Estos datos provienen de un reporte elaborado por la consultora 1816, basado en cifras de la Central de Deudores, una fuente privada reconocida por su precisión al prever datos oficiales. Expertos como Damián Falcone, profesor de Gestión del Riesgo en IAE Business School, ya habían anticipado este freno, dado que la tasa de irregularidad refleja decisiones y situaciones de pago de meses anteriores y los deudores morosos tienden a permanecer en la cartera deteriorada durante prolongados períodos. Esto sugiere que no se están creando nuevos morosos, ya que los bancos han restringido sus préstamos, enfocándose en clientes con mayor capacidad de pago y menor riesgo de incumplimiento.
La tasa de mora mide la relación entre la cartera en situación irregular y el total de la cartera. Ambos componentes presentan rezagos y acumulaciones. Así, los datos de mayo reflejan, en gran medida, decisiones tomadas en febrero y evidencian la inercia del daño acumulado, en lugar de reflejar el estado actual del sistema. Además, este indicador se complica al incluir líneas de crédito dispares: los préstamos personales, tarjetas de crédito, créditos prendarios e hipotecarios muestran situaciones muy distintas.
Desglosando la tasa general del 12,8%, se observa que los préstamos personales tienen una irregularidad del 15,9%, las tarjetas de crédito un 13,1% y los créditos prendarios un 7,7%. Por su parte, los créditos hipotecarios presentan solo un 1,6%. La mora en el crédito a empresas se sitúa en el 3,5%. El empeoramiento se concentra claramente en el financiamiento destinado al consumo de los hogares con menores ingresos. De este contexto se deriva la necesidad de descomponer el indicador, considerando la cantidad de nuevos deudores, la reducción del stock deteriorado y la evolución del crédito total. Estas dinámicas son independientes y no se reflejan con exactitud en la tasa de mora tradicional.
El Banco Central (BCRA) utiliza un indicador alternativo para ofrecer una perspectiva anticipada: la Probabilidad de Default Estimada (PDE). Este índice evalúa la proporción del saldo que, estando en situación regular tres meses antes, se convierte en irregular. Debido a su diseño, la PDE anticipa la tasa de mora en un aproximado de tres meses y permite detectar los primeros señales de cambio en la entrada a la morosidad.
Los datos del BCRA indican que en abril, la PDE del sector privado total descendió por tercer mes consecutivo, ubicándose en 2,6%. En cuanto a los créditos familiares, la PDE se redujo a 4,4%, es decir, medio punto por debajo del pico alcanzado en enero.
El análisis de 1816 también revela cifras de junio: la mora total disminuyó del 7,7% al 7,6%, mientras que la mora en el ámbito familiar pasó del 12,8% al 12,7%. Este informe subraya que esta mejora no es fruto de una restauración en la cautela de los bancos, sino de un estricto filtro implementado por el sistema: cerca de seis millones de personas quedaron fuera del acceso a nuevos créditos debido a que figuran con algún préstamo impago, y más de una cuarta parte de quienes obtuvieron préstamos en los últimos años ya no son considerados sujetos de crédito. Así, las nuevas operaciones crediticias están concentradas en un grupo previamente depurado, con un perfil de riesgo más favorable que el observado en 2024 y 2025.
El Banco Central describe este proceso como un ciclo crediticio “más selectivo, saludable y sostenible”, resultado de las enseñanzas aprendidas por deudores y acreedores en un contexto donde las deudas han dejado de disminuir su valor. La entrada de nuevos morosos está disminuyendo y, por lo tanto, el stock deteriorado deja de crecer. Falcone explica: “Cuando la entrada de nuevos morosos disminuye, el stock deja de crecer”.
El efecto de depuración también se refleja en la composición del stock moroso. La tasa de mora se suaviza principalmente por un menor incremento en el saldo real en situación irregular. Aunque el saldo problemático continúa creciendo, lo hace a un ritmo menor. Además, la concentración de la mora en productos de corto plazo, como préstamos personales y tarjetas de crédito, contribuye al envejecimiento del stock deteriorado, que se transforma en categorías irrecuperables y finalmente es desestimado por las entidades, quedando excluido del cómputo de la irregularidad.
El informe de 1816 señala que el stock de préstamos al sector privado ha dejado de disminuir. En mayo, el crédito en pesos al sector privado aumentó un 0,3% en términos reales, poniendo fin a cuatro meses sucesivos de contracción. Para que la tasa de mora experimente una baja, el saldo total debe crecer a un ritmo más elevado que el saldo en mora, algo que, por el momento, no se ha consolidado por completo. La recuperación se está produciendo de manera desigual: las líneas comerciales crecieron un 1,4% real y las garantizadas por bienes reales un 1%, mientras que el crédito al consumo cayó un 1,1%. Sin embargo, ya se ha registrado un cambio de tendencia que altera las perspectivas para los próximos meses.
La evolución de la Probabilidad de Default Estimada (PDE) sobre el crédito al sector privado muestra la serie en “saldos”, donde la PDE para familias ha aumentado desde valores cercanos al 1% en 2024 hasta superar el 5% en el primer trimestre de 2026, antes de retroceder a menos del 4%. En el caso de las empresas, la PDE creció menos de un punto porcentual en ese período, evidenciando un deterioro más moderado. En la serie “en cantidad”, tanto la línea de familias como la de empresas presentan comportamientos similares, aunque las familias tienen siempre valores superiores.
Las líneas punteadas de la serie actúan como referencia para enmarcar la magnitud de la crisis reciente y el retorno gradual hacia niveles históricos. Estas referencias no contemplan el efecto de las medidas de alivio financiero implementadas durante la pandemia de COVID-19.
El sistema financiero se prepara para la etapa final del deterioro. Según datos oficiales, las provisiones —los montos que los bancos deben reservar para cubrir eventuales impagos— cubren el 86,3% de la cartera irregular y el crédito irregular neto de previsiones representa solo el 2,2% del capital regulatorio. Esto sugiere que el verdadero riesgo no radica en la solvencia bancaria, sino en la capacidad de financiamiento del consumo.
El acceso restringido al crédito formal impacta a millones de personas, quienes quedan excluidas del sistema y constituyen una limitación significativa para la demanda en los próximos trimestres. La consultora 1816 advierte que, a pesar de que la mejora en la morosidad es un indicador positivo, el diagnóstico correcto radica en reconocer que el riesgo ha cambiado de naturaleza.
Falcone enfatiza que para anticipar un posible punto de inflexión en la mora es esencial prestar atención a las dinámicas independientes de entrada, depuración y expansión del crédito. “La tasa tiene una inercia considerable y es una fotografía del daño acumulado, no un termómetro del presente”, sostiene el especialista. La combinación de una menor llegada de nuevos morosos, la depuración del stock y los primeros indicios de recuperación en la oferta crediticia configuran un panorama de transición, donde los desafíos perduran, aunque la trayectoria comienza a experimentar modificaciones.







