Este sentido de pertenencia y la identidad que caracteriza a Córdoba no solo resuena en el alma de miles de hombres, mujeres y niños que se entregan en cada partido, sino que también en la mayoría de los jugadores del plantel de Belgrano.
Se trata de futbolistas que sienten el orgullo de representar al club que los vio crecer. Esta característica, rara en el ámbito profesional, añade un valor incomparable a su esfuerzo, brindándoles la motivación necesaria cuando enfrentan momentos decisivos en el campo de juego.
Jugadores destacados como Chino Zelarayán, Mudo Vázquez y Emi Rigoni, quienes brillaron recientemente en competencias internacionales, han regresado con la misma pasión que los impulsó en sus inicios. También hay jóvenes que provienen de las divisiones inferiores, plenos de sueños, y otros profesionales de distintos equipos que han sentido la intensidad de lo que significa ser parte de Belgrano, como es el caso del actual presidente del club, Luis Artime, quien ha asumido un rol de liderazgo significativo. La singularidad de esta experiencia es palpable.
Todo Córdoba aguarda con expectación la final del domingo ante River, un enfrentamiento que evoca recuerdos de la inolvidable victoria de 2011, cuando el equipo dirigido entonces por Ricardo Zielinski logró ascender a Primera, y los millonarios descendieron. Este domingo, en el estadio Kempes, los celestes se presentarán con un firme deseo de coronarse campeones, llevando consigo las banderas de un interior futbolístico que no se rinde ante la dominación del dinero y el poder.







