En esta edición del torneo, ha dirigido dos encuentros de fase de grupos: Francia 3-0 Irak y Croacia 2-1 Ghana. En ambas ocasiones mostró solo tres tarjetas amarillas, evidenciando su perfil moderado y su inclinación a permitir el juego fluido en lugar de interrumpirlo con decisiones frecuentes.
Durante el partido entre Croacia y Ghana, tuvo un rol significativo al intervenir con el VAR en una jugada que generó el empate del conjunto africano. Esta jugada fue revisada por una posible posición adelantada de Kwasi Sibo antes del gol de Derrick Luckassen. Fischer validó de manera correcta el tanto, entendiendo que Sibo se encontraba en fuera de juego pero no interfería con un oponente ni obstaculizaba la visión del arquero.
Su experiencia es considerable. En la MLS, ha dirigido 229 partidos y fue reconocido como el mejor árbitro de la liga en 2025. También ha estado a cargo de encuentros decisivos como la final del Preolímpico 2015, la final de la Liga Concacaf 2022, el Campeonato Sub-20, la Copa Oro, la Nations League y el Mundial de Clubes. En el nuevo formato de este último, arbitró la victoria de Botafogo sobre PSG y el triunfo de Al-Ain frente a Wydad.
Con la selección argentina, su único antecedente es un amistoso previo a la Copa América 2024, celebrado en Filadelfia, donde el equipo dirigido por Lionel Scaloni triunfó 1-0 sobre Ecuador con un gol de Ángel Di María.
Para este encuentro, Fischer contará con la asistencia de Micheal Barwegen y Lyes Arfa, junto a la árbitra mexicana Katia García como cuarta árbitra y Sandra Ramírez como asistente de reserva.
Desde una perspectiva técnica, Fischer es un árbitro con buena lectura de juego, recorriendo un promedio cercano a 9 kilómetros por partido. Su estilo se basa en el diálogo y la tendencia a mantener la continuidad del juego. Sin embargo, su gran desafío será controlar el roce físico durante el encuentro.
Este aspecto se presenta como su punto débil. En situaciones de alto contacto, con frecuentes disputas y una elevada carga emocional, su liderazgo puede volverse menos firme. Tal escenario no resulta favorable para Argentina.
Si Cabo Verde plantea un juego intenso, basado en el contacto y la interrupción del flujo de juego argentino, Fischer deberá reaccionar con rapidez: deberá discernir entre una disputa y una falta, sancionar a tiempo acciones imprudentes o temerarias y detener el exceso de fricción antes de que impacte el desarrollo del partido.
Argentina precisa de un árbitro que favorezca el juego fluido, pero que al mismo tiempo proteja la integridad del mismo. Permitir el juego no implica dar rienda suelta al roce excesivo. En este delicado equilibrio residirá el verdadero desafío mundialista para Drew Fischer.
La suerte del partido se definirá en esa línea sutil entre la continuidad y la permisividad. Fischer afronta el examen más importante de su carrera arbitral, y el futuro del partido dependerá en gran medida de la rigurosidad que demuestre en su labor.







