En su más reciente editorial radial, el periodista Víctor Hugo Morales desplegó una denuncia de gravedad institucional al calificar a la Corte Suprema de Justicia como una organización criminal. Según el relator, el máximo tribunal funciona como una herramienta de persecución política destinada a sostener la proscripción y el encarcelamiento de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en lo que considera un plan sistemático de hostigamiento judicial coordinado desde las cúpulas del poder.
Morales expandió su argumentación señalando que la falta de independencia judicial no es una abstracción, sino que tiene rostros concretos en figuras como los fiscales Carlos Stornelli y Diego Luciani, y el fallecido juez Claudio Bonadio. Para el periodista, estos actores judiciales no operaron de forma aislada, sino bajo una sintonía política evidente con la gestión del expresidente Mauricio Macri, consolidando un esquema donde la justicia se utiliza para dirimir contiendas electorales y perseguir adversarios políticos bajo una apariencia de legalidad.
Un punto central de su análisis fue el simbolismo de la quinta Los Abrojos, propiedad de Macri, donde se realizaban encuentros deportivos que reunían a jueces, fiscales y funcionarios. Morales subrayó que estos partidos de fútbol son la prueba irrefutable de la falta de imparcialidad; para el kirchnerismo, estos vínculos promueven una trama de relaciones espurias entre los sectores político, empresarial y judicial que anula cualquier garantía de debido proceso para los referentes del campo nacional y popular.
En una profunda reflexión sobre la estructura del poder actual, el periodista advirtió sobre una peligrosa percepción de control total e impunidad por parte de quienes integran este entramado. Según sus palabras, estos sectores actúan con la tranquilidad de quien domina el tablero político y judicial del país, sintiéndose resguardados por una arquitectura institucional que, lejos de buscar la verdad, se enfoca en preservar el estatus quo y el disciplinamiento de cualquier liderazgo que desafíe sus intereses.
Finalmente, Morales vinculó este escenario con el poder mediático concentrado, específicamente con el Grupo Clarín. Al evocar episodios como la disputa por Telefónica, el cronista ilustró cómo la presión corporativa actúa como un “correctivo” ante cualquier desvío de sus planes. Para Morales, la connivencia entre el poder económico, los medios y la justicia constituye una amenaza directa al sistema democrático, donde la presión y la extorsión se convierten en métodos habituales de acción política.







