Este sábado, el peronismo conmemorará el Día de la Lealtad a través de diferentes actos. Axel Kicillof liderará un evento en La Matanza, La Cámpora ha convocado a una movilización frente a la residencia de Cristina Fernández de Kirchner, en Constitución, y Máximo Kirchner viajará a Chaco. La CGT también organiza su propio encuentro, que incluirá un festival musical. El Frente Renovador, los intendentes y otras facciones del justicialismo aún buscan su espacio en una celebración que históricamente simbolizaba unidad, pero que hoy revela las tensiones existentes en la conducción del movimiento.
Dichas convocatorias están acompañadas de debates sobre quién tiene la autoridad para representar al movimiento, cuáles sectores deben definir la estrategia a seguir y qué propuestas pueden ofrecerle a una sociedad que, recientemente, optó por Javier Milei. La inquietud que envuelve al peronismo va más allá de la elección de una fórmula presidencial: ¿qué significa ser peronista en la actualidad y quién tiene la capacidad de traducir esa identidad en una opción de poder?
La movilización de La Cámpora se realizará en San José 1111.
Históricamente, el justicialismo ha logrado mediar entre diferencias profundas gracias a liderazgos que lograban organizar disputas y construir mayorías electorales. La relación entre gobernadores, sindicatos, intendentes, movimientos sociales y figuras nacionales nunca ha estado exenta de conflictos. Sin embargo, en el presente, esta lucha por el liderazgo se entrelaza con una crisis de representación que visibiliza las limitaciones de las identidades tradicionales para interpretar la realidad y atraer a nuevos votantes.
Cristina Kirchner sigue siendo una figura clave para una parte del espacio. Su liderazgo mantiene capacidad de movilización, influencia sobre La Cámpora y peso en las decisiones del Partido Justicialista. A pesar de la derrota electoral de 2023 y el deterioro en su relación con otros sectores del peronismo, la expresidenta mantiene una estructura política que no se ha desvanecido. Sin embargo, la centralidad de su figura enfrenta un obstáculo: no todos los líderes están dispuestos a aceptar que sus decisiones marquen las candidaturas, las alianzas y el programa para 2027.
La situación judicial de Cristina también complica esa discusión. Su prisión domiciliaria y la prohibición política limitan la estrategia del kirchnerismo. Para sus seguidores, la defensa de la exmandataria es parte de la identidad política y de la disputa contra el Gobierno. En contraste, otros sectores del PJ buscan construir una propuesta que recupere votos más allá de su núcleo duro.
Axel Kicillof aspira a ocupar este espacio sin depender del kirchnerismo. Como gobernador del principal distrito electoral del país, cuenta con una estructura territorial que incluye intendentes y funcionarios, elementos que podrían respaldar una proyección nacional. Su recorrido por las provincias y la formación del Movimiento Derecho al Futuro son parte de esta estrategia. El evento de este sábado busca evidenciar un respaldo propio, pero también planteará la dificultad aún no resuelta de convertir su poder territorial en una representación nacional que integre a sectores que no necesariamente comparten su visión.
La relación con Cristina es esencial para alcanzar esa meta. Kicillof busca ampliar su autonomía sin provocar una fractura que divida aún más al electorado peronista. Por otro lado, el kirchnerismo debe decidir si acepta una nueva conducción o si considera que su legitimidad es crucial para cualquier acuerdo. Esta conversación implica tanto candidaturas como una evaluación de las gestiones recientes, la política económica y la responsabilidad por la derrota que permitió el ascenso de Milei. Sin un análisis compartido, cualquier intento de unidad podría limitarse a un mero acuerdo electoral.
A su vez, Sergio Uñac emerge como otra figura relevante dentro del panorama, lanzando su campaña presidencial con la intención de ser una alternativa. Con la consigna “Por los hijos de todos”, busca construir una propuesta federal que cuestione el predominio de la dirigencia bonaerense en el diseño nacional y demande un mayor protagonismo de las provincias en las decisiones sobre candidaturas y programas de gobierno. Uñac ha expresado su deseo de participar en una interna del PJ, posicionándose como una alternativa a Kicillof.
En este contexto, Sergio Massa presenta otra cara en este entramado. El líder del Frente Renovador mantiene lazos con intendentes, parlamentarios y diversas esferas del peronismo. Su reaparición gradual en la arena pública y su buena relación con Máximo Kirchner lo mantienen en la conversación sobre el futuro político. A pesar de que su capital político no se equipara al de un gobernador en funciones o al de una expresidenta con una base de militantes, se apoya principalmente en su experiencia de gestión y en su habilidad negociante dentro del sistema político.
La candidatura de Massa aún no está formalizada, pero su nombre está presente en los diálogos sobre la sucesión del liderazgo. Su trayectoria le brinda tanto ventajas como limitaciones, ya que puede conversar con sectores que desconfían entre sí, aunque su actuación en la elección de 2023 y su paso por el Ministerio de Economía son parte del análisis que el peronismo deberá realizar. Su reto será demostrar que puede ofrecer más que una mediación entre facciones, y construir una propuesta que resuene con las demandas sociales.
Sergio Massa se destaca como uno de los nombres que emergen en la discusión hacia 2027.
En el ecosistema peronista, varios actores de siempre continúan influyendo. Guillermo Moreno representa una tendencia que prioriza el debate ideológico sobre los desafíos inmediatos de formar una mayoría nacional. Eduardo Duhalde, reapareciendo junto a la juventud y empleando la inteligencia artificial, presenta su figura como símbolo de una tradición pragmática que pone el enfoque en la recuperación del poder por encima de la uniformidad ideológica. Hasta Alberto Fernández intenta mejorar su imagen a través de entrevistas y visitas a universidades. Todos se refieren al peronismo, pero nadie los congrega, generando ruido en la conversación interna.
Por otro lado, es importante no simplificar la interna a unos pocos nombres. La CGT también enfrenta una dualidad similar. La centralidad obrera mantiene su representatividad institucional y su presencia en el ámbito laboral, pero aún no ha definido una estrategia común para afrontar al Gobierno. Su decisión de organizar una celebración propia, orientada a un público más joven, refleja una búsqueda de renovación que trasciende la mera estética del evento. El sindicalismo enfrenta el desafío de restablecer vínculos con trabajadores que ya no se sienten representados por las estructuras tradicionales, al tiempo que resuelve su posición en la construcción política de 2027.
La CGT llevará a cabo un acto el viernes, en el marco del Día de la Lealtad.
Asimismo, la reforma electoral que el Gobierno propone introduce una variable clave en esta competencia. Para el peronismo, la discusión no es meramente administrativa. Las PASO pueden ser un mecanismo que facilite la resolución de disputas sin que las diferentes corrientes deban acordar previamente una candidatura única. Si se suspenden, el partido deberá encontrar otra forma de dirimir sus diferencias, ya sea mediante una negociación interna, un acuerdo de cúpulas o una competencia que podría trasladarse directamente a las elecciones generales. Cada opción presenta costos. Una primaria puede ordenar la disputa, pero también intensificar los enfrentamientos; un acuerdo puede evitar una ruptura, aunque también corre el riesgo de dejar de lado a sectores que no se sientan representados.
Este Día de la Lealtad encuentra a un peronismo que, si bien comparte una historia, no posee una interpretación unificada sobre su presente. La discusión no se limita a quién encabezará la boleta. El peronismo debe definir sus propuestas sobre salarios, empleo, industria, protección social, federalismo y equilibrio fiscal, así como realizar un balance de sus propias gestiones. La derrota de 2023 y el ascenso de Milei han cambiado las condiciones en que el movimiento había constituido su representación. Su recuperación no dependerá únicamente de la capacidad de movilizar a sus bases tradicionales, sino también de su habilidad para conectar con sectores que se han alejado del peronismo o que nunca se sintieron incluidos en él.
En 1945, la lealtad se manifestaba en la movilización de los trabajadores y en la lucha por su lugar en la política argentina. En 2026, esta palabra se encuentra marcada por lealtades diversas, dirigidas a liderazgos que compiten entre sí y a interpretaciones que coexisten sin una clara convivencia. Los actos separados del 17 de octubre no anticipan el futuro de 2027, pero evidencian que el peronismo aún no ha encontrado la manera de transformar su diversidad en una conducción unificada.
Quedan múltiples preguntas sin respuesta, y no se limitan a la existencia del peronismo. La respuesta se encuentra en sus dirigentes, sus organizaciones y su presencia territorial. El verdadero interrogante es qué tipo de peronismo se busca representar y quién puede integrar sus diferentes facciones sin exigir renuncias previas a su identidad. A un año de las elecciones presidenciales, el desafío será acordar una candidatura y definir un programa que permita armonizar esas diferencias. La historia y la identidad del partido son parte de esta discusión, aunque no serán suficientes por sí solas para resolverla.







