La subida del riesgo país se debe a una serie de factores tanto externos como internos. El significativo aumento en los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos ha encarecido el financiamiento para las naciones emergentes. Sin embargo, en el caso argentino, se sumó una serie de problemas particulares: disminución en las compras de reservas, desaceleración de la actividad económica, incertidumbres sobre el financiamiento de los vencimientos de 2027 y un creciente clima de incertidumbre política de cara a las elecciones presidenciales.
El componente electoral ha comenzado a tener un peso notable, incluso tras el viaje de un alto funcionario a Nueva York. Este funcionario se reunió con más de 30 banqueros en un importante banco de inversión, intentando transmitir confianza respecto a la continuidad del programa económico y las posibilidades de reelección del actual presidente. No obstante, tras esos encuentros, el riesgo país superó los 600 puntos y continuó en aumento. Según diversas fuentes financieras que participaron de las reuniones, los inversores comenzaron a solicitar un mayor margen de cobertura ante la incertidumbre política hacia 2027.
Esta inquietud se refleja en la curva de bonos. Un estudio reciente reveló que la tasa forward del tramo correspondiente a 2027-2028, calculada a precios de medios electrónicos, pasó de un mínimo de aproximadamente 11,5 por ciento en la segunda quincena de julio a 18,9 por ciento a finales de septiembre. Este incremento señala el aumento del rendimiento exigido por el mercado sobre instrumentos cuyo horizonte incluye el próximo proceso electoral.
Fundación Capital también ha identificado este fenómeno. Entre el 25 de agosto y el 25 de septiembre, la consultora estimó que el riesgo implícito para el período posterior a las elecciones se elevó de 1.015 a 1.264 puntos básicos, lo que representa un aumento de 249 puntos. Esto indica que una porción creciente del deterioro en los bonos se concentra en el periodo después de 2027, aunque esta percepción se combina con factores económicos y financieros que ya impactan en el presente.
Entre esos factores se encuentran las reservas. Según Fundación Capital, las reservas netas del Banco Central actualmente superan los 12.000 millones de dólares, pero al descontar los desembolsos del Fondo Monetario Internacional, resultan negativas en cerca de 3.000 millones. Entre abril y julio, cuando el Banco Central registraba compras mensuales superiores a 2.200 millones de dólares, el riesgo país había disminuido unos 200 puntos. Sin embargo, desde agosto, con adquisiciones inferiores a 1.000 millones mensuales, se ha recuperado ese mismo nivel.
El deterioro de la actividad económica también influye en esta situación. El Estimador Mensual de Actividad Económica reveló en julio una disminución del 2,9 por ciento mensual y 1,4 por ciento interanual. Para encontrar una caída mensual mayor, excluyendo la pandemia, hay que retroceder hasta finales de 2019. Este resultado incrementa las probabilidades de una recesión técnica en el tercer trimestre, generando otra inquietud entre los inversores: una economía estancada limita la recaudación necesaria para mantener el equilibrio fiscal.
Este aspecto también se mencionó en los diálogos sostenidos por el funcionario en Estados Unidos. Fuentes financieras apuntaron que, una de las preocupaciones manifestadas en Wall Street gira en torno al margen que tiene el Gobierno para sostener su estrategia fiscal en un contexto de actividad en declive y mantener el apoyo electoral necesario para continuar el programa económico después de 2027. Esto representa una percepción del mercado, más que una certeza sobre el resultado electoral, pero ya empieza a reflejarse en los precios de los activos.
El contexto internacional ha añadido más presión. Una consultora informó que las tasas largas estadounidenses permanecen elevadas y aumentan las expectativas de futuros incrementos por parte de la Reserva Federal. Para los bonos emergentes, esta situación implica un escenario más complejo: cuanto mayor es el rendimiento de un título estadounidense considerado seguro, mayor debe ser la prima ofrecida por países con mayor riesgo.
Por otro lado, el dólar mayorista se cotizaba en torno a los 1.525 pesos tras cuatro sesiones consecutivas de incremento. El dólar MEP se situó cerca de 1.550 pesos, mientras que el contado con liquidación superó los 1.600 pesos. La demanda de cobertura se mantiene elevada a medida que el mercado sigue de cerca la capacidad del Banco Central para recomponer reservas.
En resumen, la escalada del riesgo país refleja problemas que parecen alimentarse mutuamente. Si bien las tasas internacionales explican parte del movimiento, la disminución en las compras de dólares, el declive en la actividad económica, las necesidades financieras para 2027 y la incertidumbre electoral añaden presión local. Con el indicador nuevamente cerca de los 640 puntos, el objetivo del Gobierno de regresar al mercado internacional, buscado durante los meses de estabilidad financiera, se vislumbra una vez más lejano.







