Durante el 16° Foro de ABECEB, el funcionario, cercano al ministro Luis Caputo, señaló que la calidad del crecimiento es baja si se la compara con las condiciones creadas por los cambios regulatorios del Gobierno. Aun así, observó que “levemente se está empezando a recuperar el crédito y la masa laboral”, una evolución que le devolvió el optimismo que tenía en febrero de este año.
Al referirse a las perspectivas de largo plazo, sostuvo que “es difícil ver en el mundo algo con más potencial que la Argentina”. Y concluyó: “La Argentina cambió para siempre”.
Como antecedente, mencionó a Chile, su país de origen, y dijo que allí no siempre hubo continuidad en las políticas de Estado entre gobiernos de distinto signo político. Identificó como un punto de inflexión el referéndum que puso fin a la dictadura de Augusto Pinochet. A su juicio, el mérito de la concertación de “centroizquierda” que gobernó luego fue mantener las políticas pro mercado que había impulsado la derecha.
La inversión ocupó un lugar central en la entrevista titulada “La visión económica del Gobierno y las perspectivas de crecimiento de Argentina”. Daza afirmó que “el 96% de lo que está en carpeta está por delante” y pidió moderar las expectativas inmediatas: “Estamos en la etapa de siembra. Hay una impaciencia muy grande”.
Para ilustrar su argumento, volvió sobre el caso chileno: “Me dicen que soy optimista, pero más bien soy realista. El decreto L 600, que fue como el RIGI de Chile, generó en la minería, que fue lo que transformó el país, u$s50.000 millones en 40 años. En Argentina están anunciados $200.000 millones en 10 años”.
Según Daza, la principal variable que condiciona las inversiones en el país es la incertidumbre acerca de las reglas que regirán cada proyecto. “Es indudable que hay un miedo a un cambio en las reglas de juego. Somos el país que más tiempo pasó en recesión”, planteó.
Consultado sobre la impaciencia de quienes tienen dificultades para cubrir sus gastos con sus ingresos actuales, respondió: “todo nuestro trabajo es por la empatía, para ayudar a los más pobres, pero sin populismo y sin atajo”. Luego agregó: “Para eso tenemos que consolidar la estabilización y completar las medidas necesarias para el crecimiento de largo plazo”.
Más temprano, en el Faena Art Center, el vicepresidente del Banco Central, Vladimir Werning, había afirmado que “la rentabilidad de los exportadores tiene un efecto derrame fuertísimo”. En particular, destacó sus consecuencias en el mercado cambiario: “el resto de los sectores ya no tienen que planificar devaluaciones recurrentes” y “por primera vez tenemos un ciclo con crecimiento estructural acompañado por un camino despejado de crisis cambiarias”.
Werning añadió que “la tranquilidad que el sector exportador ofrece a los inversores locales no la tuvimos nunca”. Sobre los vínculos productivos que impulsan actividades como la energía y la minería, señaló que “se está armando un sector de servicios muy fuerte”.
Sus declaraciones se produjeron mientras el Gobierno busca vincular a las empresas a cargo de proyectos del Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones con el resto del entramado productivo. Aunque no lo expresan públicamente, en la Casa Rosada estarían tomando nota de las consecuencias adversas de las diferencias entre sectores para el empleo, en un escenario de demanda interna débil y creciente presión de las importaciones.







