A solo ocho años, con una máscara hecha a medida y un nombre que remite al legado familiar, tiene en claro su futuro: desea convertirse en fisicoculturista y luchador, al igual que su padre.
Masita Júnior compartió su experiencia de cómo descubrió su pasión por la lucha al ver programas como 100% Lucha y Titanes en el Ring. Reveló que su mayor deseo es emular a su papá, su gran ídolo: “Quiero ser grande como mi papá y, si se puede, más”.
Su camino comenzó frente a la televisión, donde primero se topó con 100% Lucha y luego fue sumándose a Titanes en el Ring. Poco a poco, lo que antes solo era entretenimiento se transformó en un anhelo profundo.
No solo disfrutaba de los programas junto a La Masa, sino que también tuvo acceso a los secretos que solo un niño podría soñar conocer sobre este mundo. Esos conocimientos los atesora con gran cuidado.
Además de sus aspiraciones como luchador, Bautista se permite soñar con otras profesiones: “Yo pienso que de grande puedo ser astronauta, pero acabo de ver que puedo ser luchador, porque me gusta. Y con mi papá siempre juego a la lucha”.
Practica también taekwondo, y ve similitudes entre ambas disciplinas: “Y como el arte marcial me gusta, la lucha también me va a gustar”, afirma.
Sin embargo, comprende que por el momento debe esperar. Reconoce que el ring no es un lugar para niños de su edad y que necesita crecer. “Estoy esperando la lucha porque soy muy chiquito y todavía no me corresponde”, explica.
Masita Júnior no solo quiere seguir los pasos de su padre, sino superarlo: “Quiero ser muy fuerte, grande como mi papá y, si se puede, más que mi papá”. Tras ver las presentaciones de La Masa, no tiene dudas de quién es el mejor luchador de la Argentina: “La Masa es top 1”.
Mientras aguarda, se divierte jugando a ser fisicoculturista y actúa como presentador en competencias imaginarias donde ambos combaten.
Un aspecto que hace aún más especial su admiración es la máscara que su padre le diseñó. Cuando Bautista pidió una, no dudó en elegir un diseño similar al de La Masa, pero adaptado a su tamaño.
“Por un lado siento que soy un niño y, cuando me pongo la máscara, siento que tengo una carrera por delante que está llena de fuerza, de lucha”, manifiesta.
La lucha es solo una de las múltiples conexiones entre La Masa y Masita Júnior, ya que su relación va más allá. Luis está siempre atento a lo que su hijo desea y necesita. Aun cuando su trabajo en el gimnasio lo ocupa, siempre encuentra tiempo para él.
Comparten gran parte del día, disfrutando de su propia complicidad. Durante los viajes en camioneta, disfrutan de la música y suelen alternar entre Billy Idol y Michael Jackson. Cuentan con películas y series favoritas, chistes únicos que solo ellos comprenden y juegos que se han repetido en el tiempo, formando parte de su historia.
Es notable la forma en que Luis interactúa con su hijo. Desde su infancia, optó por dirigirse a él como a un igual. Le explica los riesgos de la lucha, comparte sus vivencias en el deporte y responde a todas sus preguntas. Bautista escucha, cuestiona y se involucra en esas conversaciones con una madurez que sorprende, en contraste con sus ocho años.
Para Luis, estas charlas son fundamentales: “Tenemos diálogos constantes sobre lucha y el deporte en general”. Además, valora profundamente que Bautista comparta momentos con él: “Que me acompañe, que esté, que me escuche, que aprenda, que me pregunte y, sobre todo, que me haga caso”, enumera con aprecio.
Esta confianza se traduce en la tranquilidad con la que se demuestran afecto. En un momento de la entrevista, Bautista afirmó que quiere a su papá más de lo que él lo quiere a él. Luis, que al principio sonrió ante la declaración, luego le respondió: “Yo también te quiero mucho más”.
Para La Masa, el deseo de su hijo de seguir su camino es más que motivo de alegría; es una confirmación de que el legado que busca transmitir está dejando huella.
“Sé que tengo a alguien que va a seguir mis pasos y que lo va a hacer excelentemente”, afirmó. Aunque aún falta tiempo para que Masita Júnior realice su sueño de subirse al ring, ya existe un lazo profundo que va más allá de las máscaras, los músculos y las luchas.
Mientras tanto, Bautista seguirá disfrutando de juegos, canciones, dibujos y conversaciones con su papá. La lucha deberá esperar, pero la admiración es innegable: “Sobre todas las cosas, quiero ser como vos”, concluye.







