Durante agosto, la situación financiera se tornó aún más complicada: aproximadamente la mitad de la población no llega al día 15 y uno de cada cuatro queda sin recursos al día 10.
Estos datos surgen del Monitor de Opinión Pública (MOP) realizado por una consultora especializada. El informe revela que en el primer semestre del año, el 60,2 por ciento de las personas tomó algún tipo de deuda o crédito. Este porcentaje asciende al 70,2 por ciento en la clase baja y al 67,1 entre los jóvenes de 18 a 39 años, los grupos más afectados por la escasez de ingresos.
El estudio destaca que en la clase baja, un 87,6 por ciento de los individuos agota sus ingresos antes del día 20, mientras que en la clase alta, esta proporción se reduce únicamente al 7,3 por ciento. En cuanto a la diferencia de edad, el 83,3 por ciento de los jóvenes de 18 a 39 años no llega a esa fecha, en contraste con el 60,3 por ciento de quienes superan los 60. Esto pone de manifiesto que, aunque el fenómeno afecta a diversos sectores, los más perjudicados son aquellos con menores ingresos y la población juvenil, algo que el informe describe como una “brecha social determinante”.
La mayoría de las deudas contraídas responden a necesidades esenciales, ya que el 55,6 por ciento de quienes solicitaron financiamiento lo hizo para cubrir gastos de alimentos y salud, y un 20,4 por ciento para abonar tarifas y servicios.
Entre las preocupaciones principales de los entrevistados, se observó un cambio notable en agosto: la corrupción, que antes ocupaba el primer lugar, cayó al cuarto puesto. Ahora, las inquietudes más significativas son los ingresos y salarios (50,1 por ciento), la incertidumbre económica (49,8) y el desempleo (40,9). La inflación, en cambio, quedó última en la lista de las diez preocupaciones más relevantes (12,7 por ciento). Según indica el informe, “el nuevo ordenamiento confirma que la preocupación social ya no se centra en el aumento de precios, sino en la capacidad de los ingresos familiares para sostener el gasto diario y en la estabilidad laboral”.
En términos generales, la percepción acerca de la economía del país sigue siendo mayoritariamente negativa, con un 59,4 por ciento calificándola como mala o muy mala, porcentaje que alcanza casi el 75 por ciento en la clase baja. En contraste, la valoración de la economía personal experimentó una leve mejora al pasar del 27,2 por ciento de aprobación en julio al 29,8 en agosto.
“Lo que deja agosto es un cuadro social donde la urgencia del ingreso ya no es un problema coyuntural, sino un rasgo estructural que se reproduce mes a mes”, sostiene la consultora.
La encuesta también revela una gran discordancia entre los datos oficiales y la percepción de los ciudadanos. Un 65,8 por ciento de los encuestados opina que el índice publicado por el organismo oficial no refleja el aumento de precios que experimentan en su vida cotidiana, y un 81,2 por ciento considera que su salario no es suficiente para superar la inflación. Este sentimiento se extiende incluso a los votantes del oficialismo, donde el 61,2 por ciento comparte esa crítica.
“La necesidad de recurrir al crédito para cubrir alimentos, salud y tarifas es más pronunciada en los sectores de menores recursos y en los jóvenes, la misma población que, de acuerdo a los datos de julio, en un 86,6 por ciento requiere de dos o más empleos para llegar a fin de mes”, analiza la consultora.
Ambos análisis presentan un patrón similar: “una generación que mantiene su nivel de vida mediante trabajo adicional y deuda. La leve mejora en la percepción de la economía personal y de la economía nacional coexiste con una base material que continúa erosionándose: aunque hay esperanza en el discurso, esta aún no se traduce en una recomposición efectiva del poder adquisitivo”, subraya el informe.







