Gomas Gaspar, conocida por la fabricación de suelas de goma para diversos tipos de calzado, incluyendo modelos urbanos, deportivos y de vestir, se había convertido en un referente para varias marcas argentinas del sector a lo largo de los años.
Según los trabajadores y representantes sindicales, las principales razones que llevaron a esta decisión incluyen la disminución del consumo interno, problemas económicos internos y la creciente competencia de productos importados, lo cual ha comprometido la sostenibilidad financiera de la empresa.
Arturo Pitkard, delegado Regional del Sindicato Obrero del Caucho, en una conversación con Canal 10 de Córdoba, indicó: “Gomas Gaspar comenzó con problemas para pagar el aguinaldo. Le dio al personal 30 días de vacaciones y cuando regresaron tampoco les pagó lo adeudado. Comenzó de a poco a despedir a los 40 trabajadores”.
“Una vez que cada uno tuvo su telegrama en mano, les pidió que vuelvan a trabajar en negro para levantar la fábrica. Los trabajadores aceptaron, algunos mayores, con mucha antigüedad en la empresa, quisieron poner el hombro porque lo conocían algunos de hacía casi tres décadas. El dueño, el ingeniero químico Rodolfo Polero, les prometió que les iba a pagar, pero no les pagó nada”, añadió.
Pitkard enfatizó, “El dueño desapareció, dejó solos a sus empleados, gente que tiene familia y no le importó nada. Esta empresa está concursada y él comenzó a desmantelar la empresa. En la empresa nadie los atiende, no hay a quién reclamar”.
“Gomas Gaspar les debe el aguinaldo, un mes y medio trabajado, además de la indemnización”, concluyó.
Varios testimonios de trabajadores en situación crítica han surgido. Fabián Córdoba, quien dedicó 18 años a la empresa, expresó su angustia por la situación de su esposa, que perdió la movilidad hace seis años y necesita medicamentos por un valor mensual de $250.000. “Trabajé en el sector de la prensa, pero iba al sector donde me necesitaban. No cobramos nada, necesito juntar la plata para los remedios. Mis hijos no me pueden ayudar, mi mamá y mis hermanos me dan una mano, pero no puedo pedirles más”, comentó.
Carlos, con 13 años de antigüedad, manifestó: “Tengo un hijo de 13 años, una nena de 7, un varón de un año y medio y otro hijo en camino. Me parece muy injusto lo que nos hizo el dueño, habernos despedido de esa manera. Se cree impune, nos cerró la puerta y nos dijo arréglense como puedan. Nos mandó el telegrama, nos pidió que siguiéramos trabajando y nunca nos pagó.”







