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Osvaldo Piazza, de 1 a 100: “Macron me quiso conocer y terminé dándole un beso en la mano a su esposa”

18 septiembre, 2026
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Osvaldo Piazza, de 1 a 100: “Macron me quiso conocer y terminé dándole un beso en la mano a su esposa”
Osvaldo José Piazza se crio en una familia de siete hermanos en un entorno humilde. Comenzó a jugar al fútbol en los potreros de Lanús, y un golpe de suerte cambió su vida para siempre cuando un cazatalentos extranjero lo observó durante un partido que su equipo perdió al final y le ofreció la oportunidad de trasladarse a Francia. En Saint Etienne hizo historia con sus corridas en la cancha, llevando su melena al viento, y junto a su equipo vivió la época más gloriosa del club, logrando seis títulos y alcanzando una final de la Copa de Campeones de Europa que perdió contra el Bayern Munich, una derrota que todavía lo evocan 50 años después.

Su recorrido como entrenador también fue significativo, comenzando con un título a tan solo cuatro partidos de su debut en primera división. Sin embargo, decidió poner fin a su carrera en 2004, enfrentando la frustración de no haber podido evitar el descenso de Atlético de Rafaela, lo que no toleró ante aquellos que confiaban en él.

Después de mantenerse alejado del fútbol durante mucho tiempo, a los 79 años, se sube a su bicicleta cada día para realizar las compras en su barrio. En esta íntima charla de tres horas, Piazza repasa, sin tapujos, sus experiencias en el fútbol:

1. -¿Qué es de su vida, Osvaldo? -Por aquí ando, llevando una vida de jubilado. Desde que descendí con Atlético de Rafaela en 2004, decidí no dirigir más. Ahora resido en Núñez con mi esposa, mi hija mayor y mi nieto, y diariamente me ocupo de arreglar cosas en la casa, ya que siempre hay algo que hacer. Me la rebusco con todo, salvo en electricidad. Aunque lo hago cada vez más lento, trato de resolverlo yo mismo, y eso me ocupa el tiempo. Salgo a hacer las compras en el barrio porque mi esposa tiene problemas para caminar; entonces agarro la bicicleta y un par de bolsas para ir al supermercado, a la verdulería, a la carnicería. Eso me anima. Curiosamente, en mi carrera falté a un solo partido por lesión y nunca tuve problemas físicos; pero hace seis meses me caí de la bicicleta y me lastimé la rodilla. La única solución es una operación, pero a mis 79 años no voy a operarme, así que ando con la rodilla un poco deteriorada.

2. -¿Qué ocurrió en la caída de la bicicleta? -Salía de la farmacia después de buscar medicamentos para mi esposa, y mi botella de agua, que siempre llevo, se enredó en los rayos de la bici y me caí de cabeza al piso. No supe cómo poner las manos para suavizar el aterrizaje. La verdad, no puedo ser más tonto, increíble. Te repito, salvo por un problema en el ciático, nunca tuve lesiones en mi carrera y ahora me lastimé así la rodilla, increíble. Acepto que a veces asumo riesgos porque llevo bidones de agua grandes en bolsas, una en cada lado del manillar, y no es tan sencillo.

3. -¿Realiza ejercicio a diario? -Tres veces por semana, hago una hora y media de ejercicio en Palermo, enfrente de GEBA. Voy en bicicleta desde casa, unos cinco kilómetros entre ida y vuelta, y me detengo en los aparatos que hay en el parque, donde paso aproximadamente una hora haciendo brazos y piernas.

4. -Se acercan los 80, ¿cómo se siente al respecto? -Bien, cuando me voy a dormir, si bien tomo pastillas para ayudarme un poco, me acuesto pensando en las cosas buenas que me sucedieron en la vida y me duermo plácidamente.

5. -¿Qué momentos destacados ha vivido? -Hay situaciones casi imposibles de explicar. Por ejemplo, fui invitado al festival de cine internacional de Cannes, imagínate lo que significa subir esos 25 escalones con la alfombra roja. Fue un cuento. Me invitaron en 1977; fui con mi moño y mi saco, la última vez que me había puesto un traje fue para casarme. Sentía los flashes como explosiones, con mi compañero Curkovic, el arquero, mirándonos, preguntándonos “¿qué hacemos aquí?”. En 2025 me invitaron a la final de la Copa de Francia. Recientemente, me enteré que el presidente Macron quería conocerme. Fui a su residencia, charlamos un rato y a la esposa le di un beso en la mano, algo que no se hace, y Macron me dijo: “Sos argentino, eh” (risas).

6. -¿Viaja a Francia cada año? -Dos veces al año. La última, en mayo de 2026, para conmemorar el 50 aniversario de la final de la Copa de Campeones de Europa que perdimos contra el Bayern Munich en Glasgow, y el club organizó un homenaje. Estuvimos todos, menos tres que lamentablemente fallecieron. Nos invitaron, cubriendo todos los gastos, a quienes vivimos fuera de Francia: Janvion, que está en Martinica; Curkovic, que reside en Belgrado; y yo, desde Argentina. Es difícil describir la emoción de reencontrarnos con el club, firmar autógrafos, ser nombrados uno por uno y, cuando el locutor dice “Osvaldo”, los 40 mil hinchas que llenaban el estadio gritan todos juntos: “Piazzaaaaaaa”. Esas experiencias realmente te hacen temblar.

7. -Curiosamente, celebran una final perdida. -Cierto, pero el equipo de Saint Etienne hizo historia no solo por los títulos obtenidos, que fueron tres Ligas y tres Copas de Francia, sino porque hasta el año 1976, solo el Stade Reims había alcanzado el mismo nivel de competencia en Europa, perdiendo con el Real Madrid en la década del 50. De pronto, apareció un equipo de provincias como el nuestro, en una ciudad que sufría por la industria del carbón, que vivía con humildad y trabajo; y realmente te impresiona cuando llegabas porque las casas estaban cubiertas por el hollín, una ciudad gris. Desde esa humildad, el equipo se transformó y comenzó a ganar títulos con una base de jugadores que provenían de sus canteras. Ese Saint Etienne brindó siete futbolistas a la selección francesa en esos años, y el 85 por ciento del equipo eran jugadores formados en sus divisiones inferiores, que recibían una educación de gran calidad.

8. -¿En Argentina se reúne con excompañeros? -No mucho, aunque me comunico por teléfono con Carlos (Bianchi) y Vélez organiza reuniones a las que asisten jugadores que pasamos por el club. En esos encuentros me he encontrado con Rotondi, Falcioni, Pepe Castro, Larraquy, Malaquín y el uruguayo Julio César Jiménez. El club nos recibe y pasamos momentos realmente espectaculares.

9. -¿Cuántos hijos y nietos tiene? -Tengo dos hijas, Sidoni y Jennifer. Ambas nacieron en Francia. Sidoni vive con nosotros y tiene un hijo, Tiziano, que juega al rugby; es enorme. Jennifer, por su parte, vive en Montevideo, casada con un uruguayo. Tiene un hijo, Santino, que asiste al liceo francés en Uruguay. Jennifer es filósofa y profesora; Sidoni es doctora en medicina y nutricionista.

10. -¿Quién es Osvaldo José Piazza? -Soy una persona nacida en Lanús, criado en una familia numerosa, con una madre que nos brindó constantemente amor junto a mi padre, un trabajador italiano que llegó a Argentina a los 12 años y mantuvo sus costumbres. Soy un hombre que cumplió su sueño de ser futbolista profesional y que tuvo la suerte de ganar muchos campeonatos, primero como jugador y luego como director técnico.

11. -¿Cuántos hermanos tuvo? -Siete en total, siendo yo el tercero. Hugo fue el mayor y llegó a jugar profesionalmente como arquero, formándose también en las divisiones inferiores de Lanús. Le siguen Horacio, que era óptico; luego yo, después Luis, que fue maestro mayor de obras, y la quinta fue una hermana, que fue la única chica en medio de tantos chicos. Mis padres esperaban ansiosos a la nena, quien tuvo que ayudar a mi madre con todo el trabajo hogareño. Siempre hubo amor entre nosotros, un fuerte lazo entre los hermanos, con una cercanía auténtica. La vida no siempre fue fácil, pero siempre estuvimos muy unidos.

12. -¿A qué se dedicaron sus padres? -Mamá fue ama de casa, dedicándose a cuidar de los hijos. Papá era carpintero, especializado en la construcción de billares. En aquella época había muchos bares con billares, y él se encargaba de prepararlos para los campeonatos mundiales que se llevaron a cabo en Argentina. Creó un sistema para calentar las pizarras, que son la base de las mesas, utilizando resistencias. Nosotros lo ayudábamos siempre que podíamos, especialmente para trabajos grandes. Como el trabajo se realizaba de noche, había que esperar a que terminaran las partidas, lo que llevaba a horarios inusuales, a veces de madrugada. Papá no nos permitía hacer esfuerzos, pero sí colaborábamos desatornillando los bulones y ese tipo de tareas.

13. -¿Dónde pasó su infancia? -En Lanús, casi en el límite con Gerli. Papá construyó nuestra casa, y en el resto de la cuadra había un gran terreno que no tenía dueño. Así que cerró el espacio con un alambrado y plantamos zanahorias, papas, batatas y lechugas para el consumo familiar. Papá salía a trabajar a las 6 de la mañana, y cuando volvíamos de la escuela, teníamos que cumplir con la labor del terreno: meter la pala, sacar la tierra y dejar los agujeros para que papá, más tarde, plantara las verduras. Después de eso, nos íbamos a jugar al fútbol. En casa también criábamos conejos.

14. -¿Criaban conejos para comer? -Sí, por lo general teníamos entre 20 y 30 conejos en un gallinero, pero a cierta altura para protegerlos de los perros o gatos. Y, en algún momento, llegaba el momento de hacer la parte triste, matarlos. Papá, en ocasiones, se iba al interior con su camión y regresaba con algo. Recuerdo una vez, siendo chicos, que llegó con un cordero. Era de noche y dijo: “Miren lo que traje”. Todos nosotros, asustados, nos subimos a la mesa. Al final, le perdimos miedo y lo montábamos como si fuera un caballo. Cada fin de año, papá decía: “Vamos a comer el corderito”, y nosotros le suplicábamos: “No, papá, no”. Aquella realidad era diferente, aprendíamos a adaptarnos a lo que teníamos.

15. -¿Dónde comenzó a jugar al fútbol? -En el barrio, justo frente a mi casa. En ese tiempo, cada uno tenía 20 metros de jardín, había mucho espacio para jugar. Algunos vecinos se quejaban, y si la pelota caía en sus terrenos, a veces no te la devolvían. O la agarraba un perro y, listo, a otra cosa. La “Pulpo” era una pelota cara, había otras más baratas.

16. -¿Llegó a jugar en Primera con su hermano Hugo? -Jugamos juntos un año en Lanús, en 1968. Hugo debutó a los 18 años, cual es cuatro años mayor que yo. Trabajaba en oficinas ferroviarias en Retiro, y cada vez que había que viajar al interior, faltaba al trabajo. Jugó hasta los 35 años, bastante, luego de Lanús estuvo en Almagro, Deportivo Español, en Argentinos Juniors y en La Pampa.

17. -¿De qué equipo era hincha de chico, y quién era su ídolo? -Hincha fervoroso de Lanús, iba siempre a ver a jugadores como Guidi, Nazionale y Lugo. Nazionale era impresionante, a veces tomaba excesivos riesgos, incluso se la pasaba de cabeza hacia el arquero. Lo conocí por un amigo en una panadería y me dejó una sensación muy linda, definitivamente.

18. -¿Qué apodo tenía de niño? -En casa me decían Negrito, también me llamaban Mara. En el barrio me elegían primero para el pan y queso, el momento en que te das cuenta de que juegas bien. Me apodaron Mara por Maravilla, ya que en ese tiempo había un volante de Gimnasia llamado Maravilla; de ahí me comenzaron a llamar así. Cuando volví de Europa, en Vélez me decían Franchute o Francés. En Francia era l’argentine o Lion, por león, porque tomaba la pelota y iba con todo hacia adelante. También, debido a mi físico imponente. Ahí, me llamaban Piazzá, acentuando la última letra, y Osvaldo lo escribían con “w”, Oswaldo.

19. -¿Es verdad que lo echaron de la escuela? -Parcialmente cierto. En tercer o cuarto grado, la maestra citó a mi mamá y le dijo: “Este chico no puede ser, señora, es muy duro. Cualquier cosa que se le pide pone algo de fútbol y dice que va a ser jugador”. Recuerdo que mamá me decía: “Nene, vamos a comer muchas manzanas, porque las manzanas te dan inteligencia” (risas). Mamá era rápida, solía dar algún regalo a la maestra y al final, siempre pasaba de grado arañando.

20. -¿Qué le sucedió en su infancia? -A los 8 años padecí una enfermedad rara en el brazo. Cuando papá llegaba del trabajo, se sentaba en el umbral de casa con una palangana de agua para remojarse los pies, mamá le servía mate y nosotros jugábamos afuera. Un día, papá notó que no podía mover bien el brazo izquierdo y me llevó al médico. Tardaron mucho en diagnosticarse y, en el hospital Argerich, un especialista decidió operarme. Me hicieron un agujero, me rasparon el hueso y resultó ser osteomielitis. Luego de la operación estuve enyesado durante seis meses, con un yeso que me cubría desde el brazo hasta la cintura, pero iguál jugaba al fútbol con el yeso. “Si no vuelve en 5 años, está sano”, le dijeron a mis padres y afortunadamente no regresó. Mamá siempre fue muy atenta y mis hermanos me apoyaron, yo era el “Negrito” de la familia, así me llamaban; hoy se enojan si los llaman de esa manera.

21. -¿Trabajó de niño? -Hice muchos trabajos. Uno de ellos fue en Avenida de Mayo, al lado de los 36 Billares, donde se vendían tacos de billar, juegos de ajedrez y damas. Yo estaba en el subsuelo embalando la mercadería para enviarla a distintas provincias. También ayudaba a mi padre con los billares y trabajé en una pizzería cerca de casa, hice varias cosas.

22. -¿Dónde comenzó a jugar? Inicié en un club de barrio llamado Andrada, me habían regalado una bicicleta hermosa que limpiaba todos los días, y me iba en bicicleta a ese club que tenía una cancha de baby. Me convertí en un delantero goleador, empezamos a llamar la atención y ese club logró un partido contra la Décima de Independiente; jugué bien y me pidieron sumarme al club. Al año siguiente, hubo detalles que no me gustaron, así que dejé de ir y volví a jugar en el potrero.

23. -¿Cómo llegó a Lanús? Era muy amigo de Ramón Cabrero, del mismo año, ambos 1947. Lo conocí en la calle; vivíamos a 300 metros el uno del otro, éramos los vagos del barrio. Ramón jugaba muy bien, y solíamos jugar juntos en los potreros, compartíamos muchos momentos. Él ya estaba en Lanús y me insistió para que me uniera al club. Un día, decidí hacerle caso y empecé en la Quinta.

24. -Habrá sido un gran orgullo cuando años después se convirtió en un ícono de Lanús con ese primer campeonato ganado. -Sin duda, fue un enorme orgullo por ser un gran amigo. En Primera no jugamos mucho tiempo juntos, ya que tuve un debut tardío en 1968 y a Ramón, que había debutado un par de años antes, lo vendieron a Newell’s en 1969. Fue un tiempo difícil, con mucha escasez; estuvimos ocho meses sin cobrar, y a mí casi me rematan la casa donde vivía.

25. -¿Qué ocurrió? -La casa tenía una hipoteca, no había forma de pagarla pues no estábamos cobrando. En Agremiados no nos prestaban atención y, afortunadamente, apareció un verdadero ángel en mi camino, el gerente del Banco Provincia de Lanús, frente a la estación. “Veo que tiene problemas, ¿qué le pasa, Osvaldo?”, me preguntó tras citarme en la entidad. Este dirigente, que no recuerdo su nombre, solía ir a la cancha, me veía por el barrio y notó mis dificultades. Le expliqué sobre la hipoteca en mi casa y la falta de pagos. “Le voy a dar un crédito”, me dijo, y me facilitó un millón de pesos. Con ese dinero, pagamos parte de la hipoteca y alquilamos un local en una galería céntrica en Lanús. Hice toda la decoración y monté una boutique que prosperó; compraba telas y trajes de novia en Once, mientras jugaba en Primera de Lanús, y eso nos permitió salir adelante.

26. -¿Qué recuerda de su debut? Es curioso porque era capitán en inferiores y fui el último de mi generación en debutar, no llegaba más el día. Pedro Dellacha era el entrenador, tenía 21 años y pude jugar porque el mendocino Cornejo, el titular, había sido expulsado en un partido anterior y lo suspendieron. Entré ese día y no salí más del equipo.

27. -Era parte del famoso equipo de Los Albañiles. Exactamente, Bernardo Acosta era el 9 y Ángel Silva el 10; hacían paredes y metían goles. También estaban De Mario, el wing izquierdo, otro fenómeno. Teníamos un equipo lleno de jóvenes, la mayoría formados en el club, un gran equipo.

28. -¿Siempre jugó de defensor central? Nosotros descendimos en 1970 y al año siguiente ascendimos con Benicio Acosta como entrenador, y fue él quien me convenció de jugar de marcador central derecho. Antes ocupaba la posición de 6, en la cueva. Benicio, por esa época, repetía “tengo al mejor 2 del país”, y la expectativa alrededor creció. Todo culminó en un famoso partido con Boca en la Bombonera: ganábamos 2-0, pero ellos dieron vuelta el marcador en los últimos 15 minutos y perdimos 3-2. Estaba muy molesto por la derrota y, tras el partido, Gilles Garronaire, el director deportivo del Saint Etienne, se acercó a mí para preguntarme si me interesaba jugar en Francia.

29. -¿Sabía que lo estaban observando desde un club francés? No, para nada. Posteriormente supe que habían visto a Coco Pascuttini y a Miguel Ángel López, estaban buscando un líbero y ese era su último día en el país. Le dije que estaría encantado de ir, y cuando habló con los directivos, se concreta rápidamente. Mi pase costó 75 mil dólares y con ese dinero compraron los terrenos detrás de la cancha de Lanús para desarrollarla. En ese momento era una laguna negra, se estaban utilizando máquinas diesel y el area olía muy mal.

30. -Logró llegar a la selección desde Lanús, lo cual no era común. Era muy inusual. Pocos días después del partido contra Boca, Juan José Pizzuti me convocó para la selección para jugar la Minicopa en Brasil. Fue un cambio repentino porque Perfumo estaba en Cruzeiro y prefería quedarse en su club, y el Zurdo López, por una lesión, no pudo participar. Entonces, entré yo. Estuvimos en Bahía, alojados en el mismo hotel que la selección de Francia, y ahí conocí a varios de mis futuros compañeros antes de llegar al Saint Etienne. Todo se dio de una vez, con la venta y la convocatoria a la selección.

31. -¿Qué siente hoy al ver cómo creció Lanús en lo institucional y deportivo? No tengo recuerdos agradables de mi época, fueron días tristes. Sin embargo, me alegré mucho al ver que Lanús salió campeón bajo la dirección de Ramón. Pasé por algunas desilusiones. Recuerdo cuando era técnico de Vélez en 1996, jugábamos contra Lanús que estaba en la cima de la tabla. En las instancias finales de la Supercopa, pregunté a los jugadores quiénes estaban para jugar por el campeonato y todos levantaron la mano. Había un gran pico de tensión por la rivalidad con Lanús, especialmente porque ambos habíamos tenido una pretemporada en Necochea y surgieron roces. Ganamos 2-0, el equipo jugó increíble, pero mi hermano, que estaba en la tribuna de Lanús, recibió insultos porque festejé un gol. ¡Qué tenía que ver! Mi hermano y mis sobrinas son hinchas y socias de Lanús, esas situaciones me generaron mucha bronca.

32. -El destino de un futbolista puede cambiar en un partido o en tres jugadas, porque si ese día contra Boca no hubiera andado bien, o si el director deportivo se hubiera ido un día antes del país… -Totalmente, es así. No sé qué hubiera sido de mi carrera y mi vida. Lo único que escuché después fue un rumor de que Armando, el presidente de Boca, había dicho que estaba interesado en mí, cuando supo que me vendían a Francia. “Yo estaba interesado en Piazza”, se dijo. No sé si fue cierto.

33. -¿Dudó en ir al fútbol francés? No era una liga reconocida. Mirá, no sé nadar, pero si me lo hubieran propuesto, hubiera nadado (risas). Ni siquiera se habló de contrato, simplemente me dijeron “esto es lo que hay” y listo, no discutí nada.

34. -¿Llegó a compartir equipo con Platini? Solo coincidimos en unos entrenamientos. Era a mediados de 1979, yo me estaba yendo del club, aunque aún me quedaba un año de contrato, porque mi esposa no estaba bien tras el accidente de auto que sufrió, y necesitaba estar cerca de su familia. En ese momento, ellos habían adquirido a Platini como figura. Yo seguía entrenando en Francia, esperando el momento de volver a Argentina, cuando un día Platini se acercó y me preguntó: “Osvaldo, ¿por qué no jugás con nosotros?”. A lo que le respondí: “Sabés, Michele, dos vedettes en el mismo equipo no pueden coexistir”. Se sorprendió. Obviamente era un chiste.

35. -¿Lo volvió a ver? Cuando sacó un libro, vino a hacerlo firmar por varias ciudades, entre ellas Saint Etienne. Cuando me vio llegar, a los que hacían fila para que le firmara el libro les empezó a decir en voz alta: “Este sí es un verdadero verde”, refiriéndose a que algunos periodistas decían que Platini no lo era.

36. -¿Cuál es la clave de un buen defensor central? -La distancia. Saber medir y calcular bien esa distancia a la que debe llegar, saber cuándo anticipar y cuándo cerrar. Estar concentrado al 100 por ciento; no puedes distraerte ni un segundo, porque entonces el rival logra hacer un gol, y la persona que estás marcando hará todo lo posible por desviar tu atención.

37. -¿Era muy distinto jugar de stopper? La función de stopper era ingrata porque tenías que seguir al 9 rival por todos lados. Esa era tu única misión, y si tienes un poco de orgullo y calidad, querrás hacer otras cosas. Cuando llegué a Francia, me pidieron que jugara de stopper y hablé con el entrenador para mostrarle que podía hacer otras tareas; después de un tiempo me dio la razón, y el equipo comenzó a funcionar. Marcaba al 9 contrario, pero también tenía habilidades para jugar, y eso me permitió dejar una huella en el fútbol francés. A menudo cruzaba campo rival, llevando mi melena al viento; pocos se atrevían a chocarme.

38. -¿Algún rival que recuerde? Gerd Müller, nada menos, uno de los mejores goleadores de todos los tiempos. En la final de la Copa de Europa escuchaba a Schwarzenbeck y Beckenbauer que decían “marcalo, marcalo” y me señalaban. Al final, le hice una falta que resultó en el gol de Roth de tiro libre que nos costó la final. La mala suerte fue que un defensor de la barrera se corrió, y la pelota entró por ahí. En mayo de este año, cuando volvimos a ser invitados por los 50 años de la final, estaban también los muchachos del Bayern, y Rummenigge, Hoeness y Sepp Maier dijeron: “Tuvimos que ver dónde estaba el león que venía con toda la furia para marcarlo”. Se hicieron famosas “Les chevauchées d’Osvaldo”, (las cabalgatas de Osvaldo). Creo que hemos dejado algo, lo digo humildemente.

39. -¿Cuándo se cortó la melena y cuándo optó por raparse? En Vélez, cuando jugaba, comencé a perder pelo, y un día mi hija Sidoni me preguntó: “¿Qué tiene papá en la cabeza?”. Tenía un poco de calvicie en el medio. No paró más la caída, tampoco quise detenerla y eventualmente empecé a afeitarme, aunque no recuerdo en qué año exacto.

40. -¿Cómo era marcar a Gerd Müller? Müller tenía un gran instinto para el gol; era un goleador nato, muy preciso, fuerte físicamente. Lo marqué bastante bien durante la final, al punto que no tuvo oportunidades de gol, cuando en general suele tener cinco por partido. El tiro libre que derivó en un gol lo inventó, se dejó caer en una falta inventada; para mí no fue falta.

41. -Los mejores defensores que vio. Beckenbauer y Perfumo entre nosotros. Roberto tenía un carácter y presencia notables. Sabía cuándo ser rudo, cuándo jugar limpio y cómo estar presente. Además, desde el principio te hacía sentir su presencia, haciendo una falta sutil en los primeros cinco minutos, lo que el árbitro ignoraba. Eso ya marcaba su autoridad.

42. -¿De los actuales, quién le gusta? El Cuti Romero es un descubrimiento total; casi nadie lo conoce aquí. Es un fenómeno, tiene buen timing, sabe cuándo hacer falta, y nunca entra en discusiones. El tipo hace la falta y se va calladito a su posición.

43. -¿Qué características se han perdido del puesto? La concentración se ha perdido un poco. Los defensores centrales de hoy van a cabecear córners a favor y en contra, además de que se agarran de todas las maneras, lo cual no existía en mi época. Una vez tuve que marcar a un holandés del PSV, un tipo que medía más de 2 metros; era complicado. Entonces, aprendí sobre él y descubrí que era muy pudoroso. Así que en un córner, le tiré del short para abajo y se distraía mientras la jugada avanzaba. Siempre es importante conocer a tu rival.

44. -En su época no se salía jugando tanto desde atrás, no se veían goles por errores tontos. Es que antes el arquero podía agarrar la pelota con las manos, lo que es una gran diferencia.

45. -¿Cómo y cuándo empezó su amistad con Bianchi? En la selección, en 1972, cuando nos convocó Pizzuti. Nuestras mujeres se conocieron durante una entrevista en radio, mientras estábamos en Brasil. Se hicieron amigas, y Carlos y yo, a pesar de las distancias, tuvimos vidas paralelas: yo me fui a Francia y un año después, Carlos llegó. Nos enfrentamos en la cancha y también nos veíamos fuera de ella; posteriormente, yo vine a Vélez y Carlos hizo lo mismo un año después. La frutilla del postre fue cuando me convocó para trabajar en Vélez; asumí el cargo de la Tercera y Cuarta, y finalmente, él me dejó el equipo porque lo contrataron desde la Roma. Carlos me dejó el equipo, no los dirigentes.

46. -¿Cómo le fue marcándolo? Siempre terminaba haciendo goles, era muy difícil de marcar. Lo observaba, lo medía, pero se las arreglaba para zafarse de la marca; tenía una intuición increíble y un estilo elegante en sus definiciones. Si no le quedaba cómoda la pelota, se la metía con la uña, pero siempre lograba convertir.

47. -¿Cómo ganaron seis títulos y llegaron a una final de Europa con ese Saint Etienne? Le dieron el equipo a Robert Herbin, un tipo que había jugado más de 400 partidos en el club y conocía su esencia. Nos transmitió los valores de una ciudad obrera, que ha sufrido, en una ciudad de trabajo donde nada es fácil. Sabíamos qué teníamos que hacer y cómo debíamos actuar en la cancha. Con el tiempo, fue suficiente con mirarnos porque éramos casi siempre el mismo grupo y solo entraban los mismos dos suplentes. El entusiasmo se contagió entre el público, que se sentía representado. Recuerdo que el minero llegaba a las 3 de la mañana al estadio a buscar una entrada; se mantenían en fila, uno detrás de otro. Esas situaciones eran extraordinarias. En los primeros tres partidos, el público nos gritaba que fuéramos a la mina en lugar de jugar al fútbol, porque comenzamos mal; pero al final nos ovacionaban en todos los partidos.

48. -¿La final de la Champions perdida contra el Bayern le brinda rabia u orgullo? En ese momento, tenía tanta rabia que fui directo al vestuario y ni siquiera acepté la medalla. No sé quién la tomó, yo nunca la tuve. Me quedé en el vestuario con las manos en la cabeza y solo pensaba: “¿por qué no pudimos?”. El año anterior, el mismo Bayern nos había eliminado en semifinales; es complicado para los franceses ante los alemanes.

49. -En la Segunda Guerra Mundial, sí pudieron. No, no, cuando Hitler invadió Francia, todos se fueron a las montañas. No quedaron en pie. Te hablan de “la resistencia”, pero no, me acuerdo que Garronaire decía: “qué resistencia ni resistencia; nos fuimos todos a las montañas y que pasaran tranquilos, e incluso si necesitaban algo de comer, se los dábamos”.

50. -¿Quién mereció ganar esa final? Claramente, éramos nosotros, hasta dimos en el palo dos veces, un cabezazo de Santini y un remate de Bathenay. Lo mismo opinó Rummenigge en mayo, cuando nos reunimos por los 50 años de la final; nosotros fuimos mejores y merecimos el triunfo. Como te conté, Müller me seguía a mí durante el partido.

51. -Les dieron un recibimiento como si hubieran sido campeones. Se organizó un desfile por los Campos Elíseos, íbamos de a dos o tres jugadores en un Renault 5 verde descapotable que nos habían regalado por la final. Ahí, sacábamos la cabeza y saludábamos; éramos aproximadamente 14 o 15 autos. Te digo, desde el Reims en la década del 50, ningún equipo francés había llegado a una final de campeones de Europa. Las fotos que tengo de ese día son elocuentes; tengo una cara de fastidio porque no estaba contento.

52. -¿A la distancia lo percibe como un logro? Sí, por supuesto, hoy lo dicen todos y se recuerda esa final como un gran hito, aunque al final lo hayamos perdido.

53. -¿Cómo era Beckenbauer como rival? Un señor, un sabelotodo, tenía una presencia impresionante, admirable.

54. -¿Le molestó que el PSG lo superara en títulos este siglo? Nuestro club cometió un grave error. Todo comenzó con la famosa “caja negra”, un caso que estalló en 1982. Yo ya me había ido del club hacía tres años, terminando mi carrera en Corbeil-Essones, en París, en segunda división. Descubrieron que, durante años, el club pagaba parte de los contratos en negro, se produjo una evasión de impuestos y el presidente fue a prisión, causando un gran escándalo del cual el club nunca se recuperó. Además, en el PSG ingresaron capitales de Qatar, lo que marcó una gran diferencia. París no era una ciudad vinculada al fútbol, pero hoy ha cambiado.

55. -Llegó a trabajar en el PSG en algún momento, ¿es cierto? Así es, fui veedor de futbolistas jóvenes, iba regularmente a África para observar campeonatos africanos. Durante más de 40 años, se buscaban jugadores allí. Antes, se salía con un jugador y al club le pagabas con un juego de camisetas. Regresando a la pregunta, el PSG fue creciendo, mientras que el Saint Etienne se fue achicando; descendió a segunda y le costó recuperarse. En un momento, sacaron tres defensores centrales excelentes, y los vendieron jóvenes: Saliba, Fofaná, y Zouma, a los 18, 17 y 21 años respectivamente. Con esas ventas, recaudaron 100 millones de euros, pero ¿dónde están?

56. -¿Lo tratan bien cada vez que va allí? Sí, como un rey. La gente aún nos recuerda, y es muy hermoso.

57. -¿Por qué eligió a Vélez en su regreso a Argentina? Un dirigente de Vélez viajó a Francia y me comentó que necesitaban un central, ya que tenían dos muy buenos pero eran demasiado jóvenes, Omar Jorge y Jorge Ruiz. Como mi esposa había quedado mal tras el accidente automovilístico, necesitábamos estar cerca de su familia, decidimos volver.

58. -¿Estuvo cerca de jugar en River? Sí, pero eso fue antes del Mundial del 78. El que mandaba en la Junta Militar, el Almirante Lacoste, le habló a Aragón Cabrera, el presidente de River, y le dijo: “¿Por qué no traen a Piazza, así lo tenemos en el país para el campeonato del mundo? Menotti lo quiere”. Me sondearon y decliné, no quería que se diera de esa forma, además estaba muy a gusto en Francia.

59. -Menotti lo buscó a Francia para que juegue en el Mundial 78. En aquella época, casi todos los jugadores de la selección estaban en el campeonato local, solamente teníamos chances Kempes, Wolff y yo. Menotti me llamaba frecuentemente desde la AFA. “¿No duerme, César?”, le decía, ya que es bastante impositor.

60. -¿Cómo lo recuerda, cómo fue esa relación? Fueron momentos intensos, en especial al saber que estaba en sus planes y que el país confiaba en mí. Cada contacto, cada conversación que tuvimos, recuerdo con gran aprecio la confianza que depositó en mí. Desde entonces, ha sido un gran referente en mi vida, y me siento agradecido por su influencia en mi carrera.

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