragmático: dos países con una historia compartida, intereses estratégicos y grandes posibilidades de cooperación. Su declaración coincidió punto por punto con los comunicados del PRO y contrastó con el silencio y los antecedentes del Presidente.
Bullrich también dedicó un párrafo a Bolsonaro, el candidato derrotado que había recibido el apoyo explícito de Milei, y planteó una advertencia sobre la calidad democrática: “Es importante que la democracia no sea binaria: el que gana gobierna y el que pierde va a la cárcel. La utilización de una Justicia no imparcial como instrumento para eliminar a la oposición es una herramienta de poder que nunca puede ser el camino de una democracia”.
La semana anterior, el partido ya se había distanciado de Milei después de que el Presidente descalificara a su par español, Pedro Sánchez, y a una periodista durante su visita a Madrid. También había cuestionado sus agravios contra la prensa en la cena de la Fundación Faro, donde afirmó que los periodistas que cubrieron la causa $LIBRA “se tienen que quemar en la hoguera” y los calificó de “hijos de puta”, “ensobrados” y “mercenarios de la mentira”.
La conducción nacional del partido preparó un borrador con una crítica más contundente a Milei. Al final, resolvió difundir un texto más moderado: “La libertad de prensa, el respeto por quienes piensan distinto y la responsabilidad de quienes ejercen funciones públicas son valores que se cuidan todos los días, no solo durante una elección”.
Las críticas más severas quedaron en manos de dirigentes que, en su mayoría, buscan tomar mayor distancia del oficialismo. María Eugenia Vidal, titular de la Fundación Pensar, advirtió que el Presidente “cruza un límite” y que “la libertad no se defiende desde una hoguera, sino con respeto y coherencia”. Silvia Lospennato sostuvo que “normalizar la violencia verbal es jugar con fuego”. También manifestaron reparos Martín Goerling, jefe del bloque del PRO en el Senado, y el precandidato presidencial Hernán Lacunza.
Un mes antes, el 23 de septiembre, el partido había hecho otra advertencia, esta vez sobre la política de discapacidad. El PRO cuestionó al Gobierno por incluir en el proyecto de Presupuesto 2027 cambios que, según consideró, “debilitan herramientas fundamentales para garantizar prestaciones y pensiones”. “En el manejo de la política de discapacidad, el Gobierno se equivocó”, afirmó el comunicado, que concluyó con una frase que resume la postura del partido ante su alianza con La Libertad Avanza: “Acompañar y blindar el cambio también implica marcar límites. Este, para el PRO, es uno de ellos.”
El diputado nacional Fernando de Andreis, uno de los colaboradores más cercanos a Macri, ofreció el marco doctrinario de estos movimientos. En una extensa publicación en X, explicó que las intervenciones públicas del PRO responden a una decisión deliberada de abrir debates de largo plazo que la “urgencia de la coyuntura” suele desplazar de la agenda. “Brasil, por su historia y su peso estratégico, es un socio clave: cuidar ese vínculo requiere diálogo, cooperación y una mirada práctica sobre los desafíos comunes”, escribió.
En ese contexto, el partido podría abrir otro espacio de diferenciación: el estado de la infraestructura y la paralización de la obra pública. Al mismo tiempo, debe resolver cómo organizar los acuerdos electorales de cara a 2027, en la mesa que coordina desde la Casa Rosada el jefe de Gabinete, Diego Santilli.
La distancia entre la retórica pública y doctrinaria y la práctica parlamentaria —las dos velocidades que caracterizan el vínculo del PRO con La Libertad Avanza— quedó expuesta en la negociación del proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional. El oficialismo lo había anunciado por cadena nacional y pretendía obtener un dictamen con urgencia.
Tras semanas de conversaciones y postergaciones por falta de acuerdos, La Libertad Avanza aceptó cambios sustanciales para reunir las 60 firmas que consiguió el dictamen de mayoría en el plenario de las comisiones de Defensa Nacional, Legislación Penal y Relaciones Exteriores y Culto, realizado este martes. El PRO, que reclamó modificaciones, y la Unión Cívica Radical fueron determinantes para alcanzar esa cifra.
Las diferencias son de práctica y de tono. Por un lado, dirigentes como Vidal, Lacunza y Lospennato priorizan preservar una identidad republicana e institucional que los distinga del estilo y los excesos de La Libertad Avanza ante las elecciones legislativas de 2027. Por otro, el sector ejecutivo, encabezado por De Andreis y Cristian Ritondo, garantiza la gobernabilidad de Milei en Diputados.
En el PRO consideran “una buena noticia” los últimos movimientos de Bullrich, aunque los interpretan en clave electoral. “Le habla a nuestro electorado, al que votó a Milei en segunda vuelta pero hoy no está conforme con el Gobierno”, reconoció un dirigente del partido. De todos modos, aseguran que no hay vínculo entre los antiguos aliados fuera del plano institucional, en el Senado, a través de Goerling. Macri y muchos integrantes del PRO todavía no superan que la exministra negociara por su cuenta su incorporación al Gobierno de Milei y dejara atrás la identidad amarilla para sumarse a La Libertad Avanza. Es una herida que aún no cierra.







