Es fundamental evitar tanto el alcohol como las bebidas azucaradas. No se trata de eliminar completamente las grasas, sino de regular la cantidad total de energía consumida y de considerar la procedencia de esos alimentos.
Cerca de 1 de cada 3 argentinos padece hígado graso, una condición con frecuencia asintomática que se relaciona con factores como sobrepeso, mala alimentación, diabetes y la falta de actividad física. Existen dos categorías principales: hígado graso no alcohólico y alcohólico.
“El hígado graso no da síntomas. Primero es la acumulación de grasa dentro de las células del hígado y eso se inflama y cicatriza. Hasta ahí lo podemos revertir. Pero cuando pasa la cirrosis ya es mucho más difícil”, afirmó un cardiólogo en una reciente entrevista.
En este contexto, enfatizó que el hígado graso representa un factor de riesgo para el infarto de miocardio y el accidente cerebrovascular.
“A mí, como cardiólogo, me da una alerta a futuro porque podés tener un problema cardíaco. Si tengo un paciente de 40 años con hígado graso, tengo que estar muy atento. Es como si hiciera un análisis de corazón 10 años antes porque le va a impactar en el corazón. Me da la alerta del corazón”, precisó.
El especialista advirtió que si esta condición no se controla puede derivar en tres tipos de patologías:
Dado que el hígado graso rara vez presenta síntomas en sus primeras etapas, recomendó realizar dos estudios fundamentales para su detección y así evitar su progresión en el organismo.
“Para diagnosticar, se utiliza la ecografía y el análisis de sangre. Cuando las enzimas hepáticas están elevadas, ahí surge la sospecha”.
Agregó: “Cuando veas esa ecografía, podés hacer muchas cosas para estar mejor. Trata de alimentarte sano y saludable. Chequéate”.
Por último, sugirió un tratamiento:
El médico relacionó el alto índice de esta afección en el país y en el mundo con el consumo de jarabe de maíz de alta fructosa, un endulzante líquido industrializado derivado del almidón de maíz, presente en numerosos productos procesados debido a su bajo costo y alto poder edulcorante.
“Circula en muchos alimentos. Si vas a comprar algo, evita aquellos que contienen este jarabe. Es más barato que el azúcar y es metabolizado únicamente en el hígado, donde provoca acumulación”, concluyó.
1. Jugo de remolacha
Según la organización Fundahígado, el jugo de remolacha está entre las opciones más efectivas para depurar el hígado. Este vegetal es rico en potasio, vitamina C y antioxidantes como la betalaína, que ayudan a mitigar la inflamación y a proteger el órgano contra complicaciones como el síndrome hepatopulmonar, común en pacientes con cirrosis.
2. Té verde
El té verde se asocia con una disminución significativa en el riesgo de enfermedades hepáticas, incluida la cirrosis. Un metaanálisis publicado en una revista especializada indicó que esta infusión podría reducir la probabilidad de padecer hepatitis, hígado graso y carcinoma hepatocelular.
3. Café
El café ha demostrado tener efectos protectores sobre el hígado cuando se consume de forma moderada. Una organización dedicada a la salud hepática sostiene que beber café puede disminuir el riesgo de cirrosis y de un tipo específico de cáncer hepático.
Un estudio de 2021 concluyó que incluso el café descafeinado y el instantáneo están relacionados con una menor incidencia de enfermedades hepáticas crónicas. El consumo recomendado es de 3 a 4 tazas al día.







