Aunque culturalmente la sociedad argentina ha mostrado un rechazo histórico hacia el consumo de carne de caballo, considerándolos parte del trabajo, el deporte y la cría, esta actividad ha funcionado como un “negocio residual”. La faena se enfoca predominantemente en caballos descartados del trabajo, de competiciones deportivas y de cría, cuya cantidad ha disminuido debido a la mecanización y a una mayor sensibilidad hacia el bienestar de los animales.
La faena de caballos fue prohibida en los años 80, pero fue reactivada mediante la ley 24.525 en 1995. En la actualidad, existen cuatro frigoríficos autorizados, todos con fines de exportación, aunque solo tres están operativos. La falta de trazabilidad ha generado complicaciones para el sector, en un contexto en el que se estima que Argentina alberga más de cuatro millones de caballos.
A raíz de investigaciones y denuncias de organizaciones de bienestar animal, la Unión Europea estableció la necesidad de incrementar los controles de seguridad alimentaria y calidad, así como evitar el uso de sustancias no aptas para el consumo humano, dado que Argentina ha sido históricamente el principal exportador de carne equina, aunque actualmente ha sido superada por Mongolia.
Hace tres años, la creciente presión de la Comunidad Europea sobre la trazabilidad y la pureza del historial médico de los equinos llevó al Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) a exigir, a través de la resolución 278 de 2022, la identificación por medio de chips para todos los caballos. En respuesta, la Unión de la Industria Cárnica Argentina (Unica) introdujo el Sistema Realidad, que busca asegurar el Registro, Movimiento y Trazabilidad total de los équidos. Se contrató a veterinarios para colocar chips de forma gratuita a los caballos que necesitaban cumplir con los requisitos establecidos por la Comunidad Europea. Esta iniciativa fue impulsada por Bernardo Cané, quien era el titular del Senasa en ese momento.
Sin embargo, un veterinario de deportes comentó que “la acción fue absolutamente inútil desde el punto de vista del control real. Los chips colocados en los caballos no contenían información”. Más allá de las buenas intenciones, esto se convirtió en un engaño hacia la Unión Europea, donde los veterinarios contratados iban a los campos a ofrecer el servicio de chipeo, aun cuando esos caballos no fueran destinados a los frigoríficos. Se requería cumplir con un mínimo de 100.000 chips para poder cumplir con la exigencia.
Los resultados de la última auditoría de la UE, fechada el 6 de noviembre de 2023, dieron cuenta de irregularidades en las declaraciones juradas de los propietarios de los frigoríficos, y plantearon serias dudas sobre la capacidad de garantizar bienestar animal durante el sacrificio, un criterio que la Unión Europea anunció como “sistemáticamente incumplido”.
Frente a estas irregularidades, varias organizaciones, incluida Eurogroup for Animals, solicitaron la suspensión de las importaciones de carne equina de Argentina, Uruguay y Canadá, similar a lo que ya se había hecho con Brasil y México. A su vez, el Parlamento Europeo ya había fijado su posición a favor de una prohibición en 2021.
Además de la imposibilidad de asegurar el bienestar animal, la auditoría reveló que la veracidad del historial de medicamentos era incierta, dependiendo de declaraciones juradas frecuentemente falsificadas. Esto representaba un riesgo de que caballos con residuos de fármacos prohibidos ingresaran a la cadena de suministro. La preocupación del Senasa se centra en cumplir con las exigencias de la Comunidad Europea.
Bernardo Cané, actual presidente de la Mesa Argentina de Carne Sustentable (MACS), resaltó el compromiso de trabajar para mejorar los estándares en la cadena de valor de la carne bovina, promoviendo una producción responsable y sustentable que equilibre impactos sociales, económicos y ambientales.
En colaboración con el nuevo vicepresidente del Senasa, Néstor Osacar, se propuso la implementación de una receta electrónica para el suministro de medicamentos a caballos que requiriesen atención veterinaria, lo que provocó preocupación entre laboratorios y veterinarios del sector: “Nos quedaríamos sin trabajo –manifestaron de forma anónima–. Esto es inabordable en la práctica, por lo que sugerimos que los caballos de deporte sean excluidos de la cadena de la carne equina”.
La mayoría de las asociaciones dedicadas a caballos, incluidas las relacionadas con el turf, polo, y caballos árabes, enviaron solicitudes al Senasa para que los caballos registrados en sus organizaciones fueran exceptuados de la entrega de recetas electrónicas y de la cadena cárnica. En contrapartida, se comprometieron a implementar una libreta sanitaria digital. La Asociación Argentina de Caballos Criollos no se sumó, argumentando que esta raza no se utiliza en deportes, lo cual es incorrecto, ya que se emplean en diversas actividades.
Al ser consultado, Néstor Osacar aclaró que “no estamos aplicando ningún sistema especial para la carne de caballo. La libreta sanitaria digital es un proyecto para el movimiento de cualquier equino, que incluirá identificación electrónica. No comprendo la relación con la faena de caballos”.
Añadió: “Estamos dialogando sobre la inclusión o exclusión de los equinos deportivos; son discusiones en curso, pero aún no hay decisiones definitivas”. Sin embargo, durante una reunión reciente en la Sociedad Rural Argentina, representantes del Senasa revelaron que caballos de carrera, árabes y aquellos pertenecientes a asociaciones que habían solicitado la exclusión no tendrían que presentar la receta electrónica. Esta situación puso a Argentina en una posición de riesgo de ser excluida del mercado.







