“Ya estamos en la Tercera Guerra Mundial; las líneas de batalla ya están trazadas. Tiene todo el sentido del mundo tener un refugio”, comentó en una entrevista, refiriéndose a los conflictos actuales que involucran a naciones como Rusia, China, Corea del Norte e Irán frente al resto del mundo.
Además de Varsavsky, otros ejecutivos están buscando sus propios “refugios”. Por ejemplo, Peter Thiel ha adquirido terrenos en áreas remotas de Nueva Zelanda y Mark Zuckerberg es propietario de un rancho en Hawái. Reid Hoffman, fundador de LinkedIn, expuso en una ocasión que cerca de la mitad de los multimillonarios de Silicon Valley poseen algún tipo de “seguro contra el apocalipsis”.
Varsavsky sostiene que “toda Argentina y la región del Cono Sur” podrían sostener “sociedades complejas” en el contexto de una guerra nuclear, dado su alejamiento de los objetivos de misiles y las nubes de radiación, así como su capacidad para producir alimentos y energía en abundancia.
Con un patrimonio estimado en 700 millones de dólares, Varsavsky adquirió Wamani en diciembre de 2023, poco tiempo después de la elección de Javier Milei, en sociedad con otros cinco empresarios argentinos y estadounidenses, entre ellos Alec Oxenford, conocido emprendedor tecnológico y embajador de Milei en Washington, y Dan Lubetzky, multimillonario fundador de la marca de barritas energéticas Kind.
Las instalaciones de Wamani están equipadas con paneles solares, y Varsavsky planea introducir ganado para aprovechar las 32.000 hectáreas de matorral en la región, que incluyen un pico de 5.000 metros y varias montañas. Este fenómeno ocurre poco después de que Thiel comprara una propiedad en Buenos Aires en abril de este año, donde residió con su familia durante un par de meses.
Thiel, cofundador de PayPal junto a Elon Musk, posee un patrimonio superior a los 30.000 millones de dólares y adquirió, en una operación récord, la vivienda más cara de Buenos Aires, valorada en aproximadamente 12 millones de dólares. Situada en Barrio Parque, la propiedad tiene cerca de 1.600 m2 cubiertos, una dimensión poco común en la Ciudad de Buenos Aires, y sigue un diseño clásico de residencias de lujo, que incluye una clara distinción entre áreas sociales, privadas y de servicio.
La planta baja de la casa cuenta con doble acceso, un amplio living, un escritorio, un comedor formal y un sector destinado a la platería y los vinos. La cocina está conectada visualmente al jardín, mientras que las áreas de recepción destacan por su amplitud y circulación.







