Este momento se produjo mientras el mandatario exponía sobre “los Diez Mandamientos” que respaldan su visión de que el capitalismo tiene fundamentos bíblicos. Al abordar el mandamiento “no robarás”, que defiende la propiedad privada, Milei disparó críticas hacia el periodismo.
“Otro mandamiento que también tiene un rol fundamental es ‘no robarás’. Sin propiedad privada no hay mercado. Si el fruto de mi trabajo puede ser confiscado por otro, ya sea un ladrón o un Estado que redistribuye por la fuerza, desaparece el incentivo a producir. La propiedad privada no es una convención humana arbitraria, es el reconocimiento de que el trabajo del hombre le pertenece, porque el creador mismo lo instruyó así. Esto le vendría bien a los periodistas…”, expresó el jefe de Estado, generando aplausos entre algunos jóvenes presentes.
Aprovechando la ocasión, alentó a los estudiantes a intensificar su rechazo hacia los periodistas: “Si quieren hacerlo más fuerte se los voy a festejar”.
Después de esta provocación, Milei continuó con su presentación, pasando al siguiente mandamiento, “no darás falso testimonio”. Minutos antes, ya había marcado su postura sobre sus opositores, afirmando: “Nuestros adversarios políticos, estoy siendo generoso porque la realidad es que cuando uno ve lo que hacen, llamarlos adversarios es darle una estatura moral que no les va”. En un tono de arenga, agregó: “Por más sucios que sean, eso no justifica que nosotros tengamos que jugar sucios. […] Al populismo no se le gana con más populismo, al populismo se le gana haciendo las cosas bien”.
Milei también mencionó que “en los últimos meses hemos tenido cierta presión para modificar el rumbo y ser más laxos” y rechazó ceder ante las demandas para que el Estado intervenga en la situación de los morosos.
El presidente destacó que “justicia y eficiencia son dos caras de la misma moneda” y explicó que implementar medidas justas, entrelazadas con valores judeocristianos, lleva a maximizar tanto el crecimiento como el bienestar. Aseguró que “cuando las políticas están alineadas con estos valores, con lo material y lo espiritual, prosperan”.
Este discurso se desarrolló en un colegio con una fuerte identidad comunitaria judía, frente a un auditorio conformado por estudiantes de secundaria, y se centró en la conexión entre los valores judeocristianos, el capitalismo y lo que Milei definió como una ley moral “tan rigurosa como cualquier ley económica”.







