El carnicero nos comentó que “entramos en vacaciones de invierno y baja el consumo porque la gente sale, se distrae, lleva a los chicos a pasear y eso hace que disminuya”.
A pesar de la baja en las ventas, Laurens mencionó que “en cuanto a la carne, tampoco hubo aumentos. Es más, como hay poca venta, todos los comerciantes tratamos de acompañar la situación. Siempre hay algún mes del año, como este, en el que baja el consumo, y uno intenta poner bastantes ofertas para evitar que decaiga el negocio”.
“Hoy por hoy, lo que vas a encontrar en oferta, y en muchísimas carnicerías, es el asado. Nosotros lo tenemos a $16.000 el kilo, cuando tendría que estar valiendo $20.000”, indicó.
Laurens añadió que, si bien el asado suele venderse con un margen de ganancia mínimo, cumple la función de atraer clientes. Esta táctica permite mantener la venta de otros cortes y evita la acumulación de stock, ya que la llegada de nueva mercadería exige una rotación constante.
El comerciante enfatizó que la milanesa, particularmente la de pollo, sigue siendo uno de los productos más populares, caracterizándola como “la que está en las buenas y en las malas”.
De acuerdo con su análisis, un número creciente de personas se inclina por comprar pollo y cerdo debido a que son opciones más económicas, siendo el cerdo el que más se destaca.
A pesar de que los argentinos mantienen su preferencia por la carne, Laurens observó que las familias ajustan sus compras para hacer rendir el presupuesto y evitar terminar con lo justo a fin de mes. Esta situación, según explicó, es resultado de que los salarios se mantienen estables, lo que limita el aumento en el nivel de gasto. Además, notó que es cada vez más común que los consumidores utilicen tarjetas para financiar sus compras.
En cuanto a la lealtad, el carnicero indicó que los clientes ya no se apegan a un solo comercio, optando por explorar diferentes negocios en busca de los mejores precios. En este contexto de competencia fuerte, señaló que varias carnicerías pueden encontrarse en una misma cuadra, y que la diferenciación se da no solo a través de los precios, sino también por la calidad del servicio al cliente, lo cual resulta fundamental.
Según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra), el consumo de carne vacuna en el país se situó en 47 kilogramos por habitante, cifra considerada un piso histórico. El abastecimiento de carne vacuna sufrió una disminución del 11,5%, mientras que el consumo interno bajó un 8,2%, lo que refleja una menor disponibilidad y demanda en el mercado local.
Por el contrario, las exportaciones de carne crecieron un 10,2%, lo que demuestra un enfoque mayor de la producción hacia mercados internacionales.
Respecto a los precios, la carne vacuna registró un aumento del 53%, superando con creces el incremento del pollo, que fue del 29%.







