El bungee jumping, una actividad que combina adrenalina y aventura, atrae a quienes buscan desafiar sus límites desde un puente, amarrados a cuerdas elásticas. Sin embargo, la reciente tragedia de Maria Eduarda Rodrigues de Freitas, quien perdió la vida en San Pablo debido a un error que la dejó sin la cuerda de seguridad, ha generado inquietudes sobre la regulación y la seguridad en estos deportes. En Argentina, el puenting se practica desde fines de la década de 1980, cumpliendo con normas específicas para el deporte aventura. Las únicas provincias que cuentan con operadores debidamente registrados para esta actividad son Mendoza y Salta, ambas famosas por su turismo de montaña y sus ofertas de deportes extremos. Hasta la fecha, el puenting ha encontrado hogar en Mendoza desde hace 15 años, específicamente en un antiguo puente ferroviario en Cacheuta, a unos 30 kilómetros de la capital provincial. Este destino es popular, especialmente en fines de semana largos y vacaciones, gracias a la combinación de termas y senderismo. Esta actividad está abierta a una amplia gama de participantes, desde niños de 4 años hasta adultos de 75, siempre y cuando no presenten riesgos cardíacos ni enfermedades preexistentes. Los menores pueden saltar solos o acompañados por un familiar, y la práctica se puede realizar en parejas, aunque no siempre se requiere la presencia de un instructor, a diferencia de otros deportes de aventura como el paracaidismo. En el caso de Cacheuta, los saltos se realizan desde una altura de 30 metros y ofrecen dos modalidades: el salto pendular y el jumping, donde los participantes se amarran los pies, provocando un efecto resorte tras la caída. Leandro Villegas, propietario de una empresa local de puenting, asegura que todos los sistemas de seguridad incluyen arneses que sujetan todo el cuerpo. “Los motivos para las personas que realizan este deporte suelen ser la búsqueda de adrenalina, salir de la rutina y, en ocasiones, un desafío personal o una recomendación profesional”, comenta Villegas. El bungee jumping, por otro lado, requiere que el participante sea sujeto por los tobillos con una línea de seguridad adicional conectada al arnés. Para esta modalidad, se establecen requisitos como un peso mínimo de 50 kilos y una edad mínima de 12 años. Las cuerdas elásticas utilizadas en este deporte, que pueden estirarse hasta cuatro veces su longitud, están fabricadas con caucho resistente. Villegas explica que el salto óptimo implica caer de cabeza, experimentando un rebote tras la tensión de la cuerda. Mendoza y Salta son las únicas provincias que cuentan con habilitaciones oficiales para llevar a cabo esta actividad de riesgo. Dos normativas en Mendoza regulan tanto el turismo aventura como el registro de operadores turísticos, exigiendo que estos se inscriban formalmente. El operador mendocino enfatiza su compromiso con la seguridad, apoyándose en un equipo profesional especializado en montaña. En cuanto al equipo utilizado para los saltos, se importa de Estados Unidos y se somete a estrictos controles de uso: las cuerdas deben renovarse cada 18 meses o, en el caso de las específicas para puenting, cada tres meses. La experiencia de saltar de un puente dura alrededor de cuatro segundos y tiene un costo de $ 55.000, mientras que el bungee jumping cuesta $ 65.000. Se ofrece descuento si se realizan ambas actividades. En Salta, la empresa autorizada, Extreme Salta, organiza saltos en Dique Cabra Corral. Se realiza desde una rampa metálica situada en un puente, a unos 40 metros de altura, atado a cuerdas dinámicas. Al caer, se produce un movimiento pendular que pasa cerca del agua a más de 70 km/h, concluyendo en una embarcación que realiza el rescate. Esta actividad tiene un valor de $ 45.000. Antes de saltar, los participantes firman una declaración jurada reconociendo los riesgos implicados y consignando cualquier condición médica preexistente. Se les brinda una charla informativa sobre los protocolos de seguridad, y el proceso completo desde el ingreso al puente hasta el salto puede tardar aproximadamente una hora. Desde que acceden al puente, los saltadores son asegurados a un sistema que les previene de caídas accidentales. Villegas asegura que dos empleados se encargan de verificar que el equipo de sujeción esté correctamente colocado, y los guías rotan en sus funciones como medida preventiva. Solo una pequeña fracción de los participantes, aproximadamente un 1%, muestra miedo al momento de saltar, un número que se mantiene constante a lo largo de los años. El operador menciona que reciben unos 2.500 clientes anualmente. Las condiciones climáticas adversas no impiden los saltos, permitiendo que se realicen incluso bajo lluvia o viento zonda, y solo se suspenden ante pronósticos de tormenta severa o granizo. Las empresas de puenting deben cumplir con varios requisitos, incluyendo seguros de responsabilidad civil y atención médica, así como estudios técnicos para asegurar que la estructura soporte adecuadamente el peso de los participantes. Los controles son realizados tanto por el ente de turismo provincial como por autoridades municipales. El equipamiento incluye un arnés integral, que sujeta las piernas, la espalda y los hombros, además de un sistema de sujeción y líneas de vida para garantizar la seguridad en cada salto. Todos los participantes deben usar casco desde el ingreso al puente, lo cual resulta crucial en caso de caídas.
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