El escenario del Museo MALBA se transformó este martes en el epicentro de una disputa que trasciende lo retórico: la validez y el futuro de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). En el marco de un ciclo político organizado por el Grupo Clarín, la senadora Patricia Bullrich (La Libertad Avanza) y el diputado Miguel Ángel Pichetto (Encuentro Federal) protagonizaron un cruce que desnudó no solo visiones contrapuestas sobre el sistema electoral, sino también las tensiones subyacentes de cara al armado político de 2027.
Lo que comenzó como una consulta técnica del moderador sobre la reforma que impulsa el gobierno de Javier Milei derivó rápidamente en una confrontación de alto voltaje. Bullrich, alineada con la narrativa oficialista, cuestionó la legitimidad popular de las primarias, calificándolas como un mecanismo que, en términos generales, “no son elecciones populares”. Sin embargo, su argumento chocó con la paradoja de su propia trayectoria: “Tengo una reivindicación personal con las PASO, porque gané”, admitió, intentando separar su éxito individual de una crítica estructural al sistema.
Esa hendija fue aprovechada de inmediato por Pichetto. Con el pragmatismo que lo caracteriza, el dirigente de Encuentro Federal disparó una pregunta que dejó a la senadora a la defensiva: “Vos competiste y ganaste. ¿Sirvió o no te sirvió?”. Para Pichetto, la pretensión de eliminar o modificar las PASO en este contexto responde más a una conveniencia táctica del oficialismo que a una necesidad institucional. “La gente entiende, no hay que subestimar”, sentenció, defendiendo la herramienta que permitió, entre otras cosas, la irrupción de Milei en el tablero nacional.
El análisis periodístico de este encuentro revela una fractura estratégica. Bullrich sostiene que el momento de discutir las reglas es “el año que no es electoral”, proyectando un 2027 donde las coaliciones —posiblemente con el PRO y la UCR— se definan antes de ir a las urnas. Pichetto, por el contrario, advirtió que “el año electoral ya empezó” y rechazó de plano cualquier intento de “cambiar las reglas de juego porque le convenga al Gobierno”.
La discusión cerró con una nota de realidad parlamentaria aportada por la propia Bullrich, quien recordó que cualquier modificación requiere mayorías absolutas en el Congreso. Más allá de los tecnicismos, el contrapunto en el MALBA dejó claro que la reforma electoral será el próximo gran campo de batalla donde se medirán la cohesión del oficialismo y la capacidad de resistencia de una oposición que, como Pichetto, busca preservar los mecanismos de participación vigentes.
“Discutir la reforma electoral en el año que no es electoral, es lo correcto”, sostuvo Bullrich. Pichetto, sin embargo, la interrumpió para marcar otra diferencia: “El año electoral ya empezó”. El dirigente de Encuentro Federal había planteado previamente que “no hay que cambiar las reglas de juego porque le convenga al Gobierno” y que la ley electoral no debería modificarse en función de las necesidades de un espacio político.







