El oficialismo experimentó un revés en la Cámara Alta el jueves pasado. A pesar de que logró aprobar la propuesta de Federico Sturzenegger, debió dejar fuera del debate las iniciativas más relevantes del proyecto: la modificación de la Ley de Tierras y la Ley de Manejo del Fuego.
Las críticas a la Ley de extranjerización de tierras y el contexto político no jugaron a favor del Gobierno. El 16 de julio, justo un día después del triunfo de la Selección argentina ante Inglaterra, el Senado debía considerar por cuarta vez el proyecto del Ejecutivo.
No obstante, la euforia por la victoria y el despliegue de banderas dificultaron que esa sesión se llevara adelante. Además, el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, desbarató el intento de Bullrich de negociar cambios en la Ley de Tierras con los aliados.
Un episodio significativo fue el enfrentamiento público entre Villarruel y Bullrich durante la sesión. Aunque no está claro quién divulgó la conversación privada, varios mensajes filtrados mostraron a la presidenta del Senado presionando a Bullrich para cancelar la sesión, con un tono hostil.
Pese a que inicialmente habían recuperado la relación, fuentes cercanas a la Vicepresidenta afirmaron que se rompió completamente después de que Bullrich calificara a Villarruel de “mamarracho” en una entrevista previa a la sesión. Desde entonces, la tensión ha sido evidente.
La falta de Villarruel en el recinto, debido al viaje internacional de Javier Milei, se sintió en el ambiente tenso del último jueves. La Vicepresidenta decidió respaldar el pedido de Anabel Fernández Sagasti para que el Senado pudiera votar a distancia, dado su estado de salud. Esta solicitud generó malestar en el bloque libertario durante un momento estéril de votación.
Aun así, Bullrich obstaculizó esta jugada, logrando que el propio bloque peronista votara en contra del pedido de la senadora. “Le ganamos la pulseada a Villarruel”, afirmó una voz cercana a la jefatura del bloque.
La decisión se basó en la expectativa de que el bloque Justicialista no insistiría en el voto a distancia, ya que esto podría afectar votaciones futuras.
A pesar de las tensiones, desde el entorno de la Vicepresidenta sostuvieron que su intervención no representaba una derrota, y celebraron que se excluyera la Ley de Tierras, dado que era una de sus preocupaciones.
La confrontación entre Bullrich y Villarruel no terminó allí. Se reportaron acusaciones del bloque libertario hacia el jefe de asesores de Villarruel, Mario Russo. En este contexto, la senadora Emilia Orozco presentó un reclamo de privilegio señalando a Russo por supuestas amenazas hacia Cristian Larsen, prosecretario de bloque.
Orozco destacó que Russo, quien es cercano a Villarruel, había amenazado a Larsen con “tirarlo por la ventana” en los pasillos del Congreso. Anteriormente, Russo ya había sido denunciado en 2022 por amenazas y agresiones dirigidas a una diputada nacional.
Desde el círculo de Villarruel respondieron que las acusaciones eran “tergiversaciones y mentiras”, asegurando que no fueron notificados de dicha denuncia y que la conversación con Larsen no ocurrió en esos términos.
Mientras tanto, Villarruel sigue desarrollando su estrategia de diferenciación política en el Senado, acercándose a diferentes grupos legislativos. Según trascendió, los senadores de Santa Cruz, José María Carambia y Natalia Gadano, ya están alineados con ella.
Además, Villarruel no oculta su aspiración de postularse el próximo año, aunque aún no se ha definido en qué ámbito. A pesar de que su propuesta no convence a todos dentro del peronismo, voces como la del senador José Mayans abogan por su integración en un futuro armado político.
“Se ha hablado mal de la Vicepresidenta, o del secretario de la Vicepresidenta, ¿qué ironía en esta democracia?”, expresó el senador formoseño en su discurso final, antes de votar en contra de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, once horas después de la cuestión de privilegio planteada por Orozco.
En este contexto, Villarruel parece estar explorando un peronismo de derecha o nacionalista, aunque aún no ha decidido su lugar en el espectro político.







