Entre las causas principales, se destaca el Mundial de fútbol que se lleva a cabo en Estados Unidos, Canadá y México, que ha generado un incremento en la demanda de divisas por parte de los argentinos, un fenómeno poco habitual en la dinámica de consumo.
Otro factor relevante es la liquidación de divisas y las obligaciones en moneda extranjera de las empresas. En este sentido, durante el primer cuatrimestre, el sector agroindustrial logró exportaciones por US$16.804 millones, un aumento del 16,2% en comparación con el mismo período del año anterior.
Por otro lado, si las empresas no logran colocar deuda para financiarse en el exterior, el Banco Central podría tener dificultades para captar dólares en su cuenta. “A partir de julio es razonable que aflojen un poco los números de exportaciones del agro. Y también es cierto que las exportaciones de petróleo pueden verse afectadas por la caída en el precio de los últimos días”, dijo el entrevistado.
El director de una consultora también compartió su visión, enfatizando que la finalización del segundo trimestre suele significar un descenso en la oferta de dólares provenientes de la cosecha, lo que generalmente provoca una presión adicional sobre el tipo de cambio.
Adicionalmente, se vislumbra un desafío inminente para el Gobierno con la proximidad de un vencimiento de deuda programado para el 9 de julio, en el que deberá afrontar US$4.300 millones en concepto de bonos y globales derivados de la reestructuración de la deuda de 2020. “Es un vencimiento bastante grande. Puede generar especulación sobre si existe suficiente dinero en el mercado, lo cual podría ejercer presión sobre el tipo de cambio”, advirtió.
Por su parte, el Banco Central ha reducido sus compras de dólares masivas, una tendencia prevista con el aumento de la divisa. Al cierre del viernes pasado, la autoridad monetaria adquirió US$50 millones en el mercado mayorista. A lo largo de junio, la entidad ha acumulado US$1.296 millones, cifra notablemente inferior a los US$2.596 millones alcanzados en mayo.
Una mayor intervención del Banco Central, aunque menor en volumen, tiende a influir en la cotización del dólar, pues inyecta pesos en la economía que pueden no ser absorbidos, lo que genera presión inflacionaria. “El Banco Central continúa comprando, aunque en menor cantidad, y esperará un poco más. Ha cumplido con la meta establecida con el FMI y adquirido más de US$11.000 millones. Puede tomarse un respiro”, comentó un especialista en comercio internacional.
Este tipo de operaciones son comunes en momentos en los que el dólar se muestra estable. Los inversores suelen preferir el peso y aprovechar las tasas de interés altas. Sin embargo, el reciente aumento del tipo de cambio ha desalentado esta estrategia en el segundo semestre.
“El comportamiento del Contado Con Liquidación (CCL) ha sido rigurosamente negativo, eliminando dos meses de ganancias en dólares. Con datos hasta el 25 de junio, el mes ha reportado pérdidas del 2,5% en dólares, siendo esta la primera caída mensual desde septiembre de 2025”, señala un informe de investigación.
El panorama inflacionario del Gobierno muestra, por el momento, una calma relativa. Con datos de abril y mayo que registran cifras de 2,6% y 2,1% respectivamente, se comienza a vislumbrar una tendencia a la baja que podría contribuir a alcanzar niveles de inflación más alineados con los estándares internacionales.
A pesar de esta situación, el dólar sigue su ascenso, acumulando en junio incrementos de entre 4% y 6%, dependiendo del segmento. Las estimaciones de las consultoras indican que no anticipan grandes aumentos en la inflación, lo que relativiza la subida del dólar. “Los precios se presentan bastante estables. La inflación rondará el 2% o un poco menos”, aseguró uno de los consultores.
El segmento mayorista se mantiene por debajo del límite cambiario, cerca de un 18% menos, aunque está ganando terreno y alcanzando casi los $1.480. En el ámbito financiero, los precios han superado este umbral, con el MEP a $1.502,5 y el CCL a $1.541,6.
El dólar minorista se sitúa en $1.495, y se busca alcanzar un consenso para lograr un nuevo equilibrio cambiario en el segundo semestre, sin descuidar el objetivo de acumulación de reservas. “Sin el mismo impulso global, con menores ingresos estacionales de divisas por el campo y un crecimiento de la demanda de cobertura, la tensión sobre los dólares comienza, lentamente, a ser evidente. El desafío radica en administrar de manera más precisa tasas que propicien la recuperación del crédito y la actividad, un tipo de cambio relativamente estable y la necesidad de recomponer reservas”, se concluye en el análisis.







