Hasta las cercanías del Parlamento llegaron militantes convocados y movilizados por los intendentes del Conurbano, los sindicatos afiliados a la CGT y los movimientos sociales
El repiquetear de bombos y tamboriles deja escuchar poco del discurso presidencial. Pero allí entre cientos solamente parece importar decir presente. Johanna es una más en la multitud que cubre la Plaza de los Dos Congresos entre banderas multicolores, las de los principales gremios de la CGT, las de los movimientos sociales y las que identifican a los intendentes del Conurbano cuando el sol del mediodía empieza a pegar fuerte. Toda la liturgia y la capacidad de movilización del peronismo está desplegada allí. Hay pocos cánticos y poca euforia. Respaldo, pero sin tanto calor popular. Bastante frialdad.
Johanna dice que fue a “apoyar al presidente”. Y que espera que “se puedan solucionar la inflación y la pobreza”. Hace tres años que recibe un plan social en Berazategui. La rodean las banderas azules del Movimiento Evita, el que responde al Chino Navarro, secretario de Relaciones Parlamentarias del Gobierno y con despacho en la Casa Rosada. Muy cerca hay un camión de AYSA que reparte agua en vasitos de plástico. Esta vez, aunque desde temprano llegaron columnas de manifestantes desde distintos puntos de la Ciudad, no hay megáfonos ni punteros que guíen a los militantes a entonar canciones. Tampoco hay presencia de “La Cámpora”, el sector del Frente de Todos que responde al kirchnerismo más duro y que se opone al principio de acuerdo con el FMI.
Se escuchan trompetas y silbatos acompasados durante el discurso de Alberto Fernández. Y los mayores aplausos se los lleva la retirada del bloque opositor del recinto cuando el Presidente les recrimina la deuda externa que contrajo Mauricio Macri. Hay una silbatina casi unánime y son muchos los que gritan “vendepatria”, “corrupto” o “ladrón” cuando se lo menciona al ex mandatario.
Uno de ellos es Rodolfo que llegó desde San Fernando hasta la esquina del Palacio Legislativo con dos carteles hechos a mano que resaltan los que considera “algunos aciertos del Gobierno”. Se pueden leer las palabras Vaca Muerta, Gas, Ruta de la Seda, Vacunas. Aplaude cada vez que la pantalla gigante enfoca a la ministra Carla Vizzotti. “Estuve acá el año pasado cuando éramos poquitos. Tenemos que darle respaldo al Presidente, es la única vía para salir adelante”, dice convencido. A sus 72 años mantiene esperanzas. Y critica fuerte a la oposición: “Una vergüenza que se hayan retirado así. Además, fijate que muestran banderas de Ucrania y no se acordaron que hubo un golpe acá nomás, en Bolivia”.
Sobre la Avenida de Mayo, totalmente vallada desde Plaza de Mayo hasta la sede del Parlamento, a un costado permanecen los militantes de distintas agrupaciones. Germán Cáceres es uno de los que llegaron con miembros de la Agrupación El Plumerillo de San Martín. Con remeras blancas que en las espaldas tienen la leyenda 10 años y la imagen de un abrazo entre Juan Domingo Perón y Evita, él y sus compañeros tienen las manos repletas de pequeños panfletos que dicen Moreira-Katopodis y que ayudan a tapizar la avenida por varias cuadras. La referencia es para el intendente del partido del noroeste bonaerense y para uno de los ministros “albertistas” del Gabinete nacional, Gabriel Katopodis.
Cáceres dice que también quiere “lo mejor para este Gobierno” y que llegaron en varios micros lo que le impide calcular cuánta gente se trasladó hasta esa esquina sobre la calle Sáenz Peña, frente a la sede del INADI.
También frente al Congreso hay enormes carteles del partido de San Martín. Y sobre el vallado resaltan varias pancartas con la inscripción “A Espacio 23″, algunos dicen “Alberto más que nunca” y otros “Alberto es futuro”, un indicio de que apuntan a la reelección de Fernández para el año que viene. Ahí, muy cerca, se ubican las columnas sindicales y las de la UTEP (Unión de Trabajadores de la Economía Popular), de MILES, del MTL, de la Corriente Pueblo Unido, Octubres, Nuevo Espacio de Esteban Echeverría, la Juventud Unida Peronista y la CTD Aníbal Verón, en medio de gigantescos globos que sobrevuelan y que se identifican con los diferentes gremios convocados.
Entre el humo de los puestos callejeros que ofrecen los populares choripanes a 300 pesos surgen banderas de distintos distritos de la zona sur, de la norte y de la oeste, como Florencio Varela, Presidente Perón, Lanús, Avellaneda, Merlo, Moreno, Malvinas Argentinas, Hurlingham, Almirante Brown, Quilmes y San Martín, entre otras. Y de algunos partidos surgidos en la Ciudad de Buenos Aires, como ParTE (que preside el legislador porteño Claudio Ferreño y que nació en 2017 para fortalecer la figura de Alberto Fernández). Enfrente, sobre un kiosco que vende diarios, hay una gigantesca pancarta del SUTEP, el Sindicato Único de Trabajadores del Espectáculo.
Cerca de allí, Marina, una de las que integra otra agrupación llamada Identidad que es de Hurlingham y aboga por mayores derechos femeninos, se muestra optimista: “El peronismo siempre defendió a los laburantes y luchó por sus derechos. Por eso estamos con el Presidente. Hay que entender que tuvimos una pandemia y que nos dejaron una deuda externa impagable. Juntos, con los compañeros, vamos a sacar este país adelante”.
En el ránking de los aplausos, también las referencias a las vacunas y las promesas presidenciales de que no habrá ni tarifazos, ni reforma previsional ni reforma laboral son recibidos con efusividad. Llama la atención que no hay esta vez entonación de la clásica Marcha peronista ni del Himno Nacional. La multitud de afuera reacciona en general al únisono con la aprobación que brindan los que están dentro del Congreso a las palabras del presidente.
Los que están cansados, aburridos o que se acercaron con criaturas chiquitas prefieren abandonar la plaza unos cuántos minutos antes del resto para evitar la desconcentración masiva. Hay largas filas ante los bares de la zona porque no dan abasto los químicos que se colocan en estas ocasiones. Las columnas más numerosas, que recibieron al Presidente con gritos y fotos sacadas por sus celulares unos minutos antes de las 12, aguantan el discurso hasta el final. La desconcentración es ordenada, más allá de que unos minutos antes de las 13.30 una señora mayor se haya desmayado en Rivadavia y Callao y que la atención médica se demoró más de 10 minutos.
A lo lejos, a cuatro cuadras del Congreso, sobre la avenida Callao en la esquina con la avenida Corrientes y con una fuerte presencia policial, permanece una columna que se extiende por doscientos metros de algunos partidos de izquierda, encabezadas por el Partido Obrero. Es imposible escuchar el discurso del presidente desde esa distancia. Desde una vieja camioneta alguien sostiene un megáfono para cantar contra el FMI. Como tantas otras veces. Seguramente no será la última.







