La caída en las cotizaciones de los bonos en dólares indica una mayor cautela entre los inversores. Aunque no hay un solo factor que explique la situación desde principios de julio, se pueden identificar varios elementos influyentes.
Por un lado, el contexto internacional es adverso, con un shock petrolero y el aumento de las tasas de interés en Europa y Estados Unidos, en un esfuerzo por controlar la creciente inflación. Por el otro, el escenario local está marcado por una incertidumbre política creciente, a medida que se acerca el año electoral y el Gobierno parece tener difícil asegurar una victoria.
La economía, además, carece de señales alentadoras para captar la confianza del mercado. Recientemente, el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) mostró un leve repunte del 0,1% mensual en agosto, tras una caída del 2,8% en julio. Este contexto de mercado interno deprimido contrasta con las necesidades de Javier Milei de impulsar su intención de voto.
Las inquietudes sobre quién asumirá el poder en los próximos cuatro años afectan la fortaleza de los bonos y contribuyen al aumento del riesgo país, sugiriendo un posible incumplimiento en el pago de la deuda.
A pesar de eso, el dólar oficial mantiene una estabilidad relativa, cerrando ayer en $1.545, con compras por parte del Banco Central que alcanzaron los 46 millones de dólares. Durante octubre, el Central ha acumulado adquisiciones por USD 1.150 millones, elevando las reservas brutas a 50.200 millones de dólares.
Por otro lado, la brecha entre el dólar oficial y el MEP respecto al contado con liquidación ha mostrado un aumento. El CCL llegó ayer a $1.638, lo que representa casi un 6% por encima del oficial, mientras que el dólar MEP finalizó en 1.549 pesos, con distancias similares.
Si bien el aumento no se considera drástico, el incremento en la brecha es significativo, ya que indica una mayor presión para dolarizarse y enviar divisas al exterior a través del mercado de bonos. Existe el riesgo de que, ante el aumento de la incertidumbre, esta presión se intensifique y cause una escalada adicional en la brecha.
Un argumento común en contra de la promoción de un tipo de cambio más alto es que la brecha entre el dólar oficial y los dólares financieros sigue siendo baja. Sin embargo, si en las próximas semanas se observa un aumento más notable, esto podría indicar que el mercado está dispuesto a aceptar un dólar más elevado en un contexto de mayor volatilidad y falta de certezas.
Esta semana, el Presidente reiteró que no existen motivos para considerar una devaluación, citando un récord de exportaciones y un superávit comercial que ya sobrepasa los USD 20.000 millones en lo que va del año. Este excedente de divisas ha permitido al Banco Central acumular reservas.
No obstante, la presión sobre el tipo de cambio podría reflejarse en los dólares financieros, especialmente en el CCL. La preocupación hacia el futuro, quizás mirando hacia 2027, radica en que la brecha cambiaria continúe aumentando de forma lenta pero sostenida.
La diferencia actual entre el CCL y el dólar oficial es significativamente menor en comparación a los niveles alcanzados durante la gestión de Alberto Fernández, donde la brecha superó ampliamente el 150 por ciento. Este fenómeno se debió a las severas restricciones cambiarias que limitaban el acceso al dólar oficial, lo que hacía que la demanda se direccionara a tipos de cambio financieros. Actualmente, esa tendencia ha disminuido considerablemente, en gran parte gracias a una reducción de los controles.







