La especialista destacó: “Un paro cardíaco ocurre en cuestión de segundos. En eventos deportivos con gran afluencia de público, el tiempo que transcurre hasta recibir atención médica es determinante para la supervivencia”. Además, explicó que, según distintos estudios, “por cada minuto que pasa sin desfibrilación, las probabilidades de sobrevivir disminuyen entre un 7% y un 10%. Por este motivo, cuando los servicios de emergencia tardan, la respuesta inmediata es fundamental”.
El DEA actúa como un nexo entre el momento del colapso y la llegada del equipo médico. Sin embargo, Lazarte aclaró: “No sustituye a los profesionales de la salud, sino que complementa su labor, permitiendo iniciar la atención médica crítica mientras se espera la llegada del personal especializado”. La desfibrilación temprana, acompañada de maniobras de Reanimación Cardiopulmonar (RCP), aumenta considerablemente las chances de sobrevivir.
Según Lazarte, para el correcto funcionamiento de estos dispositivos, “los DEA Serie C de Mindray están diseñados para guiar al operador a lo largo del procedimiento, ofreciendo instrucciones claras y automatizando funciones cruciales. No obstante, su utilización debe estar a cargo de personas con formación en soporte vital básico (SVB/BLS) o soporte vital cardiovascular avanzado (ACLS)”.
El dispositivo evalúa automáticamente el ritmo cardíaco y solo administrará una descarga si está clínicamente indicada. Esto significa que el operador no necesita interpretar un electrocardiograma para determinar si la desfibrilación es necesaria; simplemente sigue las instrucciones del equipo durante la intervención. “El operador no toma decisiones sobre la descarga: el dispositivo efectúa el análisis y permite la desfibrilación solo cuando es pertinente. Esto facilita que quien asiste se enfoque en seguir el protocolo de reanimación”.
Lazarte subrayó que, en situaciones de emergencia, cada segundo es vital; por lo tanto, estos DEA tienen características diseñadas para agilizar su preparación y simplificar su operación, reduciendo los tiempos de espera y favoreciendo una intervención más rápida. “En un ambiente de alta tensión, como un partido decisivo, contar con tecnología que facilite el procedimiento y minimice la cantidad de acciones requeridas es una ventaja clínica significativa”, enfatizó la experta.
Asimismo, destacó que la adecuada ejecución de la RCP depende de factores como la profundidad y frecuencia de las compresiones, y la posición de las manos. En situaciones críticas, el estrés y la presión pueden dificultar la actuación, incluso en personas entrenadas. “Por eso, los DEA Serie C de Mindray incluyen asistencias visuales y sonoras que guían al operador paso a paso, asegurando que la intervención siga los protocolos internacionales de reanimación”.
“Estas herramientas se complementan con funciones que facilitan la preparación, como el encendido rápido, electrodos preconectados e ilustraciones para su correcta colocación, alineadas con las recomendaciones de organizaciones internacionales como la American Heart Association (AHA) y el European Resuscitation Council (ERC)”, sostuvo Lazarte.
Finalmente, mencionó que el miedo sigue siendo una de las principales barreras ante un paro cardíaco. Muchas personas temen cometer errores o repercusiones legales. A pesar de ello, un DEA correctamente utilizado por personal capacitado es una herramienta segura, diseñada para actuar solo cuando la desfibrilación es necesaria.
“Integrar tecnología es fundamental para fortalecer la capacitación de quienes podrían actuar en emergencias. La formación en RCP y el uso de DEA debe ser parte de una estrategia constante en empresas, clubes, instituciones educativas y espacios públicos. Disponer del equipo es crucial, pero también es esencial saber cómo actuar cuando cada segundo es vital”, concluyó.
En términos de cardioprotección, Lazarte considera que tener estos dispositivos es solo el primer paso. El mantenimiento y la verificación periódica del estado operativo son igualmente esenciales para asegurar una respuesta efectiva. “La cardioprotección se aborda desde tres dimensiones complementarias: acceso a la tecnología, capacitación de las personas y soporte técnico a las instituciones. La primera implica asegurar la disponibilidad de DEAs en lugares con alta afluencia de público”, comentó.
También agregó: “La segunda busca fomentar el reconocimiento inmediato de un paro cardíaco y capacitar en maniobras de RCP y en el uso del DEA a los potenciales intervinientes. Por último, la tercera dimensión abarca soporte técnico y mantenimiento preventivo para garantizar que los equipos estén siempre listos para su uso”.







