La Estrategia Simplista de Donald Trump y la Complejidad del Estrecho de Ormuz
Donald Trump se distingue por un enfoque directo y de “blanco o negro”, una característica que, si bien atrae a su base de votantes, a menudo choca con la realidad no lineal de la política internacional. Un ejemplo de esto se vio el 12 de abril, cuando, ante la falta de avances en las conversaciones de paz en Pakistán (una situación en la que tuvo cierta responsabilidad), Trump anunció un bloqueo naval al estrecho de Ormuz en respuesta al control iraní de la vía.
El Despliegue Naval Estadounidense
La marina de EE. UU. había estado incrementando su presencia en el Golfo. De los ocho buques habituales, se pasó a diez en enero, dieciséis en febrero y cerca de veinte en marzo. Actualmente, la flota se compone de unos 27 navíos (incluyendo soporte), con dos portaaviones (y un tercero en camino) y unos dieciséis destructores y cruceros. Aunque significativa, esta flota es menor a las desplegadas en las operaciones “Tormenta del Desierto” (71 buques) y “Libertad Iraquí” (55 buques).
El Estrecho: ¿Bloqueado o Abierto?
Contrario a la impresión que pudo dar el anuncio, el estrecho estaba relativamente abierto al tráfico. A pesar de los ataques a 22 buques y la reducción del tráfico general, Irán estaba exportando más crudo que antes del conflicto. Incluso, para mediados de marzo, Irán había comenzado a imponer un “peaje” de unos u$s2 millones por buque (o u$s 1 por barril) para cruzar, medida aprobada por su parlamento. Entre el inicio del conflicto y el anuncio del bloqueo, transitaron 279 naves (un promedio de 43 diarias, según Kepler), cifra inferior a las más de 100 diarias previas a la guerra.
La Lógica de Trump y los Riesgos de la Simplificación
La estrategia inicial de Trump parecía clara: asfixiar económicamente a Irán impidiendo el paso de sus petroleros (un costo teórico de u$s450 millones diarios para Irán y u$s 30 millones para EE. UU.), mientras se fortalecía la posición global de EE. UU. como árbitro energético, contrarrestando el poder chino.
Sin embargo, esta visión resulta simplista. Irán no está presionado a ceder inmediatamente, ya que mantiene almacenados cerca de 158 millones de barriles de crudo en unos 163 buques de su “flota fantasma” fuera del Golfo (equivalente a 85 días de exportaciones), más otros 20 millones en Malasia. Este factor, sumado a la flexibilización de las exportaciones rusas, ha mantenido el precio del Brent por debajo de los u$s120. (Se desliza una observación sobre el supuesto cociente intelectual superior de los iraníes respecto a los estadounidenses como posible factor en su resistencia).
Idas y Vueltas del Bloqueo
Desde el inicio del bloqueo, EE. UU. ha interceptado 24 naves, seis en las primeras 24 horas, incluyendo el abordaje forzado del MV Tousaka. La orden se extendió al Océano Índico, donde se interceptó al petrolero M/T Tifani.
El viernes anterior, el Ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi, anunció la “apertura total” del estrecho. Trump celebró esto como “un gran y brillante día para el mundo”, atribuyéndolo a la presencia naval estadounidense. Sin embargo, al día siguiente, interpretó el gesto iraní como debilidad y escaló la confrontación, declarando que el bloqueo se mantendría hasta la capitulación total de Teherán.
La respuesta iraní fue inmediata: volvieron a cerrar el estrecho y amenazaron con atacar a quienes intentaran cruzar sin permiso, forzando a cambiar de rumbo a al menos 35 naves. Durante las menos de 36 horas que permaneció abierto, se estima que cruzaron unos 40 barcos de los casi 600 retenidos.
La Realidad del Bloqueo: Filtraciones y Desafíos Logísticos
A pesar de la retórica y el anuncio del Almirante Brad Cooper de haber detenido todo el tráfico, el flujo de los “barcos fantasmas” continuó. Desde el 13 de abril, se estima que al menos 27 de estas naves han evadido el bloqueo, logrando el ingreso de unos ocho petroleros al golfo y la salida de once tanques de petróleo y gas, además de dos superpetroleros con unos dos millones de barriles de crudo.
El bloqueo enfrenta serios desafíos logísticos. EE. UU. solo dispone de unos 15 barcos para cubrir casi 500 kilómetros de costa, manteniendo las naves a más de 100 kilómetros de la costa iraní (el portaaviones Abraham Lincoln se vio a 200 km). Las maniobras de intercepción requieren inmovilizar otras naves con maniobras defensivas y la necesidad de tripulaciones adicionales para cada barco capturado, lo que agota los recursos.
Conclusión
El bloqueo, aunque complica a Irán y plantea cuestionamientos legales, está lejos de ser un factor determinante para forzar su capitulación. Es de esperar que la presión mutua (ya que Irán, EE. UU. y el mundo resultan perjudicados) flexibilice las posturas y acerque a las partes a un acuerdo de paz. Por el momento, la reunión entre J.D. Vance y Mohammad Bagher Qalibaf en Islamabad sugiere una extensión de facto de la tregua inicial.







