– La soja y el maíz ajustan su mirada hacia el clima
– El petróleo presenta una dinámica diferente
A lo largo del último año, y similar a lo que ocurre en el mercado petrolero, el sector agrícola parecía estar bajo una lógica bastante clara, íntimamente ligada a los conflictos bélicos en el Mar Negro y Oriente Medio.
Cada escalada en las tensiones en Rusia o Irak solía provocar un aumento inmediato en los precios internacionales de los granos. Sin embargo, esta relación ha comenzado a debilitarse. Aunque los factores geopolíticos continúan siendo relevantes, ya no son suficientes por sí solos para mantener una tendencia al alza.
El mercado ha empezado a diferenciar entre distintos tipos de riesgos, otorgando mayor importancia a variables como el clima en Estados Unidos, las proyecciones de la cosecha global y los próximos reportes oficiales sobre oferta y demanda.
Dante Romano, profesor del Centro de Agronegocios y Alimentos de una universidad local, destacó este cambio en su análisis reciente.
“Durante las últimas semanas, hemos estado observando los mismos fundamentos que apuntan al alza: la situación en Medio Oriente que se agrava, el Mar Negro que limita el transporte de trigo desde Rusia y Ucrania en plena cosecha, el clima en Estados Unidos que ha comenzado a afectar la calidad de los cultivos, la ola de calor en Europa y las compras desde China. Sin embargo, los precios en Chicago no han logrado continuar con su ascenso y provocaron una toma de ganancias a la baja”, indicó en su informe semanal.
El trigo se presenta hoy como un claro ejemplo de esta nueva realidad.
Por un lado, los fundamentos alcistas siguen acumulándose. Los conflictos entre Rusia y Ucrania continúan impactando puertos y buques en el Mar Negro, una de las principales zonas exportadoras a nivel mundial.
Recientemente, se informó que un aumento en los ataques ha complicado los embarques, y el ministro de Agricultura ucraniano admitió que las rutas alternativas no serán suficientes para compensar la pérdida de capacidad exportadora hasta al menos finales de agosto.
Romano señala este mismo fenómeno: “La cosecha en Rusia y Ucrania está en su punto máximo, pero los puertos no pueden recibir grano dado que el tránsito de buques está restringido, lo que impide asignar cupos. Esta situación podría cambiar, ya que el trigo está siendo cosechado, por lo que el factor alcista podría ser temporal”, comentó.
En otra sección de su informe, también advierte sobre el deterioro de la situación logística.
“Es sorprendente que, a pesar de la escalada en Medio Oriente y en el Mar Negro, no se hayan registrado aumentos en la última parte de la semana. Las rutas energéticas en Medio Oriente son más problemáticas, y se han reportado nuevos ataques en puertos del Mar Negro”, agregó.
No obstante, estos riesgos coexisten con otro factor determinante: las expectativas de cosechas abundantes en Rusia y Ucrania, junto con proyecciones favorables en otros países, mitigan el temor a una escasez global real.
Esta tensión explica por qué el precio del trigo volvió a caer esta semana a pesar del agravamiento de la guerra.
En el caso de la soja y el maíz, el cambio en la dinámica es aún más evidente.
Estos cultivos ya no responden principalmente a las novedades provenientes de Medio Oriente, sino a los pronósticos meteorológicos del Medio Oeste estadounidense y a las expectativas sobre el próximo informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), que actualizará datos sobre superficie sembrada, rendimientos y producción.
Las previsiones de lluvias para los próximos diez días han empezado a disminuir las preocupaciones por la sequía que estaba afectando a los cultivos en desarrollo, según se reportó recientemente.
Romano también identifica este cambio de enfoque.
En la soja, admite que la condición de los cultivos ha comenzado a deteriorarse, aunque el cambio climático reciente ha moderado algunas de estas preocupaciones.
“Finalmente, la calidad de los cultivos se ha reducido. Sin embargo, el clima ha mejorado y hemos recibido más lluvias. Actualmente, la floración de la soja en Estados Unidos está finalizando y la formación de vainas ha alcanzado el 50%, lo que hará que el clima tenga un impacto menor. China ha seguido comprando, pero eso ya no es una novedad”, explicó.
En efecto, se reportó que China adquirió recientemente diez cargamentos adicionales de soja estadounidense, en lo que se considera “otra serie de negocios previos a la visita del presidente Xi Jinping a Estados Unidos, programada para el próximo mes”.
En el caso del maíz, se observa una situación similar.
“La evaluación de la condición de los cultivos ha disminuido, pero las lluvias están pronosticadas. Las exportaciones estadounidenses continúan sólidas, lo que indica que el interés de compra permanece”, señala el informe del centro académico.
En otras palabras, aunque la geopolítica sigue influyendo en los precios, ya no es el único factor determinante.
La diferencia con el mercado energético se hizo evidente nuevamente esta semana.
Mientras que el trigo, la soja y el maíz se enfrentaban a bajas vinculadas a cuestiones productivas y climáticas, el petróleo experimentó un repunte tras conocerse que el Parlamento iraní está considerando restringir el tránsito de buques que califica como “hostiles” por el estrecho de Ormuz.
Ese solo dato fue suficiente para que el Brent recuperara más de un 4% en una jornada.
La razón es bastante clara: cualquier amenaza sobre Ormuz tiene un impacto directo en una de las principales rutas de suministro energético a nivel mundial.
En el caso de los granos, el mercado ha comenzado a distribuir el peso entre diversas variables.







