Una de las hipótesis más destacadas considera una bacteria como posible causante de una enfermedad denominada erisipela. Mariano Coscarella, investigador del Laboratorio de Mamíferos Marinos del CONICET en Puerto Madryn, comentó que los veterinarios sospechan de un potencial brote: “Particularmente esta temporada la mortalidad ha sido bastante alta”, afirmó el especialista.
“Aparentemente es una causa natural, sin embargo los efectos de la acción humana no pueden descartarse totalmente”, explicó. La teoría sobre la bacteria deberá ser confirmada mediante análisis adicionales.
Una de las bacterias en estudio es Erysipelothrix rhusiopathiae, un microorganismo que puede hallarse en ciertos animales y en el entorno marino. En ocasiones, esta bacteria puede causar enfermedades graves en cetáceos. Su presencia ya había sido observada previamente en ballenatos de la Península Valdés.
El Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) explicó que un estudio de 2016 identificó esta bacteria en lesiones relacionadas con ataques de gaviotas en dos crías analizadas durante la temporada de 2013. Sin embargo, dicho estudio no pudo determinar si el microorganismo había sido responsable de la muerte de los animales ni cómo se produjo la infección.
Los investigadores ahora buscan establecer si existe un vínculo entre la bacteria y las muertes ocurridas esta temporada. También están analizando las condiciones ambientales que podrían favorecer estas infecciones, mediante el estudio de muestras de los animales y de las aguas en los golfos Nuevo y San José.
Asimismo, los especialistas están evaluando las costas para determinar la cantidad de crías fallecidas, los lugares donde fueron halladas y la evolución del fenómeno durante la temporada. Estos datos permitirán obtener una mejor comprensión de la magnitud de la mortandad.
El ICB advirtió que la Península Valdés ha experimentado otros episodios de alta mortalidad en crías. Según el Programa de Monitoreo Sanitario de Ballena Franca Austral, en 2012 se registraron 113 ballenatos muertos, cifra que había marcado un récord para esta población y para la especie a nivel mundial.
Los primeros registros de 2026 podrían superar esa cifra, aunque aún no hay un número definitivo ya que la temporada sigue en curso y continúan las encuestas en las costas de Chubut.
Los datos sobre los nacimientos son igualmente relevantes para dimensionar el fenómeno. En 2025 se contabilizaron 2.110 ejemplares y más de 800 crías; mientras que en el censo de 2026 se registraron 1.375 ballenas y cerca de 400 ballenatos, según los datos compartidos por Coscarella.
Los especialistas señalaron que estas variaciones pueden ser parte de las fluctuaciones naturales de la población. Una temporada con un gran número de muertes en crías no necesariamente implica que la población de ballenas se encuentre en peligro.
El Gobierno de Chubut anunció que se encuentra trabajando junto a científicos y grupos especializados para investigar los ejemplares hallados muertos y analizar muestras. Hasta el momento, la principal hipótesis se centra en la presencia de una bacteria común en el ambiente marino que puede causar enfermedades en las crías, sin evidencia que sugiera que la actividad humana esté provocando las muertes.
Además, el ICB está llevando a cabo su 56ª temporada de trabajo de campo en la Península Valdés. En cinco décadas ha recopilado información sobre más de 5.500 ejemplares, un registro que permite comparar la actual temporada con años anteriores y analizar los factores que podrían influir en la mortalidad.







