La exposición a bloques informativos en televisión, la navegación en redes sociales o recibir llamadas indeseadas sobre familiares está afectando la salud mental de las personas. Es fundamental reflexionar sobre el profundo efecto que las malas noticias tienen en la vida cotidiana. Dado que muchas personas sienten ansiedad al confrontarlas, la psicología ha indagado en las razones detrás de esta respuesta física y emocional, relacionada con el miedo, la impotencia y el estrés. Los especialistas sostienen que se activa una respuesta natural de autodefensa del cerebro, que incluye un sistema altamente sensible a las amenazas. La psicología indica que la ansiedad que provoca el contacto con malas noticias es una reacción común y normal. Según los expertos, este estado de ansiedad tiene como objetivo anticipar peligros y proteger al organismo del sufrimiento. Al percibir un acontecimiento negativo, el cerebro considera que se trata de una amenaza real y tangible. Como resultado, se liberan hormonas como el cortisol y la adrenalina, que preparan al cuerpo para la huida o el enfrentamiento. Además, existe un temor al impacto de la noticia, ya que la mente puede experimentar más angustia al imaginar el peor desenlace que al enfrentar la realidad. “Muchas personas se sienten ansiosas o molestas después de ver o leer las noticias, especialmente cuando se trata de situaciones que están fuera de su control (…) Ese estrés puede acumularse y volverse abrumador”, afirmó un profesional en salud conductual. En cuanto a las repercusiones físicas de recibir malas noticias, Harvard Health advierte que la activación crónica del sistema de respuesta al estrés puede dar lugar a ansiedad, trastornos del sueño y dificultades de concentración, en lugar de fomentar una respuesta efectiva ante la situación. Este sistema está diseñado para lidiar con episodios breves, no para soportar un flujo constante de calamidades globales.
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