Rappallini explicó que, en comparación con la inflación general que ronda el 180% a 190%, los servicios se incrementaron alrededor del 300%, mientras que la industria apenas alcanzó un 120%. “Nosotros hemos sido un gran ancla para la inflación”, sostuvo.
En su discurso, también destacó la urgencia de reducir impuestos para facilitar la competencia frente a un mercado global cada vez más agresivo, sobre todo por parte de China. Subrayó que es esencial brindar mejores condiciones a los sectores industriales.
En este sentido, valoró los avances en la disminución de los derechos de exportación para productos industriales, señalando que Argentina es uno de los pocos países que aún aplica este tipo de gravámenes. Rappallini recordó que ya se implementó una fase inicial de reducciones para las pequeñas y medianas empresas, y una segunda fase se llevará a cabo de manera gradual hasta el próximo año.
Además, explicó que la UIA mantiene una comunicación constante con el Gobierno para promover medidas que incrementen la competitividad, como la reducción de aportes patronales y la creación de un régimen específico para la industria similar al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
Este régimen, según explicó, permitió equiparar las condiciones tributarias de sectores relacionados con recursos naturales con otros países competidores como Chile, Australia y Estados Unidos; y ahora, la industria requiere herramientas para competir con economías como Brasil y China.
Al respecto, mencionó que la presión fiscal se sitúa en torno al 50%, pero debido a un 40% de informalidad, en la práctica se refleja como un 30% debido a que una parte significativa no realiza pagos.
En cuanto a las perspectivas económicas, Rappallini advirtió que la segunda mitad del año se presenta “compleja” y subrayó la necesidad de estimular el consumo y generar condiciones para el acceso al crédito, con el fin de reactivar sectores que se encuentran rezagados.
Precisó que la industria exhibe una dinámica desigual, con algunos rubros como la construcción, el sector textil, el calzado, la metalmecánica y los autopartistas que aún no logran alcanzar los niveles de actividad previos al 2022, estando entre un 25% y un 30% por debajo de aquellos registros.
Aunque el sector manufacturero en general se encuentra cerca de un 10% por debajo de los niveles de 2022, que ya eran deficitarios, Rappallini valoró los signos de crecimiento en la economía y la expansión de las exportaciones.
Sin embargo, enfatizó la necesidad de abordar la situación de todos los sectores productivos, dado que persisten problemas relacionados con la pérdida de empleo, que ya alcanza a 70.000 puestos desde mediados de 2023, así como el cierre de empresas.
El titular de la UIA también destacó que las pymes han sido las más perjudicadas por el significativo incremento de las tasas de interés, lo que ha impactado negativamente en su situación financiera. En respuesta, se implementó un esquema para facilitar la renegociación de deudas empresariales y permitir que las firmas puedan estabilizar su situación financiera.
Esta iniciativa, desarrollada en conjunto con entidades bancarias, buscó mitigar las dificultades provocadas por la crisis financiera que se produjo entre septiembre y octubre del año pasado, cuando las tasas de interés llegaron a acercarse al 100%.
Rappallini insistió en la necesidad de mejorar las condiciones de competitividad en un contexto de mayor apertura económica, señalando que muchos productos importados llegan al mercado con ventajas tributarias y arancelarias. Esto genera una competencia desleal para la producción nacional.
Además, manifestó su preocupación por el avance comercial de China, un sentimiento que parece compartido por otras economías. Según indicó, Estados Unidos, Europa y Brasil han comenzado a implementar medidas en respuesta a esta situación. “Hoy el mundo está tomando nota de la agresividad comercial de China y aplicando medidas”, aseguró.
El presidente de la UIA subrayó que China controla cerca del 55% de la producción mundial de acero, automóviles, aluminio y plásticos, advirtiendo que tiene el potencial de expandir aún más su participación en el mercado. A su juicio, una concentración excesiva de la producción manufacturera global podría poner en peligro el comercio internacional.
“El libre comercio funciona cuando hay reglas parejas para todos. Si un país subsidia exportaciones, entonces se anula el libre comercio, llevándolo a un monopolio total que destruye el tejido industrial y las empresas a nivel global”, concluyó.







