Además, presentó el neologismo “faltacidad” para describir que, si la felicidad es posible, debe incluir faltas, dolores y heridas. “No existe la felicidad, existe la faltacidad. Que es una felicidad que es capaz de abrazar todas las faltas, ausencias, dolores y heridas”, expresó.
Desde esta perspectiva, Rolón argumentó que cualquier intento de alcanzar una plenitud absoluta está destinado al fracaso, ya que ignora la naturaleza finita de la existencia humana. Esta noción se aplica de manera particular al ámbito de las relaciones amorosas, donde el autor advierte sobre la ilusión de la “media naranja”. En su opinión, “son naranjas que han perdido gajos por el camino. Nadie nos va a completar nunca”.
En otro orden de ideas, Rolón indagó en los conceptos de esperanza y fe, los cuales analiza con un enfoque crítico. “La esperanza te deja un poco incapacitado de jugar un deseo a la espera de que ocurran cosas que son más mágicas que personales”, sostuvo. También enfatizó que el amor actúa como un “invento maravilloso para engañar por un rato a la muerte”, y que su expresión saludable consiste en la renuncia consciente al poder sobre el otro.
En este sentido, aclaró: “La persona que te ama con sanidad es la que renuncia a usar ese poder. Nunca usa el poder que tiene sobre vos para dañarte”. Por último, el experto se refirió a la influencia de los mandatos familiares y culturales, que en psicoanálisis se conoce como “superyó”. Según Rolón, el destino a menudo se ve afectado por voces ajenas que oscurecen la percepción de los verdaderos deseos individuales.
“El psicoanálisis es el arte de intentar que alguien no cumpla su destino”, reveló. En lugar de buscar una felicidad estática, el analista aboga por una postura activa que enfrente el propio deseo, reconociendo que la felicidad, aunque elusiva, se manifiesta en momentos efímeros. “La felicidad es ese momento de eternidad donde lo que fuiste, lo que querés ser, lo que te atormenta del pasado y lo que le temés al futuro coexisten”, concluyó.







