En la zona núcleo, el último reporte de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) prevé una disminución de 300.000 hectáreas en comparación con el ciclo anterior, lo que equivale a una caída del 17% en la intención de siembra.
En el sudeste bonaerense, la principal área de producción de trigo del país, la llegada del otoño ha estado marcada por un buen nivel de humedad en el suelo, pero los productores están cada vez más preocupados por los costos de producción. Desde el inicio del conflicto en Medio Oriente, el precio de la urea, un insumo fundamental para los cultivos invernales, se ha elevado de aproximadamente 550 dólares por tonelada a cerca de 1.000 dólares en la actualidad. Otros componentes como el fósforo, los costos de transporte y los arrendamientos también han aumentado en la misma proporción.
“Es tiempo de afilar el lápiz”, comentó Jorge González Montaner, coordinador técnico agrícola de la región CREA Mar y Sierras. La gran interrogante que enfrentan muchos productores es sobre qué cultivar en la campaña fina para que los números sean viables.
“Este año, el escenario para la campaña fina no es igual al del anterior. Es probable que la siembra descienda de manera significativa”, advirtió el experto, quien se encuentra en Tandil.
Históricamente, la cebada ha sido el cultivo predominante en la región, representando cerca del 60% de la siembra invernal y con rendimientos superiores al trigo en aproximadamente cinco quintales por hectárea. Sin embargo, en los últimos cinco años, esa diferencia se ha reducido por factores climáticos. Además, la disminución en el consumo de malta ha mermado la prima de precios que hacía que los productores optaran por la cebada en lugar del trigo.
“El cultivo de cebada requiere más fertilización y es más susceptible a la humedad excesiva. Por lo tanto, a pesar de su precio más alto, este año no resulta tan atractivo”, resumió.
Por su parte, el trigo tampoco se presenta como una opción muy tentadora. El aumento del precio del nitrógeno, que se ha duplicado en comparación con campañas pasadas, es el principal obstáculo. Para obtener rendimientos de 5.000 kilos por hectárea, se requieren alrededor de 175 unidades de nitrógeno, un gasto considerable dado el costo actual de la urea.
En este contexto, la colza surge como el cultivo que podría ofrecer un mejor margen bruto potencial. Con un precio de 500 dólares por tonelada, incluso con rendimientos que suelen ser la mitad que los del trigo o la cebada, la relación entre insumos y productos podría resultar favorable.
No obstante, González Montaner señala que la colza tiene requerimientos técnicos que no deben tomarse a la ligera. La fecha de siembra es crucial: las plantas que ya se han establecido y que muestran un buen desarrollo, en rosetas de al menos ocho hojas, son indicativas del éxito en su producción.







