Al proclamar en sus discursos que “la motosierra no para”, transmite un aire de nostalgia. Las herramientas que lo asistieron en la fase de ruptura resultan ahora insuficientes ante el nuevo desafío del Gobierno: transitar de la estabilización al crecimiento. En esencia, se trata de discernir qué sucede tras el sufrimiento.
Milei enfrenta la inquietud que acarrea toda transformación. El aumento del índice de precios de marzo, que alcanzó un 3,4%, lo confrontó con una cifra que consideró “repugnante”, lo cual fue interpretado en la Casa Rosada como un punto de inflexión. El esperado “exterminio de la inflación” no se materializará en los plazos que contemplaba el Presidente.
El Indec también ha apuntado un deterioro salarial durante seis meses, lo que proporciona contexto a los datos de actividad económica. Si bien sectores como la energía, el agro y la minería se mantienen robustos, la industria, la construcción y el comercio continúan en declive, siendo estos últimos intensivos en mano de obra.
Bajo este escenario, el dogmatismo se presenta como un lujo. La lógica de realizar recortes a cualquier costo aumenta el riesgo político en un momento donde casi todas las encuestas muestran un descontento social creciente.
Desde el Gobierno afirman que Milei y su equipo económico se están alineando gradualmente, en lo que algunos podrían definir como “gradualismo”, aunque dicho término parece estar prohibido en el léxico libertario. “Lo que importa es el camino hacia la reducción de la inflación, no tanto la velocidad”, apunta un alto funcionario oficialista.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha actualizado su estimación de inflación anual al 30,4%, casi el doble de lo que había previsto inicialmente. El presupuesto de 2026 consideraba una inflación del 10,1%, similar a lo acumulado en el primer trimestre. Los argentinos han lidiado durante años con estos desequilibrios. Acudieron a Milei tras el descalabro de la administración de Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa, que había llevado el índice de precios por encima del 100%. La actual administración tiene la difícil tarea de evitar que la inflación siga aumentando, mientras también navega por una recesión. Esta situación no es perdonada por las mayorías que decidirán sobre la presidencia el próximo año.
Para abril, la tasa se prevé más favorable, alrededor del 2,5%. Según el FMI y muchos analistas, este será un nuevo techo desde donde se espera una baja muy gradual, siempre y cuando no haya contratiempos. El Gobierno anticipa que, en el segundo trimestre, los salarios comenzarán a recuperar lo perdido. El Banco Central continúa implementando medidas para fomentar el crédito, aunque el sistema financiero aún enfrenta la carga de la morosidad que viene acumulando.







