Se espera la asistencia de unas 700 personas de manera presencial, además de miembros de la organización que se conectarán por streaming desde el exterior. Entre los oradores confirmados se encuentran el ministro de Economía, Luis Caputo, y el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, aunque la asistencia del presidente Javier Milei aún no ha sido confirmada, lo cual suele resolverse en forma cercana al evento.
Fundado en 1965, el Council of the Americas promueve la integración económica y el libre comercio en el continente, mientras que la Americas Society, que actúa como su brazo cultural y educativo, celebra su 60º aniversario. Segal lidera ambas entidades desde 2003. En una charla, repasó las expectativas para el encuentro y el contexto de inversión que vive Argentina a casi tres años de la llegada de Milei a la presidencia.
—¿Qué se espera del Council para este año en Argentina, en el tercer año del gobierno de Javier Milei?
—La 23ª conferencia tiene altas expectativas, dado que se ha consolidado como el principal evento que organizamos en América Latina. Su presencia en la agenda nacional es significativa, ya que se realiza anualmente en la misma fecha que la conferencia de la CAC, lo que otorga mucha relevancia. Cada año nos impresiona su crecimiento. La CAC ha sido un excelente aliado y el Gobierno también participa activamente. Personalmente, disfruto mucho viajar a Buenos Aires. La noche anterior, organizamos una cena privada que se repite en varios países; normalmente asisten 40 personas, pero en Buenos Aires son entre 80 y 90. Este año contaremos con la presencia del ministro de Economía y otras figuras que ofrecerán un panorama integral del país, además de que también participarán gobernadores, lo que enriquecerá la perspectiva económica, política y sobre la inserción de Argentina en el mundo.
—¿Cómo se percibe a Argentina desde el exterior?
—Soy bastante optimista, y lo expreso con sinceridad. Comencé a trabajar con Argentina en 1983, así que he sido testigo de muchos cambios. Mi optimismo radica en el deseo de los argentinos de ver una transformación. Lo que el Gobierno está implementando con su plan económico no es solo un programa de este gabinete, sino una guía para que Argentina recupere su rol de líder económico en América Latina y brinde más prosperidad a su población, que ha padecido alta inflación y falta de oportunidades en los últimos años. Creo que la estrategia del presidente Milei busca contener la inflación de manera sostenida, resolver problemas fiscales y fomentar tanto la inversión como la seguridad, lo que generará empleo. Además, veo a Argentina como un núcleo que trasciende la agricultura, la minería y la energía: ahora cuenta con la infraestructura necesaria para exportar energía. También considero que es un polo significativo de emprendimiento e innovación. Varias compañías están estableciendo oficinas en el país, como JP Morgan, que ha creado su centro de servicios aquí. Estas son oportunidades inmensas.
—Se anticipaba un mayor desembarco de inversiones, pero no se ha concretado. ¿Cree que los inversores extranjeros esperan a ver qué ocurrirá con las elecciones del próximo año para decidir su entrada al país?
—Existen proyectos muy importantes ya anunciados, especialmente en minería y el sector energético. Lo que está sucediendo en Vaca Muerta es notable, lo mismo en servicios de pagos e innovación. La inversión no surge de un día para el otro, sobre todo porque muchos proyectos son de gran envergadura. Ni siquiera habían comenzado a planificarse hasta que este gobierno asumió y se produjo un cambio radical en el panorama. La inversión está llegando, la observo claramente, aunque los grandes proyectos requieren tiempo.
—Hasta el momento, las inversiones en Vaca Muerta parecen ser impulsadas más por empresarios locales que por inversores internacionales…
—Sin embargo, hay algo fundamental: la inversión es inversión. Cuando las empresas argentinas deciden invertir, envían una señal clara al inversor internacional. El capital argentino en el exterior no es tan abundante como para cubrir todas las necesidades, pero ese capital también está retornando. Para mí, todo capital es valioso, y estoy convencida de que la inversión extranjera también regresará. Al final del día, lo que importa es que haya inversión.
—¿Cómo evalúa la relación entre Estados Unidos y Argentina? ¿Podría cambiar si las elecciones legislativas no favorecen al presidente Donald Trump?
—Históricamente, Estados Unidos y Argentina han mantenido una relación muy sólida, y con Trump se ha visto un refuerzo adicional. Su administración, especialmente a través del secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha brindado un significativo apoyo a Argentina. Pero a lo largo de los próximos dos años, el país consolidará su plan económico, independientemente de quién esté a la cabeza en Argentina o Estados Unidos, siempre que haya un compromiso con el crecimiento del sector privado y las oportunidades mutuas. Además, es crucial destacar que por primera vez varios gobiernos de América Latina comparten visiones similares. Mirando a Argentina, Chile, Ecuador, Colombia, Bolivia, Paraguay, República Dominicana y Guyana, nunca había presenciado una alineación tan palpable. No se trata de una integración política, sino económica: hay oportunidades para construir infraestructuras en conjunto, lo cual representa una gran oportunidad para América Latina y para Argentina.
—El presidente Javier Milei no goza de una gran relación con su par de Brasil. ¿Eso podría afectar la integración económica?
—Soy pragmática: el comercio es comercio, y el intercambio tiene sentido para ambos países. Ninguno de los dos puede permitirse interrumpir ese comercio. Existen instancias como el Mercosur y la agenda Mercosur-Europa. En definitiva, lo que cuenta es que los empresarios hagan negocios: los argentinos invierten en Brasil y comercian con Brasil, al igual que los brasileños en Argentina. La actitud pragmática es fundamental en el mundo actual.
—¿Existen aspectos de Argentina que le preocupen?
—En inglés dirían “no realmente”. Considero que el país está en un buen camino: la economía se muestra positiva, hay reformas estructurales en marcha y la relación con Estados Unidos es favorable, respaldada por una conexión personal entre los presidentes. Además, el clima es propicio para América Latina, especialmente tras las elecciones recientes, lo que abre nuevas oportunidades para el comercio y una mayor integración entre países. Hace seis semanas visité Chile, y nunca había presenciado un enfoque tan positivo hacia Bolivia. Sin embargo, lo más significativo fue el diálogo entre los sectores privados argentino y chileno, así como entre ambos gobiernos, sobre proyectos de integración: por ejemplo, realizar obras conjuntas en la cordillera o incrementar la infraestructura para sacar producción argentina a través de puertos chilenos. Sentí energía real tanto en el sector privado como en los gobiernos, enfocándose en la posibilidad de llevar adelante estos proyectos. Aunque requieren tiempo, son fundamentales para la inversión en ambos países. Este será un tema de amplio debate porque estamos ante un momento único para América Latina y para Argentina.
—¿Percibe un aumento del interés en Argentina desde el exterior?
—Sí, hay muchos inversores observando a Argentina como una oportunidad. Además, la mejora en la calificación otorgada por S&P ha contribuido: hay fondos en Estados Unidos que, por normativa, no pueden invertir en países con calificaciones inferiores a un determinado nivel, y este avance les permite ingresar. Esto también genera mayor confianza para las inversiones estratégicas, dado que para que una empresa internacional decida invertir, necesita justificar su decisión ante su directorio. Todo lo que se ha realizado —el seguimiento del programa económico del presidente Milei, la gestión del ministro de Economía, Luis Caputo, y el trabajo del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, así como las acciones del Banco Central la semana pasada— es crucial. Todo esto suma confianza al país y abre las puertas para que más inversores consideren su entrada.







