En un discurso que combinó apoyo al ordenamiento macroeconómico con preocupación por la situación de las fábricas, el dirigente alertó sobre la caída de la producción, la pérdida de casi 95.000 empleos industriales y el riesgo de que, durante la transición, se destruyan capacidades productivas.
“La estabilización macroeconómica es fundamental, pero es tan solo el comienzo”, sostuvo Rappallini al cerrar el encuentro, realizado bajo el lema “Talento argentino: la fuerza que transforma”. En la apertura participó el ministro de Economía, Luis Caputo.
El titular de la entidad fabril planteó que la Argentina debe avanzar hacia una economía enfocada en producir, invertir y crecer. Para alcanzar ese objetivo, señaló, hacen falta condiciones que van más allá de las decisiones individuales de las compañías.
“La competitividad no depende solamente del esfuerzo de cada empresa, sino también de las condiciones que ofrece el país”, afirmó. Y agregó: “La apertura económica y la competitividad tienen que avanzar juntas. Las empresas tenemos la responsabilidad de invertir y mejorar nuestra productividad. Y el Estado, de generar las condiciones para que podamos hacerlo”.
En ese contexto, formuló una de las advertencias centrales de su exposición: “Los sectores industriales transables, especialmente las pymes intensivas en mano de obra no pueden esperar a que se complete una reforma integral de toda la economía”.
Rappallini sostuvo que la Argentina inició hace casi tres años una transformación económica que consideró necesaria e impostergable. Recordó que el país atravesó durante años un período de inflación elevada, déficit fiscal crónico, restricciones cambiarias y cambios permanentes en las reglas de juego. Según explicó, ese escenario llevó a empresas, trabajadores y familias a concentrar buena parte de sus esfuerzos en protegerse de la inestabilidad.
Sin embargo, remarcó que el ordenamiento macroeconómico es apenas la primera etapa. “El gran desafío es pasar de una economía organizada para defenderse a una economía organizada para producir, invertir y crecer”, expresó.
El dirigente puso el foco en las condiciones en las que compiten las industrias argentinas con las de otros países. Señaló que las diferencias impositivas, financieras, laborales y regulatorias inciden directamente en las posibilidades de competir. “Una empresa argentina compite con los impuestos, el financiamiento, la infraestructura y las condiciones laborales y regulatorias de los países donde están instalados sus competidores”, sostuvo.
Por eso, insistió en que la apertura económica debe ir acompañada de mejoras de competitividad, que requieren tanto inversiones privadas como medidas del sector público.
Una parte central de su exposición estuvo dedicada al deterioro de los indicadores industriales.
Según los datos del Centro de Estudios de la entidad, la actividad industrial volvió a retroceder en septiembre y acumuló una caída del 2,8% en los primeros nueve meses de 2026 frente al mismo período del año anterior. También indicó que algunos sectores produjeron entre un 15% y un 20% menos que en 2022.
En cuanto al empleo, informó que entre agosto de 2023 y julio de 2026 se perdieron casi 95.000 puestos formales en la industria. Durante este año, la reducción promedió 3.700 empleos mensuales.
Rappallini relacionó esos resultados con la debilidad de la demanda interna, las dificultades para acceder al crédito, los costos que condicionan la producción y la competencia en condiciones desiguales. “Nuestra preocupación central es sostener la producción y el empleo formal, porque detrás de cada empresa hay trabajadores, familias y comunidades cuyo futuro está ligado a la actividad industrial”, afirmó.
Ante ese panorama, presentó los principales ejes de una propuesta de la entidad para elevar la competitividad industrial.
La iniciativa consiste en un Pacto Fiscal Federal para la Competitividad y un Régimen Industrial para la Competitividad Internacional. Busca acercar gradualmente las condiciones de producción argentinas a las de sus competidores regionales.
El plan contempla modificar el sistema tributario para reducir de manera progresiva los impuestos que gravan la producción, fomentar inversiones y coordinar el trabajo con las provincias y los municipios, sin abandonar el equilibrio fiscal. “En definitiva, nivelar la cancha para que nuestras empresas puedan competir en igualdad de condiciones”, sostuvo el presidente de la UIA.
El dirigente subrayó la urgencia de adoptar medidas para los sectores industriales transables y las pymes intensivas en mano de obra, que tienen dificultades para sostener su actividad mientras avanzan las transformaciones económicas. “Por eso hablamos de un puente para atravesar esta transición”, explicó.
La propuesta incluye además acciones sobre el acceso al crédito a tasas razonables, la defensa de la competencia leal, el combate al contrabando y al comercio ilegal, el abastecimiento energético, la modernización laboral, la infraestructura, la logística y la formación de recursos humanos.
Rappallini resumió el planteo en dos prioridades: equiparar las condiciones con las de los competidores regionales y hacerlo con rapidez para evitar la pérdida de capacidades industriales.
En otro tramo, destacó la incidencia de la inteligencia artificial en las posibilidades de producción y desarrollo tecnológico.
Afirmó que esa transformación no solo permitirá automatizar tareas, mejorar procesos y reducir costos, sino que también acelerará la creación de materiales, medicamentos, alimentos, baterías y tecnologías.
En ese sentido, señaló que es importante preservar las capacidades industriales para convertir los avances científicos en productos concretos. “La ciencia va a descubrir nuevas posibilidades; la industria las va a transformar en realidad. Se viene una revolución del hacer”, expresó.
El presidente de la UIA recordó también su participación, la semana pasada, en las rondas de negocios del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, donde cientos de empresas argentinas buscaron incorporarse a las cadenas de valor de grandes proyectos mineros y energéticos. Destacó el interés de empresarios, emprendedores y pymes en sumarse a esas inversiones y desarrollar nuevos proyectos.
Al final de su exposición, Rappallini planteó la necesidad de alcanzar acuerdos sobre los principales objetivos del país y pidió fortalecer la convivencia democrática. “Necesitamos aprender a convivir con nuestras diferencias, debatir sin descalificaciones y encontrar acuerdos sobre los grandes objetivos del país”, afirmó.
Después de Rappallini, habló el jefe de Gabinete, Diego Santilli, quien defendió el rumbo económico del Gobierno. El funcionario sostuvo que la Argentina arrastra desde hace décadas problemas estructurales que condicionaron el desarrollo productivo, entre ellos 18 años de estancamiento, una presión fiscal que calificó de “inaceptable” y la falta de modernización laboral. También cuestionó las políticas proteccionistas y afirmó que la falta de estabilidad macroeconómica impidió a las empresas planificar sus inversiones. Según señaló, el actual ordenamiento permite a los empresarios proyectar, tomar decisiones y avanzar para ser más competitivos.
Santilli mencionó los sectores que, según la visión oficial, impulsarán el crecimiento: el agro, el petróleo y el gas, la minería y la industria del conocimiento. Defendió el RIGI como instrumento para atraer inversiones y crear empleo, y planteó la necesidad de avanzar con la Ley de Glaciares para promover el desarrollo minero y competir con países como Chile y Perú. También propuso la posibilidad de impulsar un “super RIGI” para centros de datos, con el propósito de fortalecer las inversiones ligadas a la economía del conocimiento.
En su mensaje a los industriales, el funcionario cuestionó a quienes, según dijo, hablaron de industrialización mientras aumentaban los impuestos, y atribuyó parte de las dificultades actuales del sector a las políticas de las últimas dos décadas. Santilli manifestó su expectativa de que la economía argentina crezca durante tres años consecutivos y sostuvo que las inversiones impulsadas por el RIGI permitirán crear nuevos puestos de trabajo. “Apostemos a la Argentina. Está en el camino correcto”, afirmó. Luego concluyó con un mensaje a los empresarios: “Ustedes que toman las decisiones, nosotros estamos poniendo reglas claras”.







