La subestimación de síntomas es uno de los principales inconvenientes, según Tartaglione. El infarto no siempre se manifiesta con el característico dolor en el pecho: “A menudo no se presenta como la ‘pata de elefante’, sino que puede sentirse en la mandíbula, en la espalda o con molestias inusuales”. Por esta razón, recomendó no ignorar ninguna señal, sugiriendo que ante un síntoma extraño, se busque atención médica de inmediato: “Cualquier síntoma que no sea habitual en el pecho o los alrededores, no dudes en acudir rápidamente a un centro de salud o llamar al 107”.
El cardiólogo también hizo hincapié en el peligro de la automedicación y en las diferencias en los síntomas entre hombres y mujeres. “En muchas ocasiones, los síntomas de las mujeres quedan en un segundo plano”, observó, y enfatizó que “es preferible hacer una consulta de más que arrepentirse luego”.
En relación con la urgencia que plantea un infarto, Tartaglione destacó que “el tiempo es oro” ante una obstrucción coronaria. Explicó que, al bloquearse una arteria, la sangre deja de fluir al corazón, causando daños que pueden ser irreversibles: “Entre las dos y seis horas, algo sucederá; si se supera ese lapso, la recuperación se torna complicado”. En este contexto, destacó la importancia de los stents, como el implantado a Levinton: “Funciona como una manguera obstruida: el médico accede a través de la muñeca o la ingle, recorre las arterias del corazón y las desbloquea”. Resaltó que este dispositivo fue desarrollado por el argentino Julio Palmaz y que “miles de personas conviven hoy con un stent”.
En Argentina, alrededor de 100 infartos se producen diariamente, y se estima que “la mitad no llegan al hospital”. Aunque a los 35 años no es común que ocurran infartos, salvo por causas genéticas, el médico señaló que este evento es “el resultado acumulativo de diversos factores de riesgo”, como: la mala alimentación, el tabaquismo, el consumo de drogas, el sedentarismo y la historia familiar, así como síntomas como la falta de aire en esfuerzos mínimos. “No quiero asustarte ni obsesionarte, pero es importante cuidarse”, afirmó, subrayando que la actividad física y una alimentación saludable son esenciales como medidas de prevención.
Finalmente, Tartaglione subrayó la importancia de la salud emocional, un factor que frecuentemente se pasa por alto. “La angustia y la depresión son cuestiones relevantes”, advirtió, señalando que la inestabilidad anímica es un factor de riesgo cardiovascular. “Si sientes una presión en la boca del estómago de la que no tienes claridad, consulta, conversa con tu terapeuta, tu médico o un amigo, pero no te quedes en silencio”, concluyó.







