No obstante, enfrentó un desafío al llegar: “No sabía una palabra en japonés”, confiesa. A pesar de haber vivido con sus abuelos japoneses desde los seis años, su conocimiento se limitaba a algunos números, saludos y frases escuchadas en su infancia.
Desde su llegada, comenzó a aprender por su cuenta. Sin asistir a una academia, se esforzó por adquirir el idioma mediante videos, conversaciones en trenes y calles, y sobre todo, interactuando con compañeros de trabajo. Su primer empleo fue en una fábrica de autopartes para camiones, donde trabajó junto a su padre. Al ser una actividad predominantemente manual, Nishi pudo seguir instrucciones observando a sus colegas, quienes, junto a algunos argentinos, lo ayudaron con traducciones.
Trabajando de lunes a viernes, su remuneración rondaba los US$1.500 mensuales. ¿Era suficiente para vivir? “Sí, se puede vivir. No con lujos, pero se vive”, explicó. Según su experiencia, una persona soltera puede cubrir sus necesidades con ese ingreso “si no se es muy gastador”.
Para ilustrar sus gastos, Nishi compartió su situación actual: paga aproximadamente US$400 al mes por un monoambiente, aproximadamente US$200 en alimentación y entre US$100 en servicios como luz, agua y gas. Esto le permite tener cierto margen para otros gastos y, posiblemente, ahorrar, dependiendo del estilo de vida y la ciudad donde se resida.
Sin embargo, su trayectoria laboral no fue lineal. Tras una reducción de plantilla, se quedó sin el primer empleo que compartía con su padre. Posteriormente, consiguió trabajo en una fábrica de alimentos gracias a una tía y luego pasó por otra planta de autopartes, así como en construcción y diversos empleos.
Nishi reconoce que al principio aceptó trabajos que no volvería a considerar. “Uno acepta cualquier cosa para tener empleo y ganar dinero sin saber qué alternativas existen”, reflexionó. Para él, dominar el japonés fue clave para ampliar sus opciones laborales. Actualmente, sostiene que quienes llegan con un conocimiento limitado del idioma pueden encontrar trabajo en fábricas, hoteles, gastronomía o en atención al cliente, pero precisa que un mejor dominio del japonés abre la puerta a una mayor variedad de empleos.
Describe a Japón como una sociedad más reservada en comparación con Argentina y admite que durante el primer año y medio tuvo dificultades para hacer amigos. No fue hasta su segundo año que logró establecer una amistad con un japonés, y ese aislamiento constituyó uno de los desafíos más difíciles de su experiencia migratoria. Con el tiempo, aprendió a manejar la soledad y encontró maneras de mantener el vínculo con Argentina, hablando con amigos, cocinando sus platos, haciendo deporte y permaneciendo en contacto con su familia.
Hoy, a sus 33 años, lleva aproximadamente 11 viviendo en Japón. Además de su trabajo habitual, realiza entregas de comida en bicicleta en Tokio y crea contenido para plataformas como Twitch, TikTok y YouTube, mostrando su vida cotidiana en el país.
Tras tantos años, afirma que no se arrepiente de su decisión. Si bien durante su primer año pensó con frecuencia en regresar, ahora considera que emigrar fue “la mejor decisión” que pudo tomar. No obstante, advierte que Japón puede no ser adecuado para todos, ya que la distancia con la familia, la barrera idiomática y las dificultades para establecer lazos pueden llevar a algunas personas a querer volver rápidamente. Por ello, su consejo principal para quienes contemplan seguir su camino es llegar con al menos una base del idioma y estar preparados para un proceso de adaptación que puede requerir tiempo.







