Rosenkrantz participó de la jornada “Diálogos”, organizada por el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires. Allí afirmó que “ningún país que se precie puede tener jueces que no sean todo lo buenos que el país permita y nuestro país, sin duda, nos permite tener los mejores jueces”.
Ante los abogados, se refirió al proyecto de reforma del sistema de selección que impulsó junto con su colega Ricardo Lorenzetti. La propuesta busca evitar que las entrevistas personales a los candidatos en el Consejo de la Magistratura modifiquen el orden de mérito.
“El sistema actual de entrevistas permite alterar el orden de mérito con consideraciones que no son de mérito, y sin exigir justificación”, afirmó el magistrado.
Rosenkrantz planteó: “A los jueces se nos exige, con toda razón, justificar cada decisión que tomamos, respecto de cualquier justiciable y cualquiera sea la importancia del pleito. Al Consejo, que decide quién va a juzgar a miles de personas durante 30 años, no se le exige justificar por escrito por qué alteró un orden de mérito. No se me ocurre cómo defender esa asimetría”, dijo.
La propuesta de la Corte, presentada mediante una acordada el 4 de marzo, “todavía está siendo considerado” por el Consejo. El organismo renovará a sus integrantes el 18 de noviembre, por lo que es probable que no analice la iniciativa del máximo tribunal hasta el próximo año.
El proyecto busca reducir la discrecionalidad en los concursos. Rosenkrantz reconoció que no espera una aprobación rápida: “Reducir la discrecionalidad cuando la reducción depende de quienes la disfrutan es muy difícil. Es parecido a esperar que las reglas electorales las cambien quienes fueron elegidos de acuerdo con esas reglas”.
Para explicar su planteo, recurrió a la imagen de una columna militar que avanza al ritmo de sus integrantes más lentos y solo llega cuando lo hace el último. “Mejorar el promedio no es lo mismo que mejorar el conjunto. Si se designan tres jueces excelentes y uno malo, el promedio sube pero la columna sigue marchando al paso del último”, explicó.
“El litigante cuyo expediente cayó en manos del peor juez no recibe un servicio promedio: recibe a ese juez”. Por eso, afirmó que el propósito de un sistema de designaciones no debe limitarse a atraer a los mejores, sino también “elevar el piso y, sobre todo, impedir que ingresen los que no están a la altura”.
El juez señaló que un magistrado recién designado puede dictar 6000 sentencias a lo largo de una carrera de 30 años. Los consejeros abogados elegidos el 20 de octubre, cuyo mandato se extiende hasta 2030, “van a intervenir en la designación de jueces que decidirán durante 30 y dictarán más de 6000 decisiones cada uno”, advirtió.
También cuestionó la baja participación de los abogados en la elección de consejeros: solo votó el 18,5% del padrón. En consecuencia, dijo que “una fracción mínima” de los matriculados definió la mitad de la representación de ese sector en el organismo que selecciona a los jueces. “Y lo hizo, mayoritariamente, por omisión”, agregó.
Rosenkrantz recordó que el Consejo está integrado por 20 miembros: el presidente de la Corte, cuatro jueces, ocho legisladores, un representante del Poder Ejecutivo, dos académicos y cuatro abogados. Con cuatro lugares, la abogacía constituye el segundo bloque del cuerpo y es necesaria para reunir los dos tercios requeridos para aprobar las ternas. “No es una representación simbólica. Es decisiva”, afirmó.
Según el juez, los abogados tienen una contribución singular para elegir a buenos magistrados: “Son los únicos que ven a los jueces trabajar todos los días y desde el otro lado del estrado. Saben cuál llega preparado a la audiencia y cuál no; cuál leyó el expediente; cuál resuelve en plazo; cuál escucha; cuál trata con dignidad a la gente”.
Al cierre, formuló tres pedidos a los abogados: que participen en la próxima elección; que consulten a cada lista qué propone hacer con los concursos; y que, si el reglamento no se modifica de acuerdo con la iniciativa de la Corte, reclamen a sus consejeros explicaciones cada vez que alteren un orden de mérito.
“No requieren una reforma legal, ni un acuerdo político, ni que el Congreso haga nada”, dijo Rosenkrantz. “La calidad de una sentencia está acotada, en buena medida, por la calidad de los escritos y de los alegatos que la precedieron”, sostuvo.
Rosenkrantz reconoció que la mayor parte del Poder Judicial “está integrada por muy, muy buenos jueces”. Sin embargo, consideró necesario trabajar para que todos alcancen ese nivel y manifestó optimismo: “Hay una parte del problema que ustedes pueden contribuir a resolver”, les dijo a los abogados.
La jornada “Diálogos” fue inaugurada por Fernanda Mieres, presidenta del Colegio de Abogados de la Ciudad, quien afirmó que “sin instituciones sólidas y transparencia en la relación entre el público y el privado, el desarrollo sostenible es una meta imposible de alcanzar”.







