“¿Ladra eso y ya está? ¿O se queda ladrando mucho tiempo?”, cuestiona Liquindoli en uno de sus videos, subrayando que esta es una de las primeras interrogantes que deben plantearse antes de intentar corregir un comportamiento que puede ser normal.
El especialista explica que a lo largo de cientos de años, los perros han sido seleccionados para desarrollar comportamientos relacionados con la vigilancia y la protección. En este sentido, unos pocos ladridos ante un estímulo específico pueden considerarse parte de su comportamiento natural.
Liquindoli detalla que el ladrido puede estar motivado por instintos protectores o territoriales. Al detectar un sonido que percibe como extraño, el perro responde con un ladrido, intentando alertar a su grupo. “Esto viene de fábrica, los genes”, asegura el educador canino. Sin embargo, aclara que, si bien algunos perros pueden reaccionar por miedo, eso no implica que todos los ladridos frente a ruidos sean problemáticos.
El panorama cambia cuando el estímulo desaparece y el perro no logra relajarse. Si ladra unas cuantas veces y luego reanuda su rutina, no necesariamente hay un problema, ya que esto puede ser parte de su naturaleza. “Eso es ser perro, no le podemos pedir que no sea perro”, resume Liquindoli.
Las cosas son distintas si el perro permanece tenso y alerta. “Si se queda tildado 10 o 15 minutos y ante el mínimo ruido se sobresalta, está todo el día estresado, eso es otro asunto”, advierte el experto.
En estas situaciones, el perro adopta una postura hipervigilante, atento a cualquier sonido y listo para reaccionar, incluso cuando no hay una amenaza palpable. Esta constante vigilancia puede convertirse en un factor de riesgo para su bienestar.
Para el educador canino, la clave no radica en eliminar por completo el ladrido, sino en observar el comportamiento del animal antes, durante y después de que ocurre. Un ladrido breve seguido de la relajación del perro puede ser parte de su respuesta normal ante el entorno. En cambio, si el ladrido se prolonga y el perro se mantiene estresado, es imperativo investigar la causa de esa reacción. “Ahí vemos qué hacemos, qué cambios en el entorno podríamos implementar, qué ejercicio necesita, qué estrategia seguir”, explica Liquindoli.
De este modo, ante comportamientos repetitivos que generan estrés, el especialista sugiere enfocarse en el contexto y las necesidades del perro, en lugar de buscar simplemente silenciar su ladrido. “Está expresando su motivación de proteger algo que le genera desconfianza, cuidar de su grupo”, concluye.







