Claudio Ñancufil recuerda cómo era su vida antes de que la fama lo alcanzara: “Hasta entonces, era solo un chico más de Villa Esperanza, un barrio de Bariloche, que iba al colegio y jugaba al fútbol con amigos y su hermano mayor, Brian, casi todas las tardes”. El camino hacia la gloria comenzó a tomar forma cuando su abuelo lo documentó en un partido donde destacó por sus jugadas. “Tiré una bicicleta, pasé a varios jugadores y marqué un gol. Eso fue lo que lo llevó a editar un video y compartirlo, lo que atrajo la atención de varios medios”, explica. Desde ese momento, y gracias a la viralización de las imágenes, se estableció una conexión entre él y el interés de clubes europeos, especialmente en España. “Comenzaron a llamarme ‘el Messi de las nieves’ y eso se fue expandiendo”, señala.
Con el tiempo, un representante español que había visto el video se acercó a su familia, generando una situación inesperada para su madre, Viviana. Al recibir el llamado, ella pensó que se trataba de una broma, pero pronto se dio cuenta de que era cierto. “Desde que hicieron la llamada hasta que viajé, pasaron algunos meses. Yo solo pensaba: ‘Voy a jugar al fútbol’, porque era lo que hacía todos los días. No tenía idea de lo que estaba sucediendo”, continúa el joven futbolista.” Ahora, al mirar hacia atrás, me sorprende todo lo que pasó.”
El viaje a Madrid fue el primer paso hacia un sueño que, por un tiempo, parecía al alcance de sus manos. Se probó en Atlético de Madrid y Real Madrid, donde vivió experiencias que lo marcarían. “Realicé pruebas de dos días en cada club. Armaron partidos con chicos dos años mayores que yo para evaluar mi rendimiento”, recuerda. Este viaje fue financiado por el empresario Manuel “Lolo” Otero, quien se encargó de que todo fuera posible. “Lo que más me impactó fue la infraestructura de los clubes, era algo completamente diferente a lo que conocía en Bariloche. El césped, los vestuarios, la ropa, todo era impresionante”, añade, subrayando la disparidad entre ambos entornos.
Sin embargo, la realidad golpeó rápido y las circunstancias cambiaron. “No sé exactamente cómo se frustró la posibilidad de quedarme allí. Mi abuelo y mi mamá podrían explicarlo mejor, pero esos detalles no suelen discutirse. Lo único que sé es que regresé a Bariloche porque según la ley, no podía quedarme allá siendo un niño. Hubo problemas con el representante que nos llevó a dudar sobre su profesionalidad y el interés real detrás de las pruebas”, confiesa Claudio. En ese momento, la normativa de la FIFA limitaba la inscripción de jugadores menores de 18 años, dificultando la permanencia de jóvenes talentos fuera de sus países de origen.
En Bariloche, su historia no fue olvidada. “Fue muy conocido aquí, todos se enteraron, la gente habla mucho de eso”, comparte Ñancufil con una sonrisa. A menudo, sus rivales lo confrontan con esa etapa de su vida. “Solo bromean, generalmente saben que me llamaban Messi. Solo es parte del juego, así que no me molesta. Suelo responder con humor”, agrega. A lo largo del tiempo, Claudio ha enfrentado varias versiones sobre su ascendencia. Muchas veces se mencionó que era mapuche, algo que él mismo nunca supo confirmar. “Quizás haya algún bisabuelo lejano, pero jamás fue un tema en casa”, comenta.
Por otro lado, también se habló del interés de Barcelona por incorporarlo y financiar un tratamiento para favorecer su crecimiento. Aclarando esta confusión, Claudio explicó que si bien el club catalán lo tenía en su radar, jamás estuvo presente en el proceso. Sin embargo, luego de su regreso de España, se realizó un tratamiento en Argentina, que incluyó la aplicación de la hormona de crecimiento, que mantuvo hasta los 18 años. En River Plate, donde estuvo un tiempo jugando, no pudo integrar el plantel al que aspiraba, viajando en ocasiones desde Bariloche, ya que el club no podía ofrecerle alojamiento.
Pero Claudio Ñancufil siguió su corazón. Cuando Racing, su club favorito, lo llamó, él decidió mudarse a Avellaneda para cumplir su sueño. Aclamado por la institución, ya había tenido un breve encuentro con sus jugadores, y su llegada fue un paso emocionante. En Racing continuó su tratamiento y su madre obtuvo un trabajo en el club, lo cual fue un triunfo en su entorno familiar. Con el tiempo, Claudio se sumó a un equipo de baby fútbol en Defensores de Arenas, sin embargo, paredes adversas se mostraron en su recorrido.” Antes de llegar a la novena división, sufrí una fractura en el quinto metatarsiano, lo que me impidió dar el salto hacia las categorías superiores. Al final, terminé en el Granate, pero la pandemia frenó mis proyecciones y decidí volver a Bariloche”.
El regreso a su ciudad natal no significó el fin de su pasión por el fútbol. Desde entonces, juega para Cruz del Sur en la Liga de Fútbol de Bariloche y para 12 de Octubre en la Asociación de Deportes y Fútbol Libre. Ambas ligas se caracterizan por reunir a clubes barriales y permiten que el fútbol siga vivo en la región. Durante la temporada de invierno, el fútbol de campo se interrumpe, dando paso al futsal, por lo que Claudio frecuentemente juega más de un partido por fin de semana. No obstante, en su equipo actual prefieren que se concentre y no arriesgue su estado físico, dado que él es una figura central.
“¿Se puede vivir del fútbol aquí, en Bariloche? No, es complicado. Hay muy pocos que logran hacerlo, casi ninguno. Algunas ayudas aparecen, especialmente cuando disputas el Regional Federal Amateur pero, para llegar allí, necesitas ganar la liga o estar entre los mejores”, aclara Claudio sobre la realidad del fútbol en su región. En referencia a su historia laboral, menciona que trabajó en el Cerro Otto, prestando atención a los turistas. “Era un lugar muy concurrido en temporada alta, pero dejé”, señala con tranquilidad.
El video que lo catapultó a la fama no solo le abrió las puertas a Europa, sino que también le permitió participar en una serie sobre la vida de Diego Maradona. En “Sueño bendito”, Claudio interpretó a Goyo Carrizo, un amigo entrañable del futbolista, siendo también seleccionado para recrear los movimientos de Maradona en escenas clave. “Fue una gran experiencia; para un chico que amaba el fútbol, fue algo que valoro aún más ahora que soy mayor”, reflexiona. Sin embargo, Claudio también siente que esa etapa ya quedó atrás. “Esa historia quedó cerrada. Fue una experiencia interesante, pero ahora miro hacia adelante”, comenta.
Hoy, con solamente 20 años, Claudio Ñancufil mantiene una visión abierta sobre su futuro en el fútbol. “No me hago grandes proyecciones; estoy aquí para disfrutar del juego. Siempre pienso que, si disfruto, las cosas saldrán bien. Si algo se presenta, lo aceptaré. Pero he jugado toda mi vida en Cruz del Sur, así que, a menos que reciba una oferta profesional, no considero cambiar de club”, expresa con determinación. Por último, al ser consultado sobre si se arrepiente de algo, reflexiona: “Lo único que siento es la falta de no haberme esforzado más. A veces pienso, ‘¿y si hubiera dado un poco más de mí?, quizás ahora la historia hubiese sido diferente’. Esa es una lección que descubrí desde pequeño: cuando me esfuerzo, suelo obtener mejores resultados. Pero, más allá de lo futbolístico, estoy agradecido por todo lo que viví.”







