El Instituto Cristiano Vicente López, situado en Florida, ha vuelto a convocar a su comunidad educativa para dar a conocer la grave situación que enfrenta, marcada por una caída sostenida de inscripciones, un incremento de los costos operativos y la falta de apoyo por parte de las autoridades gubernamentales. La institución, con 53 años de trayectoria y un papel significativo en la comunidad, atiende a alumnos con certificado único de discapacidad (CUD) y proporciona apoyo pedagógico especializado. La concurrida reunión se llevó a cabo en su sede de Chacabuco 435, en un contexto de intensas lluvias, y reunió a autoridades, docentes, alumnos y familias, quienes expresaron su preocupación y el esfuerzo agotado por mantener el colegio. En los últimos meses, después de intentar obtener financiamiento externo sin éxito, el foco se ha centrado en la necesidad de una subvención por parte del gobierno de la provincia de Buenos Aires para cubrir los salarios docentes, petición que aún no ha sido atendida. Fundado en 1973 por la Iglesia Evangélica Bautista como un jardín de infantes llamado “El Principito” en Villa Martelli, el Instituto se trasladó luego a Florida, donde comenzó a funcionar también como jardín materno-infantil en la sede de Alsina 1757, que aún conserva. En las últimas dos décadas, ha incorporado el nivel primario, cuyo funcionamiento tiene lugar en un segundo edificio, y en 2023 se añadió el nivel secundario. Actualmente, alberga a 171 alumnos, de los cuales 38 poseen CUD, y emplea a 55 personas. La directora Adriana Rosa, quien lidera la institución, fue la vocera de la convocatoria realizada junto a su esposo, Víctor Hugo Addolorato, representante legal del colegio, para informar sobre la crisis por la que atraviesan: el nivel inicial ha visto caer su matrícula en cerca del 70%, el primario cerca del 40% y el secundario ha mantenido una mayor estabilidad. “Estamos enfrentando una crisis como nunca en nuestros 56 años”, declaró Rosa. Según su testimonio, esta crisis es el resultado de “una multiplicidad de motivos”, entre ellos, “la baja en la natalidad, que está forzando a casi todas las escuelas a tomar decisiones”, y el hecho de que muchas familias no pueden acceder al pago de la cuota. “Aunque somos una escuela pequeña, no podemos subsistir porque nuestras familias trabajadoras ya no pueden pagar como antes”, añadió. Desde 2025, la institución ha buscado ayuda en organismos gubernamentales, fundaciones y otras entidades, pero sin recibir respuestas efectivas. Por tal motivo, el 2 de junio pasado comunicó su decisión de cerrar la escuela a la comunidad educativa, con varios meses de antelación al cierre del ciclo lectivo, para brindar tiempo a las familias para que encuentren nuevas alternativas. Rosa agradeció el apoyo recibido tras el anuncio, resaltando que “fue muy poco el desgranamiento que hubo” y que las familias se comprometieron a quedarse hasta el final. Actualmente, la asistencia estatal del gobierno provincial para el colegio cubre solo cuatro cargos del nivel inicial, con una subvención del 60% para cada uno. Rosa expresó que la singular estructura de la institución la sitúa en una zona ambigua en cuanto a la posibilidad de recibir mayor asistencia estatal. “Desde afuera, me podrían decir: ‘Adriana, ustedes tienen una escuela especial adentro de una escuela común’. Sí, yo sé, pero apelo al Estado y al gobierno de la provincia para que piensen que aquí también hay una escuela especial incluida”, sostuvo. A pesar de la falta de apoyo estatal, tanto a nivel municipal como provincial, la directora afirmó que el colegio es considerado “una de las instituciones más inclusivas de la Región Educativa 6”, un área definida por la Dirección General de Cultura y Educación provincial para organizar y supervisar el sistema educativo en el Gran Buenos Aires. En la reunión, varios miembros de la comunidad pudieron expresar sus sentimientos y preocupaciones sobre el futuro de la institución. El encuentro incluyó el canto del Himno Nacional y una oración colectiva. “De todo corazón, quiero decir que necesitamos ayuda. Este es un colegio maravilloso que no se encuentra en otros lados”, lamentó Maximiliano, un alumno de secundaria, mientras sostenía la bandera argentina. A su lado, su compañera Geraldine pidió apoyo para continuar con esta querida institución que ha acogido a todos sus alumnos. Posteriormente, padres y docentes compartieron sus reflexiones. “Para nosotros, este es un lugar extraordinario, no solo por el profesionalismo, sino por la comunidad que hemos formado. Aquí nadie es juzgado por sus capacidades, sino por lo que pueden llegar a lograr”, comentó Analía Testa, madre de un estudiante de quinto año. Asimismo, Juan Ignacio, profesor de música, destacó el vínculo afectivo con el colegio y su relevancia para los alumnos. “Este es un lugar que quiere ser ayudado para poder seguir”, expresó. Ricardo Spizzo, profesor universitario y colaborador de la escuela, subrayó la importancia de la institución y cuestionó las posibilidades de su cierre. “Este colegio abre más puertas. Aquí los alumnos son personas, no números. El cierre de un colegio con estos valores sería una catástrofe”, sentenció. Pablo Aragón, director del nivel secundario, enfatizó la necesidad de apoyo: “Estamos frente a una necesidad. Apelamos al criterio de las autoridades provinciales”. Por su parte, Érica Garimberti, madre de un alumno, reafirmó la importancia social del colegio y la necesidad de cuidarlo. Juan Carlos, representante de la Iglesia Evangélica Bautista, recordó los inicios del establecimiento con amor y dedicación. A pesar de la resistencia al cierre, la situación crítica obligó a los padres a buscar alternativas para asegurar la educación de sus hijos. Aunque fueron informados sobre la posibilidad del cierre con meses de anticipación, muchos todavía no han conseguido vacantes en otros colegios, especialmente para aquellos con CUD. “Se habla mucho de inclusión, pero pocos lugares abren sus puertas como aquí”, cuestionó una madre. Martín Forte, padre de tres hijos, quien resaltó que el Instituto Cristiano es el único establecimiento que garantiza la inclusión para su hija con discapacidad, expresó su angustia: “No hay otro. Se va a perder la posibilidad de educarse. Necesitamos ayuda. Tanto se habla de inclusión, ¿por qué no la ponemos en práctica?”.
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