Juan Lucarini, consultor de Moiguer Consultora de Estrategia, destacó que la información recopilada revela una disparidad entre la percepción general de la economía y la experiencia cotidiana de los consumidores. “La recuperación macro pareciera que no va a cristalizarse en una recuperación de la micro”, manifestó.
Esta discrepancia se traduce en decisiones de compra más restrictivas, donde los hogares limitan gastos cotidianos, buscan ofertas en comercios y reservan parte de su dinero para consumos que les brinden gratificación inmediata.
El estudio de Moiguer reveló que, por primera vez desde 2023, las respuestas pesimistas sobre la situación de Argentina en los próximos doce meses superaron a las optimistas, un cambio que se hizo evidente en el tercer trimestre de 2026 tras dos años de expectativa mejora.
Lucarini explicó que “la foto que vemos es distinta a la foto que veníamos midiendo en los últimos dos años”. Sin embargo, advirtió que los índices pueden presentar variaciones mes a mes.
Asimismo, el informe destaca diferencias regionales en las expectativas: mientras Neuquén reportó un 48% de respuestas positivas, Salta alcanzó un 46%, en contraste con el Área Metropolitana de Buenos Aires, que mostró una proporción más alta de respuestas negativas. Lucarini asoció estas variaciones con la dinámica productiva regional, señalando que Neuquén y Salta concentran actividades relacionadas con el petróleo y la minería, a diferencia del AMBA, que enfrenta realidades económicas distintas.
La consultora estima que el poder adquisitivo ha caído 11 puntos porcentuales en comparación con enero de 2023, y el ingreso disponible de los hogares, que se refiere al dinero disponible tras el pago de obligaciones fijas, descendió 17 puntos. Los gastos en servicios y transporte aumentaron 11 puntos en su participación dentro del salario promedio. “El ingreso se achica y los gastos fijos crecen”, resumió el informe durante la entrevista.
Lucarini también señaló que las facturas mensuales se han convertido en una fuente de incertidumbre. “Las boletas de servicios son como un unboxing”, describió al referirse a las reacciones en los grupos de discusión encuestados.
Los pagos relacionados con electricidad, gas, transporte y comunicaciones condicionan el resto del presupuesto familiar. Solo después de cubrir estas obligaciones, las familias deciden qué consumos variables pueden sostener durante el mes.
El estudio identificó que un 40% de los consumidores ha adoptado un patrón de compra compensatorio, restringiendo bienes esenciales, pero destinando recursos a productos o experiencias que les brinden satisfacción personal. Un testimonio representativo de esta conducta revela: “No compro carne, me recorro todo, compro solo lo que está barato”, y se añadió que esta persona compró ropa por internet para su hija.
El consultor comentó que muchas familias están reduciendo salidas y gastos en alimentos, pero preservando una parte de su presupuesto para adquirir ropa, artículos importados o productos de larga duración. “El presente vuelve a ser un poco de nuevo el eje”, dijo Lucarini, mencionando que algunos consumidores han dejado de postergar gastos en función de objetivos a mediano plazo, como la compra de un auto o el acceso a un crédito.
La investigación también puso de manifiesto un cambio en la comparación de precios. Para algunos hogares, ciertos productos importados son más asequibles que bienes de uso diario o el pago de servicios. “Lo dolarizado se abarata, lo cotidiano se encarece”, comentó el consultor de Moiguer, lo que reordena las prioridades en presupuestos que cuentan con márgenes más limitados.
Además, se observó que las importaciones puerta a puerta aumentaron un 640%, y que cinco de cada diez argentinos compraron en un bazar en los últimos meses. La consultora también analizó el poder de compra de un salario promedio entre 2022 y 2026, revelando que en 2022 se podían adquirir tres pares de zapatillas, mientras que ahora se pueden conseguir diez. Sin embargo, Lucarini destacó que el salario promedio permite comprar 61 kilos menos de carne al año en comparación con ese período.
El deterioro del poder adquisitivo no ha afectado a todos los grupos sociales de la misma manera. La media de la sociedad ha registrado una caída de 14 puntos porcentuales, mientras que entre los jóvenes, esta disminución alcanza los 17 puntos. En los sectores ABC1, que corresponden a hogares de mayores ingresos, las expectativas han descendido 24 puntos porcentuales, lo que Lucarini asocia con la pérdida de poder de compra y una erosión de las expectativas relacionadas con inversiones y negocios. Tal como afirmó respecto a los jóvenes, la expectativa de progreso se enfrenta a un mercado laboral cada vez más incierto, “se va pauperizando en términos cualitativos”, indicó al referirse a las condiciones de empleo.







