La expansión del cultivo de soja comenzó en Argentina durante la década de 1970 y, a finales de los años 90 y principios de 2000, la capacidad de procesamiento de oleaginosas aumentó notablemente. El polo industrial del Gran Rosario se consolidó en el marco de la desregulación de la actividad portuaria y el inicio de la concesión de la Hidrovía Paraguay-Paraná. Gracias a estas inversiones, Argentina se convirtió en el principal exportador y procesador de soja en 2011, manteniendo esta posición durante quince años, a pesar de operar solo con un 60% de su capacidad instalada, debido a la insuficiencia de oferta interna de soja y los desincentivos producidos por la alta carga impositiva desde principios de los años 2000.
“Luego de alcanzar en 2020 un techo teórico con poco más de 68 millones de toneladas potenciales de procesamiento anual de soja, la expansión se detiene e incluso llega a reducirse marginalmente”, indicó Julio Calzada, director de Informaciones y Estudios Económicos de la BCR.
Mientras tanto, Estados Unidos y Brasil han sostenido un crecimiento continuo en su industria de soja, con tasas promedio del 4% y 1,9% anual en la última década, respectivamente, de acuerdo con Emilce Terré, gerente de la misma dirección de la BCR. Esto llevó a que Argentina perdiera posiciones en 2024 y cayera al tercer lugar en 2025, siendo superada por Brasil.
“El mercado de commodities agrícolas y la industria de soja, en particular, están atravesando un cambio de paradigma en cuanto a los drivers de demanda que impulsan la expansión de la producción y la industrialización. Desde finales de los 80 hasta mediados de la década pasada, el crecimiento en el consumo de carnes, especialmente en China, fue clave en la producción de granos. En la actualidad, la demanda de biocombustibles está liderando este flujo”, explicó Bruno Ferrari, analista de Mercados de la BCR.
En los inicios de este siglo, el uso interno del poroto de soja en EE.UU. y Brasil estaba orientado principalmente a la alimentación animal y de consumo. Sin embargo, en la actualidad, EE.UU. procesa más de 70 millones de toneladas de soja, un incremento del 67% en relación a hace 25 años, mientras que Brasil supera los 60 millones, lo que representa un aumento del 190%. Actualmente, una parte significativa de la soja procesada en ambos países se destina a la producción de biocombustibles.
“El aceite de soja está ganando participación como insumo en la fabricación de biodiésel, con un peso que se ubica cerca del 30% del total a nivel mundial. Esta dinámica se explica en gran medida por Brasil y Estados Unidos, que concentran el 80% del consumo global de aceite de soja para uso industrial”, aseguró Calzada.
En el ámbito productivo, Brasil ha multiplicado por seis su cosecha de soja en los últimos 25 años, alcanzando un récord de 180 millones de toneladas en la última campaña. Estados Unidos, por su parte, ha incrementado su producción en un 60%, próxima a los 116 millones de toneladas en el ciclo actual y con proyecciones de llegar a 120 millones en el próximo ciclo, según datos de la BCR.
“El aumento en la demanda de aceites vegetales, y en particular de aceite de soja, es la principal razón detrás de la rápida expansión de la capacidad de procesamiento tanto en EE.UU. como en Brasil”, afirmaron los especialistas de la BCR. La industrialización de la soja no se limita solo a estos países, sino que es una tendencia creciente a nivel global. A principios de los 90, Brasil, Argentina y EE.UU. concentraban el 62% del procesamiento mundial de soja, mientras que hoy representan aproximadamente el 50%.
En la última década, la molienda global de soja aumentó en 95 millones de toneladas, de las cuales el 43% corresponde a Brasil y EE.UU., que junto a China concentran el 72% del total. Durante este período, Argentina ha experimentado una reducción en su nivel de procesamiento en lugar de un crecimiento.
Brasil y Estados Unidos evidencian una expansión en el suministro de poroto de soja a otros mercados, y su crecimiento ha sido acompañado de una disminución relativa en la demanda global de importación de productos derivados, debido al aumento en la industrialización del destino, según Terré.
La demanda de oleaginosas y aceites vegetales crece a medida que se establecen porcentajes obligatorios de mezcla de biocombustibles en distintos países. “Es el factor clave que está impulsando inversiones en EE.UU. y Brasil para aumentar su capacidad de procesamiento”, sostuvo Calzada.
La BCR prevé que el procesamiento de soja en EE.UU. podría alcanzar entre 77 y 83 millones de toneladas hacia 2030, mientras que Brasil podría llegar a 82 millones. En contraste, Argentina podría incrementar levemente su molienda a 46,5 millones de toneladas bajo las condiciones actuales, y podría alcanzar hasta 54 millones si se eliminaran los derechos de exportación, lo que significaría un 23% más que en la actualidad.







